INTERNACIONAL EL "REVERENDO DE LA AMETRALLADORA"

La historia del sacerdote que mata guerrilleros en Sudán del Sur

Sam Childers es un ex pandillero estadounidense que se abrazó a la fe para infiltrarse en la guerrilla del país más nuevo del mundo. Su historia llegó a Hollywood.

Foto:www.machinegunpreacher.org

La Biblia en su mano izquierda y una AK-47 a su derecha. La noche en el orfanato de Nimule, en la frontera sur con Uganda, puede mutar de la oración a las balas en cualquier momento. Allí, como desde hace 17 años, descansa Sam Childers, más conocido como el Reverendo de la Ametralladora –Machine Gun Preacher, en inglés-. Childers es un motoquero estadounidense devenido en pastor anglicano que encontró en la guerra civil de Sudán del Sur la posibilidad de amalgamar sus dos pasiones: las armas y la fe. Hoy se ha convertido en una figura pública aclamada por miles de seguidores en el mundo, que lo apoyan en su guerrilla mesiánica de rescatar a niños africanos de la masacre bélica que se desata en territorio sursudanés.

Pandillero, patovica de dealers en el estado norteamericano de Pennsylvania y casado con una stripper, este personaje tocaría fondo hasta redimirse en la Iglesia Anglicana de Parish, donde transitaría un camino de fe hasta convertirse en reverendo. Pero su vida cambiaría en 1998, cuando fue a misionar al territorio que hoy es Sudán del Sur, el país más nuevo del mundo. Por entonces se desataba la Segunda Guerra Civil Sudanesa, un enfrentamiento que dejó más de 2 millones de muertos. El objetivo de Childers era claro: rescatar a los niños que eran secuestrados por el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en inglés), la temible facción que reclutaba infantes y prostituía a las nenas. 

En su cruzada, Childers se afilió al Ejército de Liberación del Pueblo (ELP). Todas las noches se infiltraba en una camioneta junto con otros soldados en zonas de guerra para salvar a los chicos de las garras del LRA y llevarlos al orfanato que con sus propias manos empezó a levantar en Nimule, al extremo sur del territorio. Según reconoce en su sitio web, lleva salvados más de mil niños, que hoy son asistidos por un equipo sanitario. 

La historia de Sam llegaría a los oídos de Hollywood, y en 2011 el director Marc Forster rodaría la película Machine Gun Preacher, protagonizada por Gerard Butler –quien encarna a un excéntrico Childers- y Michelle Monaghan. Fue así que la popularidad  de su misión se extendió no sólo por Estados Unidos, sino por muchos otros países de América y el mundo. 

La guerra civil terminó en 2005, y el 9 de julio de 2011 el Sur conformaría un nuevo estado. Pero ni el Reverendo Metralleta ni esta nueva nación de nueve millones de habitantes conocerían la paz. Dos años más tarde, Sudán del Sur empezaría a desangrarse por dentro. El 14 de diciembre de 2013, un intento de golpe de Estado por una facción del ELP contra el presidente Salva Kiir sacudiría las aguas. La guerra retornó en su peor versión y más de medio millón de sursudaneses debieron migrar a Uganda, Kenia o Etiopía. Machine Gun Preacher, en cambio, redobló su apuesta. Y, con la ayuda de muchos de sus seguidores, comenzó una estrategia para recaudar fondos que se destinen a la causa.

Actualmente, Childers es una figura pública con más de 160 mil seguidores en Facebook. Cuando no está en el frente de batalla, parte de su tiempo lo destina a viajar por el mundo a promocionar la “lucha por los niños en África”. Dicta conferencias en distintas ciudades, promociona videos por Youtube y tiene su propio sitio web. Cinco, cien o mil dólares, cualquier persona puede donar dinero a la causa. Periódicamente regresa a Estados Unidos y predica en su vieja congregación, donde sus fieles se multiplican. Incluso ha logrado lanzar su propia tienda online: en su página pueden encargarse remeras, llaveros, vasos y hasta mouse pads con su leyenda. Todo lo recaudado, según afirman, se destina a ayuda humanitaria.

La Comisión Europea suministró en 2015 más de 120 millones de euros para asistir a la población civil en Sudán del Sur. Mientras tanto, de manera extraoficial, el Reverendo de la Metralleta hace justicia por mano propia. “Cada vez que entramos a una zona de guerra con mis hombres, lo primero que hacemos es rezar. Quiero estar preparado para cualquier momento”, confiesa Childers en uno de sus videos promocionales. Dios y las armas, unidos una vez más en la figura de este excéntrico norteamericano. 



Redacción de Perfil.com