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Miércoles de Ceniza: el mensaje del Papa en el inicio de la Cuaresma

La Iglesia Católica inicia hoy el tiempo litúrgico en el que durante 40 días los fieles se preparan para la Semana Santa.

Dibujos de Temes
Dibujos de Temes Foto:Pablo Temes

La Iglesia Católica da inicio con el Miércoles de Ceniza, el tiempo litúrgico de la Cuaresma en el que, durante 40 días y a través de la vivencia del ayuno, la oración y la limosna, los fieles se preparan para la Semana Santa. Hoy el papa Francisco dedicó la catequesis de la Audiencia General a este tiempo que comienza.

En estos días los fieles están llamados a trabajar de manera especial en la conversión personal a la vez que se recuerda la caducidad y fragilidad de la vida humana. Con la evolución de las tradiciones, actualmente los católicos son marcados con una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos anterior.

En su discurso, Francisco afirmó que la Cuaresma es “un camino que verdad requiere empeño, como es justo que sea, porque el amor es comprometido, pero un camino lleno de esperanza” y “la dificultad de atravesar el desierto forja una esperanza fuerte”, al recordar el paso del pueblo de Israel por el desierto.  

El líder religioso explicó que “Cristo nos precede con su Éxodo, y nosotros atravesamos el desierto gracias a Él y tras Él. Él es tentado por nosotros y ha vencido al Tentador por nosotros, pero también nosotros debemos con Él afrontar las tentaciones y superarlas”.

“Esto no quiere decir que Él ha hecho todo y nosotros no debemos hacer nada, que Él ha pasado a través de la cruz y que nosotros ‘vamos al paraíso en carroza’. No es así. Nuestra salvación es ciertamente don suyo y porque es una historia de amor requiere nuestro ‘sí’ y nuestra participación, como nos demuestra nuestra Madre María y después todos los santos”, consignó- 

En referencia a la Cuaresma dijo que "es un periodo de penitencia, también de mortificación, pero no como fin en sí mismo, sino que termina haciéndonos resurgir con Cristo, renovar nuestra identidad bautismal, es decir, renacer nuevamente ‘de lo alto’, del amor de Dios”.