INTERNACIONAL AL BORDE DE LA GUERRA CIVIL

Obama se niega a mandar tropas a Irak para combatir a los yihadistas

Foto:AFP

AFP/ANSA
Bagdad
Consciente de que Irak se asoma a la guerra civil, el presidente estadounidense Barack Obama dejó ayer una puerta abierta a una intervención militar limitada en esa nación, pero descartó que los Estados Unidos vuelvan a enviar tropas al territorio iraquí. Mientras el grupo islamista radical del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés) extiende su control sobre el norte del país y avanza peligrosamente hacia Bagdad, la Casa Blanca evalúa opciones para evitar un estallido dramático de la violencia política y religiosa.
“No vamos a volver a mandar tropas estadounidenses a combatir en Irak”, aseveró Obama. El mandatario puso condiciones para ayudar al gobierno iraquí del chiíta Nuri Al Maliki a frenar la embestida del grupo yihadista, de extracción sunita. Reticente como los ciudadanos estadounidenses a una nueva intervención en Irak, Obama avisó que el eventual apoyo está supeditado a que el gobierno iraquí haga “un esfuerzo serio y sincero por aplacar las diferencias sectarias, promover la estabilidad y responder a los intereses legítimos de todas las comunidades de Irak”.
Según el jefe de Estado, “sin este tipo de esfuerzo político, una acción militar a corto plazo no tendrá éxito”. Washington desconfía de Al Maliki, un aliado de Irán en la región, y lo acusa de alimentar el caos con sus decisiones arbitrarias contra la población sunita.
Las opciones que baraja Obama incluirían ataques aéreos con drones –aviones no tripulados y dirigidos a distancia– o aviones de guerra tradicionales, además un refuerzo de la actual ayuda a las fuerzas de seguridad en equipamiento, instrucción e inteligencia. Obama dijo que se tomará “varios días” para decidir. Pero el despliegue de tropas terrestres, dos años y medio después de que el último soldado norteamericano abandonase Irak tras ocho años de guerra, quedó ayer descartado.
El ISIS sorprendió con la guardia baja al gobierno estadounidense con sus rápidos avances en apenas cuatro días sobre la ribera del Tigris, que le permitieron tomar el control de Mosul, la segunda mayor ciudad iraquí, y de Tikrit. La posibilidad de que los islamistas del grupo extremista  (una organización que fue desautorizada incluso por Al Qaeda debido a su violencia discriminada contra la población civil) comiencen a avanzar sobre el norte de Bagdad elevó la alerta en la Casa Blanca.
El temor a un estallido de la violencia religiosa aumentó ayer luego de que el líder espiritual de los chiíes de Irak, el ayatola Alí Hussein Sistani, pidiera a los iraquíes que tomen las armas para frenar la ofensiva de los extremistas suníes. La televisión estatal mostró imágenes de los ciudadanos voluntarios dispuestos a combatir mientras el premier Al Maliki intentaba tomar la iniciativa con un plan de defensa de la capital, que ya está rodeada por los rebeldes desde tres frentes. “Los ciudadanos que puedan empuñar un arma, deben presentarse voluntarios y anotarse con las fuerzas de seguridad para llevar a cabo ese objetivo sagrado”, instó Sistani durante una incendiaria y premonitoria plegaria.

El nuevo Osama bin Laden
Abu Bakr Al-Baghdadi es el jefe del grupo insurgente de orientación fundamentalista Estado Islámico en Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés) desde abril de 2010. Nació en Samarra, Irak, ciudad símbolo del chiísmo que él combate, y tiene 43 años. Su posición tomó tal envergadura que Estados Unidos ya lo considera el nuevo Osama bin Laden.
Las milicias que comanda formaron parte de Al Qaeda desde mayo de 2010 hasta que rompió su alianza con esa organización en abril de 2013. El grupo liderado por Abu Bakr Al-Baghdadi –que considera a los chiítas como herejes– también ha enfrentado a combatientes de Al Qaeda en Siria. Sus primeras acciones surgieron en combates contra fuerzas estadounidenses e iraquíes tras la caída de Saddam Hussein. Hoy, la organización pone en riesgo a Irak


Redacción de Perfil.com


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