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La muerte de Friso, un nuevo drama de una dinastía triste

El cuñado de Máxima se suma a una larga lista padecimientos en la Familia Real Holandesa.

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Foto:AFP

El drama de la muerte del príncipe Friso de Holanda, a la edad 44 años, se suma a una larga lista de padecimientos que sacudieron el núcleo de la Familia Real Holandesa, donde varios de sus miembros padecieron enfermedades que influyeron en el curso de la historia de la dinastía.

Tras contraer tuberculosis, en noviembre de 1847, el príncipe Alejandro (hijo del rey Guillermo II) viajó a la isla de Madeira para mejorar su salud en un clima más favorable. Sin embargo la enfermedad se agravó y terminó falleciendo el 20 de febrero de 1848.

Los excesos en sus desenfrenadas aventuras nocturnas -que incluían prostitutas y mucho alcohol- provocaron la muerte prematura del depresivo príncipe Guillermo de Orange (hijo y heredero del rey Guillermo III) por una enfermedad hepática a los 38 años.

Su hermano, el príncipe Mauricio, murió de meningitis porque Guillermo III se negó a que fuera atendido por los médicos que su odiada esposa le recomendaba. En medio de la batalla marital, el príncipe se convirtió en una nueva víctima a los 7 años de edad.

Treinta años después, el otro hermano, Alejandro, falleció olvidado por todos, aislado y recluido por varias enfermedades que lo dejaron paralítico. Estas tres muertes dejaron sin heredero al rey Guillermo III, que se vio obligado a casarse con una mujer mucho mayor, que le dio una hija: la futura reina Guillermina.

La ceguera de nacimiento que padeció la princesa Cristina (hermana de la reina Beatriz) causó un revuelo espectacular, porque su madre, la reina Juliana, se consideró culpable por haber contraído sarampión durante el embarazo.

Durante tiempo, buscó soluciones científicas en vano, hasta toparse con una curandera llamada Greet Hofmans. La vidente, con sus sortilegios, amuletos, extraños tratamientos y sesiones de espiritismo, logró dominar completamente la voluntad de la reina Juliana hasta el punto de provocar una crisis política.

El esposo y la hija mayor de Juliana denunciaron el caso, la curandera fue echada del palacio y la reina se tuvo que resignar a que su hija fuera ciega durante el resto de su vida.

La salud también jugaría una muy mala pasada a la actual reina, Beatriz, cuando su esposo –Claus von Amsberg- cayó víctima de una profunda depresión crónica que lo mantuvo largas temporadas confinado en un hospital psiquiátrico de Austria. Las malas lenguas siempre aseguraron que Claus no soportó el protagonismo de su esposa cuando esta se convirtió en reina y el verse relegado a un segundo lugar.

Desde 1991 hasta su muerte en 2002 las apariciones públicas del príncipe Claus fueron muy escasas. Durante aquel tiempo, la reina madre Juliana viviría también confinada en su palacio, víctima del Alzheimer que la alejó de la realidad. En 2001 su esposo confesó que ella ya no reconocía a nadie de su familia.

El estado de coma en el que quedó su hijo fue uno de los motivos que llevaron a la reina Beatriz a abdicar el pasado 30 de abril a favor del príncipe Guillermo Alejandro. Según conocedores de la familia, Beatriz deseaba retirarse para poder dedicar tiempo a Friso, en estado vegetativo, y a las hijas de éste.

Precisamente un mes antes de la muerte de Friso, Beatriz hizo trasladarlo desde Londres hasta su residencia de Huis Ten Bosch para cuidarlo y seguir su evolución de cerca. En realidad, Friso estaba regresando a su país para morir en el lugar donde nació hace 44 años.

(*) Especial para Perfil.com.



Darío Silva D'Andrea (*)