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La Unión Europea y un desafío kantiano

Cabe preguntarse si los partidarios del Brexit se pronunciaron por esta opción con pleno conocimiento de sus alcances.

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Foto:Cedoc

Los peores vaticinios de los analistas de las consecuencias del Brexit sobre los mercados financieros internacionales ya se están verificando. La libra alcanzó su cotización más baja desde 1985 y las bolsas de todos los centros financieros de mayor envergadura han sufrido bajas considerables. La primera reacción fue de pánico, como sucede normalmente frente a sucesos de esta envergadura, para luego recuperarse en alguna medida, pero sin alcanzar los niveles anteriores.

Las opiniones de los especialistas son convergentes en que el abandono de la U.E. por parte del Reino Unido traerá una etapa – que puede ser prolongada – de profundas incertidumbres. Un vocero del Fondo Monetario Internacional afirmó, antes de conocerse el resultado del referéndum, que el Brexit abriría un período de alta volatilidad en los mercados y redundaría en un crecimiento más lento de la economía mundial. La presidenta de la Reserva Federal de los Estados Unidos de América, Janet Yellen, coincide con esta afirmación. Los inversionistas, que aborrecen el cambio de las reglas y las condiciones vigentes, así como la incertidumbre, actuarán con mayor cautela y retacearán los flujos de fondos. El crecimiento del producto bruto británico se vería afectado. Según el ministro de finanzas del R. U., el triunfo del Brexit podría hacer necesario un ajuste cercano a los 30.000 millones de libras esterlinas. Dentro de la U.E. se abre un período de mayor tensión en un momento en que el bloque aún persevera en sus esfuerzos por superar la crisis financiera en la que se encuentra sumido desde hace demasiados años.

Frente a esta cruda realidad, cabe preguntarse si los partidarios del Brexit se pronunciaron por esta opción con pleno conocimiento de los alcances que tendría esta decisión o si lo hicieron motivados por sus circunstancias personales, siempre atendibles, pero sin tener debidamente en cuenta los alcances generales de esta movida sin retorno. Ni siquiera parece ser válido, a juicio de algunos actores, que el apartamiento de la U.E. mejorará la condición laboral de los británicos. En tal sentido, la central obrera laborista del Reino Unido, TUC, prevé que el aislamiento podría acarrear mayor desempleo.

Pero las consecuencias del Brexit pueden ir mucho más allá de los aspectos económicos, comerciales y financieros. Dentro del Reino Unido, ya la primera Ministro de Escocia, Nicola Sturgeon, declaró que no es democrático forzar a ese país a separarse de Europa, lo que deja abierta la posibilidad de la celebración de un nuevo referéndum, luego del que tuvo lugar en Escocia hace menos de dos años, en el que sus habitantes se pronunciaron a favor de la permanencia dentro del Reino Unido por diez puntos de diferencia. En Irlanda del Norte, líderes del partido nacionalista Sinn Féin están sugiriendo que el Brexit refuerza la necesidad de replantear la pertenencia de esa región al Reino Unido.

El Reino Unido es – o era - un actor principal dentro de la Unión Europea. Segunda economía de Europa, se estaba recuperando de la crisis de 2009 más rápidamente que otros socios. Por otra parte, tal como lo expresara el Director General de la OTAN, el papel del Reino Unido en el corazón de Europa es crucial para combatir el terrorismo. Alemania, el país rector en Europa que ha liderado los esfuerzos por superar la crisis – aún con recetas consideradas inadmisibles por algunos – se apoya en el Reino Unido y en pocos países más para sustentar las medidas reparatorias en normas y principios cercanos a la austeridad fiscal y la libertad de los mercados. Su separación ha sido lamentada por la canciller Angela Merkel, así como por el presidente de Francia, François Hollande, entre otros líderes políticos mundiales.

En suma, surge un nuevo desafío para Europa. Un continente que ha superado guerras y crisis y que ha hecho realidad un proyecto político kantiano basado en la paz y la cooperación entre las naciones. Y que seguramente actuará una vez más con la prudencia y la sabiduría necesarias para, al menos, limitar los daños de una decisión comprometedora.

*Embajador de carrera y director del Comité de Asuntos Europeos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).



Alberto Daverede


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