INTERNACIONAL

“Obama fue peor de lo que imaginaba, desperdició una oportunidad histórica”

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—Usted fue el profesor más joven de Derecho de la Universidad de Harvard en 1980, y Obama, su alumno en el curso “Reinventando la democracia” ¿Imaginó en 1980 que su alumno sería un destacado líder político que concluiría su mandato con un acercamiento con Cuba e Irán?
—No imaginé que sería el presidente de los Estados Unidos. Pero los presidentes de los Estados Unidos salen de las instituciones de elite. Su trayectoria individual es sorprendente, pero el proceso colectivo es previsible.
—Usted se declaró en contra de la reelección de Obama. ¿Cambió en algo su opinión de hoy con aquella de 2012?
—Reclamé por el desperdicio de la inmensa oportunidad histórica que tuvo de ayudar al Partido Demócrata en el poder a organizar un sustituto del proyecto de Franklin Roosevelt. Desde mediados del siglo pasado, Estados Unidos no tiene un proyecto de Estado que se ocupe de los intereses y las aspiraciones de la mayoría trabajadora. Un ejemplo contundente de ese desperdicio es que algunos trillones de dólares fueron gastos del gobierno americano para rescatar a funcionarios de la alta banca y nada para ayudar a los usuarios deudores que sufrieron con la crisis financiera y económica de 2007 a 2009. No hubo ningún avance en la democratización de oportunidades económicas y educacionales, y el presidente Obama es corresponsable por esta abdicación histórica.
—¿Traicionó las expectativas que generó?
—Es como pasa en el resto del mundo: una mezcla de confusión y cobardía. El escritor Proust (Marcel) dice que somos amigos de aquellos cuyas ideas están en un mismo nivel de confusión que las nuestras. Y el Partido Demócrata hoy es un gran desorden en el que no hay un eje programático. La pena es que Estados Unidos continúa siendo un país que demuestra una extraordinaria vitalidad pero su elite gobernante se embarcó en el fatalismo histórico y le negó a la mayoría un proyecto que la abasteciera de instrumentos y de oportunidades.
—¿Qué piensa usted de las teorías de Piketty sobre el aumento de la desigualdad en EE.UU.?
—Es una obra útil porque pone énfasis en las heridas de la desigualdad, pero es casi enteramente reducida a una estructura teórica y no tiene ninguna propuesta programática seria. Se vuelve popular con facilidad por dos razones: destaca el mal creciente de la desigualdad y no desafía el convencionalismo socialdemócrata, la idea de que el mercado es el mercado y lo que podemos hacer, simplemente, es humanizarlo por medio de políticas compensatorias y, en particular, por medio de la tributación progresiva del salario y la riqueza. Sabemos que estas acciones de compensación redistribuidora del sistema de tributación tienen un efecto marginal. Disimulan el daño del modelo económico. No organizan una alternativa. La humanidad está sometida a una dictadura de falta de alternativa, y una obra como la de Piketty colabora con esa dictadura.
—¿Hillary Clinton sería una líder que transforme a los EE.UU. en un país menos conservador o profundizaría la tendencia actual?
—Tendría que descubrir primero el modelo ideal. Y para descubrirlo, debería querer descubrirlo. En los últimos tiempos, señaló que su campaña será dirigida a las minorías. Es una señal pésima porque lo que se organizó en los Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XX fue una serie de políticas destinadas a las minorías, que, en realidad, beneficiaron a las elites de esas minorías y abandonaron a la mayoría trabajadora del país. Nada para reinventar el país, nada para instrumentalizar esa gran energía que existe dentro de la sociedad americana y democratizar el acceso al vanguardismo cultural y económico. Parece ser una representante de este convencionalismo conservador del Partido Demócrata. Sólo puedo esperar que, a pesar de eso, podamos apoyar a los americanos en la construcción de un proyecto transformador en el hemisferio occidental.
—¿Que Obama fuera negro hizo generar expectativas que luego no se cumplieron?
—Nunca esperé mucho. Fue peor de lo que había imaginado, pero mis esperanzas eran limitadas desde el comienzo. No tenía esperanzas en Obama porque fuera negro. Tenía esperanzas porque era un militante del Partido Demócrata, y alguien que intentaba comprender las ideas alternativas.
—¿A Theodore Roosevelt ser un aristócrata y, por tanto, no poder ser acusado de izquierdista radical, le hizo más fácil imponer la ley antimonopolios; contrariamente, para una persona como Obama, que tenía que demostrar cierto grado de ortodoxia, ser negro pudo frenar su ímpetu reformista?
—El origen de clases puede funcionar de los dos lados, pero termina siendo en la acción histórica menos importante que el temperamento. Una de las cosas que descubrí, desde el lado político, es que es más fácil cambiar un país que una persona.

Jorge Fontevecchia