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La tímida "Perestroika" de la Casa Real Española

Por Darío Silva D´Andrea. Para limpiar la imagen, Felipe VI prohibió a los miembros de su familia recibir regalos valiosos, préstamos o favores. 

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Foto:Afp

En su ofensiva por la transparencia y la modernización de Monarquía española, mil veces golpeada en los últimos años, el rey Felipe VI prohibió a los miembros de su familia recibir regalos valiosos, préstamos o favores que puedan “comprometer la dignidad” de sus funciones. Unos meses atrás, Felipe VI prohibió a sus familiares trabajar en el sector privado y, a partir del 1 de enero de 2015, los miembros de la Familia Real no podrán viajar gratis en vuelos comerciales. Así lo estipula el “Código de Conducta” que aprobó la Casa del Rey por orden del nuevo rey, quien ascendió al trono tras la abdicación de su padre, Juan Carlos I, el 19 de junio.

"Los miembros de la Familia Real no podrán aceptar regalos que por su alto valor económico, finalidad o interés comercial o publicitario, o por la propia naturaleza del obsequio, puedan comprometer la dignidad de las funciones institucionales que tengan o les sean atribuidas", indica uno de los principios generales de la normativa. Bajo esta nueva norma, Felipe VI no podría aceptar como regalo, por ejemplo, el yate que un grupo de empresarios regaló a su padre en el año 2000 o los dos Ferrari que el emir de Dubai le regaló al rey, durante una visita privada.

La normativa, que entrará en vigor el 1 de enero, obliga a los miembros de la familia real a entregar a Patrimonio Nacional, secretaría que administra los bienes históricos del Estado español, los regalos “institucionales” que reciban. Cuando los regalos personales excedan dichos usos, pero se considere que pueden ser aceptados, pasarán a tener el mismo tratamiento que los regalos institucionales “o bien serán cedidos a una entidad sin ánimo de lucro que persiga fines de interés general”.

Sin confesar abiertamente qué miembros de la Familia Real disfrutaron hasta ahora de pasajes de avión gratuitos con ciertas aerolíneas comerciales, la Casa dejó claro que con la nueva regulación este tipo de ventajas no tendrá lugar. “No habrá servicios prestados a la Casa Real que no tengan su correspondiente retribución económica”, insistió un portavoz real. En el caso de recibir premios que supongan una prestación económica, el monto será destinado a una entidad sin fines de lucro, mientras que los regalos de carácter personal solo podrán ser aceptados “cuando no superen los usos habituales, sociales o de cortesía”.

El nuevo régimen de regalos impedirá asimismo a la Familia Real aceptar “préstamos sin interés o con interés inferior al normal del mercado”, y en cuanto a las herencias recibidas de alguien que no es miembro de la realeza, “podrán ser aceptadas cuando así se considere procedente”, dice la norma. Eso sí, los bienes “deberán incorporarse a Patrimonio Nacional o ser entregadas a instituciones públicas o entidades sin ánimo de lucro”.

Se estableció también un código de conducta para todos los empleados que trabajan para la Casa del Rey, quienes estarán obligados a mantener “un comportamiento ejemplar” que contribuya a que los ciudadanos crean, sientan respeto y confíen en la monarquía. No podrán intervenir en operaciones financieras o negocios jurídicos con personas o entidades cuando pueda suponer un conflicto de intereses con las obligaciones de su puesto en la Casa y no podrán “prevalerse de su condición de miembro de la Casa para obtener alguna ventaja en beneficio propio o de terceros, ni aceptar trato de favor o situación que implique privilegio o ventaja injustificada”.

La Casa del Rey publicará anualmente la lista de regalos institucionales entregados a la familia real, indicando el donante y el organismo al que se entrega y, por otra parte, el rey Felipe decidió someter las cuentas de la Corona a la Intervención General del Estado, a modo de auditoría externa, una medida que otras casas reales europeas impusieron bastante tiempo atrás. Con Juan Carlos y Sofía alejados del centro de la escena y la infanta Cristina a un paso de la cárcel, el rey Felipe VI y la reina Letizia se enfrentan de esta forma a una tímida “Perestroika” destinada a limpiar la imagen de la monarquía.



Darío Silva d'Andrea