INTERNACIONAL MANIFESTACIONES EN BRASIL

La Copa de la discordia: por qué el Mundial polariza al ‘país do futebol’

Las protestas contra el evento no tienen precedentes en otras naciones menos “futboleras”. El año electoral amplifica el disgusto por una modernidad que sólo se ve en los estadios.

Foto:AP/AFP

El país do futebol será el escenario del Mundial de Fútbol más conflictivo de las últimas décadas. En la previa a la Copa del Mundo, Brasil es marco de un particular fenómeno social: la idiosincrasia del jogo bonito y el orgullo del pentacampeão coexisten con un movimiento de protesta ciudadana contra un evento deportivo y cultural históricamente asociado a la imagen brasileña. La gran incógnita es si las manifestaciones contra el Mundial se prolongarán más allá del 12 de junio, cuando la pelota rodará y el fútbol se convertirá en el tema cotidiano excluyente.

Miles de personas se movilizaron esta semana en distintas ciudades del país para rechazar el hecho de que el gobierno de Dilma Rousseff destine millones de dólares a la construcción de estadios mientras persisten deudas del Estado en materia de educación, salud, transporte y seguridad pública. Los manifestantes también critican a las autoridades por su falta de reacción ante la prepotencia de la FIFA, una institución a la que acusan de lucrar vorazmente con Brasil.

Aunque la masividad de las protestas es significativamente menor que la de las marchas del año pasado –cuando una enorme movilización ciudadana obligó a Rousseff a reconocer la “legitimidad” de las demandas–, éstas adquieren una significación mayor que en 2013 por dos razones: el mundo entero mira hacia Brasil por la inminencia de la Copa; y los propios brasileños irán a las urnas pocos meses después del Mundial para elegir al próximo presidente.

¿Qué factores explican el rechazo al evento de una parte de la ciudadanía? “Con la construcción de los estadios y la infraestructura necesaria, la gente se encontró de pronto con una modernidad de estándares europeos –dijo a PERFIL el analista político brasileño José Negreiros–. Y naturalmente se pregunta: ¿cómo es que hay plata para eso y no para hospitales, escuelas y transporte público? A diferencia de sus padres, las nuevas generaciones no se conforman con los avances de los últimos años en materia de empleo, salario y crecimiento de la clase media. Sienten que no le deben nada a nadie y que las conquistas dependen de su propia acción en las calles”.

Pero hay otro elemento crucial: 2014 es año electoral. Según Pablo Gentili, director de Flacso en Brasil, “sin dudas existen organizaciones juveniles que rechazan la Copa y no están manipuladas por la prensa o los partidos, pero su reclamo ahora se amplifica por un contexto de polarización en el que algunos sectores apuestan al fracaso de la Copa para sacar rédito político de cara a octubre”.

Una de las novedades de las protestas es que cambiaron sus protagonistas respecto del año pasado. El denominado movimiento Copa sem povo, tô na rua de novo incluye a fracciones sindicales y movimientos sociales, y a él se suman inorgánicamente grupos radicales violentos como los llamados Black Bocks, enmascarados que suelen provocar destrozos y enfrentarse con la policía. “En las marchas ya no se ve al abuelo con el nieto o la joven con su novio: la clase media se espantó con la violencia y el movimiento se concentró en sectores con motivos propios y específicos”, señaló Negreiros.

Por su parte, Gentili destacó que “las fracciones hegemónicas dentro de las principales organizaciones sindicales y del movimiento estudiantil adhieren al gobierno y no se suman a las marchas; lo que sí hay son fracciones menores que, en este contexto, ganan visibilidad y mejoran su posición para negociar con el Estado”.

¿Qué pasará cuando suene el pitido inicial? “Las protestas van a diluirse, y de hecho ya está ocurriendo –observó Negreiros–. Todo indica que la intensidad del movimiento está cayendo”. Esa es la tesis de la propia Rousseff. Según la prensa brasileña, en una cena con periodistas deportivos que tuvo el mismo jueves de marchas, la mandataria habría calificado la convocatoria como un “fracaso”.

Mientras tanto, sin la estridencia del debate político, miles de obreros de la construcción trabajan a todo trapo para que los estadios lleguen listos al 12 de junio, algo que parecía casi imposible pocos meses atrás. Ocho de ellos ya murieron en brutales condiciones laborales.

 

La oposición capitaliza la caída de Rousseff

Mientras se mantiene el movimiento de protesta ciudadana contra la organización del Mundial en Brasil, la oposición al gobierno de Dilma Rousseff tiene algo –no mucho– para festejar: según las últimas encuestas, los candidatos que la enfrentarán en las elecciones de octubre comenzaron a capitalizar la leve caída de la mandataria en los sondeos sobre intención de voto.

Los datos más recientes de la encuestadora MDA otorgan 37% de las preferencias a Rousseff, 22% a Aécio Neves (PSDB) y 12% a Eduardo Campos (PSB). Si se mantiene la tendencia a la baja de la jefa de Estado, y Neves sigue subiendo entre los hasta ahora electores indecisos, podría darse un escenario de segunda vuelta en octubre.

Pocas semanas atrás, el triunfo de Rousseff en primera vuelta parecía asegurado. De todas formas, aún si la oposición lograra forzar un ballottage, Dilma obtendría la reelección en el escenario que muestran hoy las encuestas. El Mundial será un factor importante aunque no decisivo, según los analistas.



Facundo F. Barrio