INTERNACIONAL

Los reyes Juan Carlos y Sofía en Argentina

Durante la última dictadura cívico-militar los monarcas estuvieron en el país y se reunieron con Videla.

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Foto:Europa Press

En 1978, los reyes Juan Carlos y Sofía de España realizaron el primero de sus varios viajes a la Argentina, una gira oficial de marcado tinte político a un país gobernado por una junta militar, presidida por el general Jorge Videla. Los argentinos recibieron con respeto y entusiasmo la visita de la pareja real, que ya comenzaba a perfilarse como garantía de la estabilidad política y democrática de España, y empezaba a ganarse el respeto mundial.

La visita se prolongó por cinco días (entre el 26 y el 30 de noviembre) y los monarcas fueron agasajados en la Casa Rosada, en la Quinta Presidencial de Olivos y en el Consejo Deliberante de Buenos Aires. Además, el rey (que recibió las llaves de la ciudad y fue nombrado doctor honoris causa de la Universidad de Buenos Aires) recorrió junto a la reina diferentes centros asistenciales de la colectividad española. El viaje incluyó una visita a la provincia de Misiones y una estancia en San Antonio de Areco.

En España el viaje levantó no pocas polémicas, pues el país estaba todavía en pleno proceso de transición política, de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria, y una visita a la Argentina de Videla podía ser interpretada como un respaldo tácito al régimen militar argentino, caracterizado por su vulneración de los más elementales derechos humanos. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), principal partido de la oposición, presentó una moción en el Congreso español en la que solicitó el aplazamiento del viaje. Desde la izquierda en España se consideró inadecuada la visita.

El "Diario 16" hizo hincapié en la responsabilidad del Gobierno por olvidar que Videla, al que calificaba como “un auténtico depredador de las libertades humanas”, había implantado “en su país un estado de terror”; por lo tanto, la presencia del Rey podría contribuir innecesariamente a un cierto reconocimiento a la política de Videla, lo que supondría “un flaco servicio a la democracia”.

Los diarios españoles afines al centro-derecha, como ABC y Ya, respaldaron los criterios básicos mantenidos por el gobierno y su ministro de Exteriores, apoyados en el principio de indiscriminación por el que se debían guiar los viajes del rey, y la explicación de que los monarcas, sobre todo al ir a Latinoamérica, visitaban países y no regimenes. Para el diario monárquico ABC, “sólo la Corona era y es la institución capaz de superar, en beneficio de un sentido superior de unidad, toda esa conflictiva dinámica de antinomias que genera la doble e interna diversidad de lo hispánico”.

Más claro fue el periódico barcelonés La Vanguardia al decir que el viaje contenía “un mensaje de hermandad esencial superior a las contingencias, para insertarse en un proceso histórico de recuperación de lazos fraternos entre España y América”. Por su parte, el diario Ya afirmó que el viaje constituía “una clara demostración española de renovar y profundizar sus relaciones con Iberoamérica (…) al margen de los distintos regímenes políticos del momento en esos países”.

Finalmente el viaje real se realizó dentro de una gira que llevó a los reyes a visitar antes México y Perú, y en España no les quedó otra opción que elogiar que el rey, consciente de la situación que vivían Argentina y otros países de la región, abogara en Buenos Aires por el respeto a la dignidad y los derechos humanos.

En la capital argentina, la presencia de los reyes despertó una clase entusiasmo que no se veía hacía tiempo en nuestro suelo, y los titulares de los periódicos españoles del 28 de noviembre dan buena muestra de este calor popular: “Buenos Aires: indescriptible entusiasmo por la visita de los Reyes” (ABC); “Argentina: miles de personas rompen el protocolo para acercarse a los Reyes de España” (La Vanguardia); “Apoteósica acogida” (Ya).

Un editorial del diario español El País informaba de ciertos sectores argentinos que se opusieron a la visita del rey: “El viaje fue criticado por los sectores de la oposición argentina que se mueven en torno al Partido Montonero. Si se toma en consideración el mítico papel asignado en la iconografía de ese movimiento a la figura de Eva Duarte, y se recuerda el viaje, a España de la esposa de Perón en uno de los momentos más duros de la dictadura franquista, no cabe sino mostrar una cierta perplejidad acerca de la coherencia ideológica de esos herederos del justicialismo y de la fidelidad de su memoria histórica”.

Juan Carlos, en el discurso pronunciado en la cena de bienvenida que le ofreció Videla, tuvo el valor de recordarle la modélica transición española: “El Estado que queremos no es el de unos españoles impuesto a otros españoles, sino el Estado de todos, de forma que, en su seno, general, puedan convivir todas las opciones y alternativas políticas…El cambio es siempre posible a través de medios pacíficos, ya que los problemas aludidos pueden ser planteados y resueltos políticamente.

“De la misma manera, estamos convencidos que el orden político y la paz social no pueden tener otros fundamentos que la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes y el respeto por la ley. Porque el orden puede y debe ser construido y defendido con procedimientos basados en los fines humanos del poder”.

Las dudas que pudieran todavía existir sobre el significado del viaje de Juan Carlos quedaron disipadas ni bien terminó su primer discurso. El rey no había viajado a Buenos Aires a consolidar una dictadura, ni a elogiar a sus gobernantes. Sus palabras en defensa de la Constitución española y del proceso de transición de España hacia la democracia constituyeron un mensaje clarísimo sobre sus propósitos.

En España, el discurso fue interpretado por los distintos medios de prensa como una preocupación por responder a los reclamos de los familiares de desaparecidos españoles en la Argentina, mientras que la mayoría de los medios argentinos, en sintonía con la óptica del gobierno de Videla, no ocultaron su disgusto ante la apreciación “errónea y prejuiciosa” de la realidad argentina por parte de los españoles (“El saldo de la visita”, La Nación, 2 de diciembre de 1978).

El periodista español Jaime Peñafiel recuerda: “Yo acompañé al rey en 150 viajes alrededor del mundo y nunca voy a olvidar cuando fuimos a la Argentina de Videla. El rey no visita gobiernos, sino países, pero supo poner los puntos sobre las íes y hablar de democracia. Por eso es tan respetado en el mundo entero.

“Desde el primer momento don Juan Carlos quiso mantener la distancia, incluso física. Al rey le preocupaba que el dictador Videla intentara darle el abrazo con el que todos los presidentes americanos venían recibiéndole. Su intención era mantener firme el brazo a la hora del saludo evitando, como fuera, ser abrazado, lo que finalmente consiguió. El sanguinario dictador se quedó sin la foto que quería”.

Robo de la capa real. La solemnidad con que el régimen militar recibió a los monarca, sin embargo, dio pie a uno de las anécdotas más recordados del viaje, una "argentinada": el robo de una capa (o chal) rosa, de seda natural, propiedad de la reina Sofía, los reyes fueron homenajeados en el palacio del Concejo Deliberante (la actual Legislatura) de Buenos Aires.

Terminada la cena, al retirarse, la reina solicitó su capa, la cual nadie supo encontrar: "Majestad, la capa no está en el guardarropas", le dijo el encargado. Vergüenza en el gobierno de Videla.La protesta formal de España no se hizo esperar, y el gobierno se dedicó a buscarla por cielo y tierra. El escándalo fue tal que el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia argentina, por ser éste el tribunal competente en los delitos que padecen o son cometidos por un jefe de Estado extranjero en territorio nacional.

Pero el caso se cerró al día siguiente. La capa apareció, casi milagrosamente. Se la había llevado "por error" la señora Julia Sundblad de Beccar-Varela, refinada dama de la alta sociedad porteña y casada con un altísimo funcionario de la dictadura. Pidiendo disculpas a los diplomáticos españoles, la señora devolvió la capa: “No me di cuenta. La he tomado distraidamente”. Sin perder la simpatía, doña Sofía agradeció la restitución.

(*) Especial para Perfil.com.



Darío Silva