INTERNACIONAL NEGOCIOS DE LA REALEZA

Máxima también será la reina de una multinacional

La corona holandesea controla acciones de importantes empresas. Las decisiones de Beatriz para ampliar el “holding”. Ayer, la argentina protagonizó el primer acto oficial.

En un contexto de crisis e incertidumbre en Europa, la imagen de austeridad se convirtió en un axioma para la corona holandesa. Máxima Zorreguieta lo entendió rápido y así lo demuestra en pequeños gestos, como haber usado un vestido repetido en la cena de gala previa a su entronización. Pero entre apariencia y esencia hay un abismo.

Junto con el título de reyes, Guillermo de Orange y Máxima heredaron una casa real que funciona como una verdadera multinacional, con inversiones multimillonarias en compañías y proyectos inmobiliarios en todo el mundo.

Ayer, los flamantes reyes asistieron en Amsterdam a su primer acto oficial desde la abdicación de la reina Beatriz. Participaron junto al premier holandés, Mark Rutte, en la conmemoración del Día de los Caídos en la Segunda Guerra Mundial.

Beatriz fue la artífice de la estructura financiera que ahora quedará bajo la órbita de Guillermo y la argentina. Durante sus 33 años de reinado, la suegra de Máxima puso a trabajar el dinero de la corona con la compra de acciones en grandes empresas. Aunque no existe confirmación oficial sobre las inversiones de la casa Orange-Nassau, porque la monarquía no tiene obligación de hacer pública dicha información, estudios de expertos afirman que incluyen compañías de la talla de Philips, Exxon, el banco ABN-Amro, la aerolínea de bandera KLM y Royal Dutch Shell.

El vínculo entre la monarquía holandesa y la petrolera anglo-holandesa Shell es bien conocido. Durante buena parte de su reinado, Beatriz ocupó un lugar simbólico en el directorio de la compañía. Aunque actualmente la corona ya no tiene un representante en la firma y ésta tiene una gestión empresarial independiente, la casa real de los Países Bajos sigue siendo uno de sus principales accionistas. Aunque su participación es un misterio, algunos especialistas arriesgan hasta un 25%.

A las inversiones empresariales se suman fastuosos bienes inmobiliarios. Tienen propiedades y proyectos en Holanda, como el castillo de Drakensteyn en el que Guillermo pasó su infancia, pero también en lejanos países. En 2011, el rey y Máxima tuvieron que renunciar a la construcción de un complejo cinco estrellas en Mozambique destinado a las realezas europeas, luego de que se supiera que parte de los servicios inmobiliarios contratados se habían pagado a través de un banco en la isla de Jersey, un paraíso fiscal en el Canal de la Mancha.

A pesar de su formación como economista, es evidente que Máxima no deberá hacerse cargo de las finanzas de la corona. Para eso existe un numeroso equipo de asesores que, bajo el comando de la Tesorería real, administran la fortuna de la monarquía. Al mismo tiempo, en el esquema diseñado por Beatriz, una buena parte del dinero queda bajo la tutela de bancos holandeses e inversores privados.
Las acciones de la realeza cotizan en las bolsas de Nueva York, Londres y Ginebra. La corona había depositado su confianza en el banco estadounidense Lehman Brothers, hasta su derrumbe de 2008. Aquél no fue el único impacto reciente sobre los capitales de los Orange-Nassau: aunque jamás fue confirmado oficialmente, se cree que Beatriz habría perdido unos cien millones de dólares que había invertido en emprendimientos del estafador norteamericano Bernard Madoff.

Ante la inexistencia de información oficial, las especulaciones sobre el monto total de la fortuna real son un tema frecuente en la prensa holandesa. En las últimas décadas, las estimaciones de revistas como Forbes o Fortune fueron de unos modestos 300 millones de dólares hasta unos exorbitantes seis mil millones. Para el común de los mortales, es sólo una cuestión de ceros a la derecha.



Facundo F. Barrio