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En noviembre de 2012 James Foley, un periodista que cubría la guerra civil en Siria, fue secuestrado por un grupo insurgente cercano a Al Qaeda. En agosto de 2013, Steven Sotloff, otro reportero estadounidense, corrió la misma suerte.

Casi dos años más tarde, la agrupación ahora conocida mundialmente con el nombre de Estado Islámico –por haber tomado importantes regiones de Siria e Irak– difundió el video de la ejecución de Foley, al que decapitaron. La determinación del gobierno estadounidense de atacar con bombardeos aéreos a la región despertó la furia de este grupo y lo llevó a asesinar al periodista. En el video hecho público a la prensa, Estado Islámico amenazaba a Washington con ejecutar a Sotloff si los ataques no se detenían. Finalmente cumplió con su aviso: el pasado martes 2 de septiembre se difundieron las imágenes del asesinato de Sotloff. En la grabación se señala que el británico David Haines, que también se encuentra cautivo, será la próxima víctima si Estados Unidos y sus aliados no se abstienen de combatir a la organización, que sufrió ciertos retrocesos desde el comienzo de la ofensiva norteamericana.

A partir de los recientes sucesos, el gobierno de Barack Obama decidió involucrarse nuevamente en Irak, donde realizó más de 125 ataques aéreos desde el 8 de agosto para apoyar al ejército local en su afán por contener la expansión de Estado Islámico.

Desde 2007 se ha señalado a la organización como inspiradora u organizadora de diferentes intentos de ataques terroristas en Europa y América del Norte. Esto parece indicar que, una vez que Estado Islámico se consolide en la región, buscará un enfrentamiento directo con Occidente, pudiendo convertirse en una potencial amenaza a la seguridad de las potencias de la región. Sin embargo, se trata de un enemigo diferente a Al Qaeda tanto por el control territorial que ejerce como por la ausencia de un ataque terrorista en suelo estadounidense que movilice a la opinión pública.

Una vez más, Estados Unidos se enfrenta a una batalla con final incierto. La decisión de no negociar con los terroristas y la potencial amenaza a la seguridad interna se contraponen a la pérdida de vidas humanas que generará abrazar esta postura. Estado Islámico optó por sus principios. Estados Unidos, al reforzar los ataques aéreos después de los asesinatos de los periodistas, parece haber optado también por seguir respondiendo a los suyos en detrimento de más vidas humanas.
 
*Investigador de la Universidad de San Andrés.



Gino Pauselli