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Sin margen, Dilma Rousseff cierra su campaña contra el “terrorismo mediático” de la oposición

La Presidenta amenaza con llevar a la revista Veja a la Justicia. Las denuncias que pueden acabar con la primacía del PT en el poder.

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Foto:CEDOC.

En medio de una ferocidad pocas veces vista en el ámbito político brasileño, la presidenta Dilma Rousseff y el candidato de la Socialdemocracia, Aécio Neves, se preparan para determinar quién de los dos será el nuevo mandatario de ese país, tras el ballotage que los enfrentará este domingo.

Tras el efímero (e insostenible) paso del Huracán Marina, la campaña de ambos candidatos no ahorró recursos ni ataques personales constantes entre los dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) y los del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) pero aparentaba darle cierta ventaja a la jefa de Estado, quien pelea un segundo mandato en medio de denuncias de corrupción que no cesaron siquiera con la realización del Mundial de Fútbol 2014.

La ofensiva contra Neves -“el hijito de papá”, como lo definen en el PT- osciló desde su pasado como supuesto consumidor de cocaína, playboy y golpeador de mujeres hasta su ascenso en la actividad política como un aparente parásito familiar -comenzó su militancia como asesor de su abuelo, el primer presidente post-dictadura Tancredo Neves- y la actualización de denuncias sobre la construcción de un aeropuerto cercano a una finca familiar, financiado con fondos públicos del estado de Minas Gerais durante su gobernación. Y parecía haber dado resultado.

Según un relevamiento de Datafolha, la estrategia de Rousseff, planificada por Joao Santana, cosechó un 53% de intención de voto, contra el 47% de Neves. Cifras similares registra Ibope: 54% para Rousseff, 46% para Neves. Sin embargo, la magra ventaja de la candidata oficialista podría haber sido afectada por una investigación dada a conocer hoy por el semanario Veja, que acusó a la presidenta y su antecesor, Luiz Inácio da Silva, de ser partícipes de un resonante caso de corrupción en la petrolera estatal Petrobras.

La revista -que adelantó tres días su salida al mercado- publicó en tapa las acusaciones proferidas por el dueño de una casa de cambios, Alberto Yousseff, quien oficiaba de nexo entre Petrobras y los empresarios que aportaban coimas a cambios de contratos con el Estado. "Dilma y Lula sabían de todo", aseveró Yousseff, durante su comparescencia a la Policia Federal de ese país.

El escándalo tomó la agenda del día en Brasil y modificó los planes de cierre de campaña de la Presidenta, que se refirió a ese “acto criminal y terrorista”, tal como lo definió, en una de sus últimas apariciones públicas antes de la veda.

Criminales. “Me gustaría cerrar mi campaña de otra forma”, reconoció la jefa de Estado, antes de referirse en duros términos a la publicación. Rousseff cargó contra el “acto de terrorismo electoral de la revista Veja y sus socios ocultos”, y aseguró que la investigación “avergüenza a la libertad de prensa y daña la tradición democrática”.

En un video emitido por los principales canales de TV y las cuentas en redes sociales de la campaña de Rousseff y su candidato a vice, Michel Temer, la mandataria brasileña denunció ser víctima de una “campaña sistematica contra Lula y contra (ella)”.

“Es una barbaridad, una infamia. Es un crimen”, recalcó, con un rostro tenso y gestos que daban cuenta de su enojo con el impacto de las revelaciones de la revista. “Excedió todos los límites de la decencia y la falta de ética”, bramó.

Veja miente. Al estilo de la argentina Cristina Fernández de Kirchner, Dilma hizo catarsis en las redes sociales, cuya presencia se ha vuelto cada vez más activa desde los últimos cuatro meses para sostener el eje de su propuesta, “un nuevo Brasil”, pese a que el país tiene su propia década ganada: es gobernado por el PT desde hace diez años.

Al largo enfrentamiento que mantiene el Palácio do Planalto con los medios opositores, con Veja a la cabeza, la Presidenta contraatacó: “Veja comete esta barbaridad contra mí y contra el presidente Lula sin presentar una mínima prueba”.

“Es más que clara la intención malévola de Veja de interferir de forma deshonesta y desleal en los resultados de las elecciones”, siguió la mandataria en Twitter, bajo el hashtag #DesesperoDaVeja . Sin embargo, advirtió que el semanario “fracasará en el intento criminal, que no quedará impune”. “La Justicia libre de este país va condenarlos”, amenazó.

“Los brasileños darán su respuesta a la revista y sus cómplices en las urnas y yo daré mi respuesta en la Justicia”, retrucó Dilma. Horas atrás, el oficialismo elevó un pedido a la Justicia para los ejemplares de Veja fueran retirados de circulación. “El dispositivo invocado para suspender la circulación no tiene efectos para las elecciones de 2014”, argumentó el Tribunal Superior.

Fallas en la limpieza. En 2012, Rousseff acaparó las miradas como la nueva cara de la política anticorrupción en Brasil. Con el juicio a una treintena de exfuncionarios de Lula, legisladores e históricos dirigentes del PT por el desvío de fondos públicos hacia iniciativas privadas y el armado de un complejo esquema de compra de votos en el Congreso -algunos de los cuales fueron condenados a prisión- la administración de la exministra y jefa de Gabinete prometía “fazer faxina” (“hacer limpieza”) en cualquier estamento de la estructura estatal.

El caso, conocido como el mensalão, disparó todo tipo de interpretaciones luego de la condena al ex jefe de Gabinete de Lula, José Dirceu. A la vista de opositores y medios, el procesamiento de hombres duros del PT marcaba una fisura respecto a la línea de Rousseff dentro del partido, a la que se sumaba la notoria protección del oficialismo sobre la figura de un Lula inocente y sorprendido por las millonarias maniobras que se habrían hecho a sus espaldas.

Ahora, con el estallido provocado por las declaraciones de Yousseff, la candidata a la reelección promete: “Haré lo que sea necesario, le duela a quien le duela, de investigar y castigar a quien se meta con el patrimonio del pueblo”. Si logra vencer en las urnas a Neves, Rousseff se encontrará otra vez ante el mismo desafío: ser la cara de la “limpieza” sin salpicar al inmaculado Luiz.

 

(*) Editora Ejecutiva de Perfil.com



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