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‘You’re fired’: Trump despidió un funcionario cada diez días

El mandatario estadounidense ostenta ese inédito récord desde que asumió en enero. Además, renunciaron decenas de diplomáticos.

Se reunirán el próximo 27 de abril.
Se reunirán el próximo 27 de abril. Foto:Pablo Temes
El magnate multimillonario Donald Trump cumpió 106 días como presidente de Estados Unidos y en promedio, cada diez días, despidió algún funcionario. El más resonado y reciente fue el caso del director de la oficina del FBI, James Comey. La decisión fue tomada el miércoles pasado y se debió, según allegados, a indagar sobre los lazos del primer mandatario con Moscú y a un mal manejo de la investigación de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Comey habría violado los principios y procedimientos del Departamento de Justicia al discutir públicamente el tema de los mails. El reabrió esa investigación a once días de la elección presidencial y también inició otra –que precipitó su salida del FBI– sobre la supuesta injerencia rusa en esos mismos comicios.

El otro caso relacionado con investigaciones al presidente fue el de Preet Bharara, fiscal del distrito sur de Nueva York. Cuando Trump llegó a la administración, pidió su renuncia y la de otros 46 fiscales a lo ancho de Estados Unidos. Bharara se negó. El ex fiscal aseguró que “quería que quedara constancia de que había una decisión deliberada de cambiar (su) mente y despedirme, particularmente teniendo en cuenta la jurisdicción de mi oficina”. Y es porque precisamente su oficina tenía muchas investigaciones en curso al momento de ser despedido, como una que involucraba al mandatario y a Fox News.

Por críticas. Después de la prematura renuncia de Michael Flynn por sus supuestas conversaciones con el embajador ruso, el gobierno de Trump dejó claro que no iba a tolerar pasos en falso dentro de sus filas. Al mes de haber sido designado director del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Craig Deore fue expulsado, en febrero pasado, por criticar las políticas exteriores de Trump hacia Latinoamérica, especialmente con respecto a México.
 
Decir que no.
Se especula que el despido de Sally Yates, a diez días de asumir Trump, tuvo que ver con su negativa en implementar la primera orden de prohibición de ingreso a EE.UU. a viajeros provenientes de siete países de mayoría musulmana. Yates fue nombrada por Barack Obama a cargo del Departamento de Justicia como Fiscal General interina mientras el Senado confirmaba a Jeff Sessions. Siguiendo la misma línea, poco después sacó abruptamente de su cargo a Daniel Ragsdale, director del Servicio de Inmigración y Control Aduanero. Algunos llamaron a este episodio “Masacre del sábado por la noche” en alusión a las renuncias del caso Watergate.

Primeros despidos.
A los pocos días de asumir, se dio de baja a una docena de funcionarios del Servicio Exterior de Carrera, dejando vacante varios cargos claves en el Departamento de Estado. Entre los funcionarios removidos se encontraba Patrick Kennedy, quien sirvió nueve años como subsecretario de Administración; las subsecretarias auxiliares de Administración y Asuntos Consulares, Joyce Anne Barr y Michele Bond, respectivamente, así como al embajador Gentry Smith, director de la Oficina de Misiones Extranjeras. Todos ellos recibieron cartas de la Casa Blanca, en las que se señalaba que sus servicios ya no eran necesarios.

Renuncias. Más allá de los despidos, hubo varios soldados que se bajaron de la cruzada Trump, pero por decisión propia. El plantel entero de altos funcionarios renunció al poco tiempo de la asunción, como parte de un éxodo masivo de altos miembros del Servicio Exterior. Los que dimitieron fueron la subsecretaria de Estado para la Administración, Joyce Anne Barr, el subsecretario de Estado para Asuntos Consulares, Michele Bond, y el embajador Gentry O. Smith, director de la Oficina de Misiones Exteriores. Todos sirvieron bajo administraciones republicanas y demócratas. A estas renuncias se sumó la del secretario de Estado adjunto de Seguridad Diplomática, Gregory Starr, quien se retiró el 20 de enero, y la de la directora de la Oficina de Operaciones de Edificios de Ultramar, Lydia Muniz.
Según The Washington Post, se trató de una limpieza casi completa de la cúpula del Departamento de Estado.


Tensión en el Congreso

La destitución de James Comey -y la torpe justificación de la decisión por parte de la Casa Blanca- provocó resquemor en el Capitolio: demócratas y republicanos están cada vez más preocupados por cómo el presidente podría afectar las investigaciones sobre la posible colusión de su campaña con Rusia.

El caos enojó a varios republicanos moderados, que tenían la esperanza de que se terminara el ciclo de controversia que marcó los primeros cuatro meses del gobierno y se llegara a un consenso sobre la agenda legislativa.

“Ciertamente con esto habrá más polarización y más partidismo, no menos”, dijo el jueves el senador republicano Tim Scott sobre las perspectivas de que el Senado derogase el sistema de salud aprobado durante el gobierno de Obama.

“Podemos caminar y mascar chicle al mismo tiempo”, declaró, sin embargo, Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes. El oficialismo busca impulsar una reforma impositiva, entre otros proyectos económicos que tiene en carpeta para los próximos meses.