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Turbios negocios detrás de la tragedia del Chapecoense

Un venezolano es dueño del avión de Lamia siniestrado. Se desmarcó de la sociedad boliviana que lo operaba. Nexos con chavistas y un empresario chino detenido.

Emporio de carton. Prometió cambios revolucionarios en la industria aeronáutica venezolana pero nunca operó allí. Alquiló su avión a Lamia Corporation, de Bolivia, de la que ahora se despega.
Emporio de carton. Prometió cambios revolucionarios en la industria aeronáutica venezolana pero nunca operó allí. Alquiló su avión a Lamia Corporation, de Bolivia, de la que ahora se despega. Foto:Cedoc Perfil
Aunque se esfuerce, el empresario venezolano Ricardo Albacete no puede desvincularse totalmente de la tragedia del Chapecoense. El fundador de la empresa, que nació en 2009 en suelo bolivariano, niega integrar Lamia Corporation SRL, la sociedad boliviana que alcanzó una lúgubre notoriedad mundial, pero admite ser el propietario de la aeronave siniestrada. “No somos accionistas ni empleados de Lamia Bolivia, sino de Lamia Venezuela; dejamos el mismo nombre para no perder la pintura del avión; nosotros somos los que les arrendamos a ellos los aviones, pero son operados por la empresa boliviana”, se defendió desde España sin mucha convicción.

La trama detrás de la aeronave de la tragedia está marcada por oscuros vínculos políticos, negocios turbios y un proyecto trunco. Hace siete años, Albacete fundó en el Estado de Mérida la Línea Aérea Merideña Internacional de Aviación (Lamia), con la promesa de financiación de encumbrados dirigentes chavistas. Su plan de negocios consistía en conectar esa región con Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Las Piedras, Valencia, Margarita, Los Roques y Canaimá. Para ello, contaría con doce aviones.

Albacete proponía una revolución en el mercado aeronáutico: en Lamia no habría “clientes”, sino “asociados” afiliados a la compañía; se ofrecería una tarifa plana para todos sus boletos y la devolución del 100% del monto del pasaje si una persona no podía viajar.

Los gobernadores chavistas de Mérida, Marcos Díaz Orellana, y de Nueva Esparta, Carlos Mata Figueroa, prometieron conseguir financiamiento para que Lamia tomara vuelo. “Margarita tendrá una empresa aérea propia y desde aquí vamos a ir a diferentes partes de Venezuela y del exterior, ya que cubrirá rutas nacionales e internacionales”, dijo Mata Figueroa, en un acto realizado en 2013, en el que posó sonriente junto a Albacete. Sin embargo, el dinero nunca llegó y el empresario mudó sus aeronaves a Bolivia.

Consultado por PERFIL, Antonio Bedregal, director de Mantenimiento de Lamia Corporation, no supo dar explicaciones sobre el vínculo de Albacete con la sociedad que lo emplea. “Los dos dueños son el capitán Miguel Quiroga, que tripulaba la aeronave, y Marco Rocha, director de operaciones. A Albacete nunca lo vi. Soy nuevo en la compañía. Me contrataron en mayo”, aseguró desde Bolivia. “No son empresas subsidiarias. Esta es una línea aérea boliviana que opera sólo con un avión, que es el que tuvo el accidente. Si es propio o alquilado ésa es una cuestión, como lo puedo explicar, de una sociedad de la que no tengo acceso a los datos”, respondió.

Diamantes sangrientos. Albacete supo vincularse comercialmente con el empresario chino Sam Pa, que utiliza al menos ocho nombres distintos según un informe del Congreso de los Estados Unidos. Fue detenido en 2015 por el gobierno chino acusado de corrupción. Al fundar su empresa, el venezolano se jactó de tener “inversores chinos”, en referencia al ex titular de China Sonangol, un conglomerado industrial multinacional.

Sam Pa hizo negocios con Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, y con los gobiernos de Guinea, Angola y Nigeria, lo que le valió ser sancionado por el Tesoro norteamericano, que lo acusó de participar en una red de tráfico de diamantes.

En 2015, Albacete le vendió a Pa el avión de la tragedia. El empresario chino había proyectado crear la primera línea aérea de Sierra Leona. “Fue una venta de palabra, entre amigos, y acordamos que compraría mis cuatro aviones”, indicó el venezolano. Pero días después Pa sería detenido y el avión volvería a manos de Albacete. Finalmente, se lo alquiló a Lamia Corporation, la compañía que llevaría a la muerte a 71 personas.