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No es lo que parece

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El mundo católico y los medios se irritaron esta semana por el documento provisorio del sínodo extraordinario, interpretado por muchos como una señal de apertura de la Iglesia hacia la homosexualidad. Pero el tono inclusivo del texto está muy lejos del actual cambio político.
Para una Iglesia que históricamente ha vinculado la palabra “homosexual” con “pecado”, la idea de dar la bienvenida a los gays en cualquier medida puede parecer una jugada significativa. Los titulares inmediatamente hablaron de un “cambio radical” y de una “postura más tolerante” de la Iglesia. Pero todo el mundo debería bajar un cambio antes de apresurarse a sacar conclusiones.
La Relatio provisoria fue un punto de partida para las conversaciones de los padres sinodales: un texto de trabajo que identificaba aquellos temas en los que los obispos debían “profundizar o aclarar la comprensión”. Eso significa que el tema de los gays es motivo de reflexión continua en la Iglesia.
Pero una Relatio no es un texto prescriptivo. No es un decreto. No es la doctrina, y ciertamente no es un cambio doctrinal. ¿Entonces qué significa todo esto? El cardenal Luis Antonio Tagle dio la mejor respuesta: “La función no ha terminado”.
El Vaticano había sido claro acerca de que este sínodo no traería cambios a la doctrina. Que “los gays son bienvenidos” no significa que la Iglesia ya no iguale “gay” con “pecado”. En cambio, es el tono –como siempre lo ha sido en el papado de Francisco– lo que está sobre la mesa. El estilo del Papa se vincula con un espíritu de contención y misericordia, y no con el pecado. Pero también es importante recordar que el sínodo sobre la familia es un proceso de dos años de duración, y la instantánea del documento provisorio fue sólo eso.
Buscar la revolución puede resultar engañoso. Se puede confundir la historia real con aquello que no está sucediendo. Los observadores deberían tener más cuidado de no escuchar sólo aquello que desean oír.

*Vaticanista de Time.



Elizabeth Dias*