INTERNACIONAL


Se recalienta la Guerra Fría entre el Papa Francisco y Macri

En el Vaticano hay enojo por los gestos del macrismo. El presidente envió a Malcorra. Y aseguran que llegó la paz ¿Será verdad?

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La Guerra Fría entre Mauricio Macri y Francisco se recalentó en los últimos días. Como en aquél conflicto internacional que mantuvo en vilo a la humanidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética por varias décadas, cuando las superpotencias no se enfrentaron nunca directamente, pero mantuvieron siempre una tensión latente, el presidente argentino y el Papa están jugando un juego muy peligroso.

En febrero pasado, antes de la primera reunión protocolar que Macri y Jorge Bergoglio mantuvieron en el Vaticano, en esta columna se adelantó lo que sería un conflicto abierto y declarado entre los dos argentinos con más poder en el mundo.

Entonces se recordó que un puñado de días, los líderes de Estados Unidos, Francia e Italia habían aterrizado en Buenos Aires, el centro financiero de Davos se excitaba con Argentina, Brasil y México recibían señales de relanzamiento de las relaciones bilaterales, a la vez que se buscaba privilegiar nuevos lazos comerciales con China y Rusia, y hasta Gran Bretaña se mostraba interesada en recuperar su histórico vínculo. El mundo celebraba por aquellos días la llegada de Macri.

Pero también se recordaba que había un jefe de Estado, quizá el más importante para los argentinos, que no se sumaba a la revolución de la alegría. Aunque se mostraron frente a las cámaras en la Santa Seda, la Guerra Fría había estallado entre el Vaticano y la Argentina.

Las últimas batallas se libraron el último fin de semana y confirman esa teoría. Tal como adelantó el diario PERFIL en su edición del sábado, el Papa rechazó la donación de gobierno argentino de 16.666.000 pesos para la fundación pontificia “Scholas Occurrentes”. Francisco se horrorizó por la millonaria cifra en medio del ajuste que se aplica en Argentina. Bergoglio decidió escribirles a los directivos de Scholas, José María del Corral, presidente, y Enrique Palmeyro, secretario, para transmitirles su perplejidad y les pidió que rechazaran la contribución, con una solicitud específica: quería un recibo que confirmase la devolución. Y agregó una postdata: “No me gustó el 666”.

La segunda estocada llegó el domingo, también adelanta por el diario PERFIL: el Gobierno había decidido enviar un ex espía al Vaticano. Se trataba de Alejandro Colombo, quien supo ser agente de los servicios secretos cuando funcionaba la SIDE y fue un ex colaborador de Esteban Caselli, ex embajador vaticano durante el menemismo. La noticia impactó en la Santa Sede y tras el enojo de Francisco, el macrismo dio un paso atrás para que la decisión fuera interpretada como un “gesto de buena voluntad”.

Pero la tensión entre Buenos Aires y el Vaticano ya había llegado a un punto muy elevado. Y en medio de ese delicado ajedrez, Macri decidió mover a su Dama. En una misión reservada, que no había sido anticipada, la canciller argentina Susana Malcorra llegó con mucho sigilo hasta la Santa Sede el lunes. Estuvo reunida durante una hora con Francisco. Y su gestión, dicen en el macrismo, habría sido positiva.

"Hablamos del país de manera constructiva y positiva, y hablamos también del mundo. Fue una conversación muy rica, muy natural, donde no hubo ningún pase de factura, ni enormes diferencias filosóficas", dijo Malcorra a la prensa tras la reunión. Y completó: “Como suelo decir, en la Argentina hay una suerte de pupología, por el pupo, el ombligo, así como una necesidad de tensionar todo y de plantear una oposición amigo-enemigo".

Desde el macrismo aseguran que la jefa de la diplomacia macrista logró dos objetivos. Por un lado, se confirmó que Macri viajará al Vaticano para la canonización del beato José Gabriel Brochero, el próximo 16 de octubre. Y, por el otro, se acordó la realización de un inminente diálogo telefónico directo entre Macri y Francisco para limar todas las asperezas.

“¡Claro, el Papa! ¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”. Las palabras de Stalin retumbaban en el Kremlin. A su lado, sin decir una palabra, lo escuchaba el canciller francés Pierre Laval. Faltaban pocos años para que estallara la Segunda Guerra Mundial, y Rusia y Francia anunciaban en 1935 un pacto de no agresión, mientras que Adolf Hitler notificaba el rearme de la Alemania nazi en clara violación del Tratado de Versalles.

En medio de esa escalada militar, Laval había sido enviado a Moscú para solicitarle a Stalin que disminuyera la fuerte presión que se ejercía en Rusia sobre los católicos con el fin de ayudar a Francia a mejorar sus relaciones con el Vaticano. Y entonces sonó la ironía del líder bolchevique.

La anécdota sirve para reflejar el poder que el Vaticano siempre ha tenido en el escenario internacional. No tiene ninguna división militar, es cierto, pero puede librar muchas guerras.

(*) Especial para Perfil.com / En twitter @rodrigo_lloret



Rodrigo Lloret (*)