INTERNACIONAL OPINIÓN


Nuevas (viejas) relaciones carnales

En medio de su gira por Europa, Macri recibió un fuerte respaldo de los Estados Unidos. Diferencias con la diplomacia K. Y el recuerdo del menemismo.

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Foto:Télam

La gira que lo llevó por Europa, le impidió a Mauricio Macri homenajear a los Estados Unidos esta semana, en los festejos por el 240 aniversario de su independencia. Si Macri no volaba a Bruselas, seguramente hubiera brindado con los representantes estadounidenses. Habría sido, hay que decirlo, un gesto que no se veía desde que Carlos Menem dejó la Casa Rosada. Ya no quedan dudas: las relaciones bilaterales se han transformado y nada queda de aquella frialdad que solía dispensarle el kirchnerismo a Washington. Fue el mismo Noah Mamet el que lo puso en palabras en la fiesta estadounidense que se realizó en Buenos Aires el 4 de julio. “El cambio positivo ha superado todas nuestras expectativas”, anunció el diplomático enviado por Barack Obama a la Argentina.

El nuevo vínculo se inició, precisamente, con la visita de Obama en marzo pasado. “Es el comienzo de una etapa de relaciones maduras”, había anunciado Macri junto a su colega estadounidense. “Está en su casa”, completó el presidente argentino, agasajando a un Obama sonriente. La última vez que un líder estadounidense había pisado suelo argentino no la había pasado tan bien. Néstor Kirchner se encargó de que George Bush recuerde como una pesadilla sus días en la fallida cumbre del ALCA de Mar del Plata en 2005.

La relación con los Estados Unidos siempre ha sido prioritaria para la diplomacia local. Parecería ser que la cercanía o la distancia con la Casa Blanca será la que definirá el tipo de política exterior de cada gobierno argentino. La diplomacia de la Generación del 80, cuya figura más trascendente fue Julio Argentino Roca, por ejemplo, fue la que enfrentó a Washington en las Cumbre Panamericanas de las últimas décadas del Siglo XIX y primeras del Siglo XX. Luego sería la diplomacia de Hipólito Yrigoyen la que plantearía un nuevo desafío a Estados Unidos cuando se opuso a la presión norteamericana de participar de la Primera Guerra Mundial. Y, más tarde, sería la diplomacia de Perón la que terminaría de instalar el mayor encono hacia la injerencia de la Casa Blanca en los asuntos americanos, con aquella famosa síntesis de “Braden o Perón”. El embajador estadounidense Spruile Braden señalaba los nexos entre el peronismo y el nazismo pero su declarada oposición a Perón terminó beneficiando al caudillo militar, que hizo del antiamericanismo y del intervencionismo norteamericano su principal bandera.

Hasta que llegó el caso más contradictorio de alineamiento con los Estados Unidos, en los 90, en medio del Consenso de Washington. Se trató de un modelo de inserción internacional denominado “realismo periférico”, para la discusión académica, o “relaciones carnales”, en forma menos retórica.

En su ya clásico libro Principios de Realismo Periférico, Carlos Escudé postula que los países que no tienen poder deben conformarse con ser meros súbditos de los poderosos. Y aseguró que la Argentina, luego de la caída del Muro de Berlín, debía convertirse en un fiel seguidor de Estados Unidos sin cuestionar ninguna de sus decisiones.

Mientras que fue el ex canciller Guido Di Tella el autor intelectual del término “relaciones carnales”.  “Dije que las relaciones con los Estados Unidos no debían ser platónicas, sino carnales -explicó Di Tella-. La ventaja que tuvo esa definición, aparte de las bromas que tuve que soportar, fue que mucha gente entendió que las relaciones con los Estados Unidos son lo que son: muy importantes”.

El término utilizado fue tan controvertido, que el diplomático que estuvo al frente de la Cancillería por ocho años, un récord histórico, también tuvo que explicar su frase en los Estados Unidos. “Fue gracioso. Estábamos en el Departamento de Estado dando una conferencia de prensa con la canciller Madeleine Albright. En un momento un periodista me pregunta por lo de las relaciones carnales y antes de que yo pudiera decir nada lo traducen al inglés. Cuando Albright lo escuchó en inglés dijo: ‘Aquí hay un error de traducción, no puede ser lo que estoy escuchando’. Entonces yo me acerqué y, por lo bajo, a un costado, le dije: ‘Madeleine, la traducción es correcta. Después te explico’. Después le expliqué y ella se mató de risa”.

El resultado para la Argentina, no obstante, no fue tan alegre. Hay que recordar que, algunos años más tarde, el “mejor alumno” del neoliberalismo solicitó ayuda en Estados Unidos para enfrentar la peor crisis de su historia, pero ningún salvataje se hizo presente y el estallido de 2001 fue catastrófico.

Los diplomáticos de Macri se esfuerzan ahora en señalar que nada de aquello se repetirá. Juran y perjuran que las relaciones con Estados Unidos serán maduras. Pero no habrá nada más. Ojalá que no se equivoquen.

(*) Especial para Perfil.com / @rodrigo_lloret



Rodrigo Lloret (*)