INTERNACIONAL A SETENTA AÑOS DEL HISTORICO DIA D

Normandía rompe el hielo entre Moscú y Washington

En el aniversario del Desembarco, Putin y Obama se reunieron por primera vez desde la crisis en Ucrania. Gestos de acercamiento y el recuerdo de lucha contra Hitler.

La historiografía occidental presenta el Desembarco de Normandía, del que ayer se cumplieron setenta años, como el hito bélico que marcó la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial. Especular sobre lo que habría ocurrido si los aliados no hubieran avanzado sobre la Francia ocupada por Hitler es un inútil ejercicio contrafáctico. Lo que sí es un dato objetivo es que las tropas alemanas sufrieron el 90% de sus bajas en la batalla contra la Unión Soviética en el frente oriental, y que para el 6 de junio de 1944 la marcha del Ejército Rojo hacia Berlín era irreversible. Para ese momento, Stalin tenía amplias chances de triunfar aún sin ayuda aliada.

Pese a todo, el Día D pasó a la historia como el símbolo de la cooperación entre Washington y Moscú para vencer al Tercer Reich. Ese recuerdo compartido emergió ayer en la conmemoración del 70º aniversario del Desembarco en la playa francesa de Omaha, donde Barack Obama y Vladimir Putin hicieron los primeros gestos de deshielo desde que estalló la crisis de secesión en Ucrania. Fue el primer encuentro cara a cara entre los presidentes de los Estados Unidos y Rusia desde que Crimea votó su anexión a la Federación Rusa.

La costa noroeste de Francia también fue escenario de un incómodo tête à tête entre Putin y el flamante presidente ucraniano, Petro Poroshenko, quienes hablaron por primera vez desde las elecciones en ese país el 25 de mayo (ver aparte). Ocurrió antes del almuerzo de veinte jefes de Estado en el castillo de Bénouville, emblema de la resistencia francesa durante la Guerra.

El jueves, luego de una reunión del G7 en Bruselas a la que el mandatario ruso no fue invitado por su papel en la secesión de Crimea, Obama había amenazado con nuevas sanciones económicas a Moscú si no se movía “en la dirección adecuada”. Ayer hubo, al menos, un gesto en esa dirección. Luego de evadirse mutuamente en la foto de familia, Putin y su par estadounidense mantuvieron una charla informal de quince minutos en la que “hablaron de la necesidad de acabar con la violencia y los combates lo antes posible”, según contó el vocero oficial del Kremlin.

Aunque la Casa Blanca desconfía de las promesas de Putin, ve positivamente que Moscú haya retirado sus tropas de la frontera y que no haya boicoteado los comicios en los que resultó electo Poroshenko. La mayor preocupación de Wa-shington es que la rebelión de las milicias prorrusas conduzca a una guerra civil. Por eso exige al gobierno ruso que bloquee el tráfico de armas en la frontera y presione a los separatistas para que abandonen la violencia. Obama también le reclama a Putin que reconozca al nuevo gobierno de Kiev, un punto en el que se podría avanzar si los gestos de ayer se traducen en acciones diplomáticas.

Ante decenas de veteranos de guerra, y frente a las playas donde en junio de 1944 más de 10 mil jóvenes murieron o resultaron heridos, Obama comparó a la “gran generación” de soldados estadounidenses que combatió en la Segunda Guerra con los que lucharon en las guerras posteriores al atentado a las Torres Gemelas. “Los miembros de la generación del 11-S también sintieron que algo los empujaba y dijeron: ‘Yo voy’ –manifestó el mandatario–. Ellos también decidieron servir a una causa más grande que ellos mismos”.



Facundo F. Barrio