INTERNACIONAL CLINTON LO NECESITA PARA VENCER A TRUMP


Una ‘derrota digna’ de Sanders será la llave del futuro demócrata

Busca acumular el mayor capital político y cuenta con un electorado que inclinaría la balanza en las presidenciales.


Foto:AFP

A esta altura no caben dudas de que Hillary Clinton será la candidata demócrata en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Sin embargo, paradójicamente, quien atraviesa su momento de máxima gloria política no es la exprimera dama sino su rival en las internas partidarias: el sorprendente Bernie Sanders. Mientras Clinton observa con preocupación el ascenso en las encuestas de su probable adversario republicano, el excéntrico magnate Donald Trump, Sanders disfruta de algo más que una derrota digna: el veterano senador podría convertirse en la llave del éxito o el fracaso de los demócratas en los comicios de noviembre.

El candidato revelación de la izquierda estadounidense no podría aspirar a más. Los analistas coinciden en que es improbable que sea nominado a vicepresidente de Hillary. Su reelección para el Senado en 2018 está asegurada: la campaña lo transformó en el ciudadano más popular de su natal Vermont, donde ya ganó dos elecciones como independiente. Y una nueva apuesta por la Casa Blanca le queda muy lejos: debería esperar al menos cuatro años, siempre y cuando Clinton perdiera o no buscara repetir, y asumiría recién en 2021, con 79 años.

Por eso Sanders está abocado a acumular tanto capital político como sea posible para encarar la recta final de la competencia presidencial, probablemente su último gran acto en la escena nacional. Y vive el momento con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder, o de quien ya ganó más de lo que nadie hubiera imaginado: hace apenas un año ni siquiera era afiliado demócrata, y hoy tiene más de tres millones de votantes fidelizados que donaron dinero para su campaña.

Lo que la clase dirigente estadounidense se pregunta es qué uso hará Sanders de ese capital, es decir, de los delegados que lo respaldarán en la convención partidaria. Es un interrogante no menor si se contempla el perfil típico de sus seguidores: jóvenes independientes, blancos y de clase media que tienen aversión a la clase política tradicional. Según los sondeos, ese electorado es precisamente el que podría blindar a Clinton contra el crecimiento de Trump. Incluso más: en algunos estados, una porción no despreciable de los simpatizantes de Sanders estaría dispuesta a no votar o incluso a hacerlo por el republicano, cuyo discurso a favor del proteccionismo económico guarda puntos de contacto con el del senador.

Jugar con fuego. La pregunta es: ¿hasta qué punto forzará Sanders la situación? Condicionar su apoyo a Clinton a que la ex primera dama dé un giro radical a la izquierda –en temas como salud, educación o impuestos– sería jugar con fuego: Hillary necesita mantener un delicado equilibrio discursivo para no espantar a los votantes de centro, que podrían migrar hacia la candidatura de Trump. Los demócratas no olvidan lo que ocurrió en 1980, cuando Ted Kennedy insistió hasta el final de la campaña con su oposición al entonces presidente Jimmy Carter. Su disidencia resultó gravitante en la derrota de Carter frente al republicano Ronald Reagan. Esta vez, el tercero en discordia es el viejo Bernie. Mucho más que una derrota digna.



Facundo F. Barrio