INTERNACIONAL


Votaré por mi amiga Keiko

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No soy fujimorista. En 1990 hice campaña desde mi programa de televisión contra Fujimori. Cuando dio el golpe en abril de 1992 y se convirtió en dictador, renuncié y me fui de Perú. Viví en los Estados Unidos, donde todavía vivo, los ocho años en que Fujimori fue dictador. Si bien voté por Keiko en 2011 y votaré por ella mañana, no me considero fujimorista ni keikista. Keiko tenía 16 años cuando su padre dio el golpe y se convirtió en dictador y 19 años cuando sus padres se pelearon públicamente y ofició de primera dama. Cuando terminó el colegio, Keiko se fue a estudiar a Boston: sus enemigos dicen que estudió en el extranjero con dineros mal habidos por su padre, pero ¿qué hija le hace una auditoría a su padre para saber si el dinero que usa para pagarle la universidad ha sido ganado limpiamente? Cuando se graduó, le pidió públicamente a su padre que despidiera al siniestro Montesinos y se pronunció contra la reelección tramposa e ilegal de su padre en 2000. Y cuando su padre fugó a Tokio en noviembre de 2000, ella permaneció en Lima y demostró gran coraje. Por último, cuando su padre viajó a Santiago en noviembre de 2005, pensando ser presidente de Perú en 2006, y la Justicia chilena lo confinó a arresto domiciliario por casi dos años, Keiko regresó al Perú y se metió de nuevo en política para salvarlo.
Creo que precisamente porque ha sufrido el oprobio de los abusos y la corrupción de la dictadura de su padre, Keiko haría un gobierno radicalmente distinto. Está obligada a demostrar que no es, en modo alguno, como su padre. Ella quiere limpiar su apellido de las grandes manchas que le infligió su padre. Y no creo que, si ella gana, gobernarían de nuevo su padre y Montesinos, como sugieren insidiosamente sus enemigos: tal vez ella indultaría a su padre por razones humanitarias, para que no muera en la cárcel, pero estoy seguro de que no liberaría a los personajes siniestros de la dictadura de su padre.
Por último, Fujimori fue dictador ocho largos años: entre abril de 1992 y noviembre de 2000. En rigor, ocho años y medio. Fujimori ha estado en prisión en Lima desde septiembre de 2007 hasta los días que corren: es decir, ocho años y medio. Me parece bien que haya pagado con cárcel los delitos que perpetró. Pero un día en la cárcel por cada día que fue dictador me parece un castigo suficiente, razonable.
Conozco a Keiko. Es mi amiga. Tiene carácter para ser presidenta. Lo ha demostrado en los peores momentos. Sin ser fujimorista, votaré por ella porque creo que es la mejor opción para frenar el ascenso del chavismo en el Perú, encarnado por Verónika Mendoza. Si gana la señora Mendoza, es seguro que el populismo de izquierda se instalará en el Perú y cambiará el modelo económico que ha permitido reducir la pobreza en los últimos veinticinco años.

Jaime Bayly