MEDIOS

La foto de la muerte de Aylan Kurdi y el rol de los medios

Por Facundo Falduto | El debate sobre la publicación de la imagen de un niño de tres años desvía la atención sobre otros problemas.

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Una familia siria intenta escapar desde su país asolado por el terrorismo hacia una Europa que no quiere recibirla. Hacen escala en la localidad turca de Bodrum y parten rumbo a la isla griega de Kos, uno de los tantos puntos de entrada hacia el viejo continente. Viajan 27 personas. Naufragan y doce de ellos mueren. Entre ellos los hermanos Galip y Aylan Kurdi, y su madre Abdullah. Su padre, Renah, sobrevive. Aylan, de tres años, yace ahogado en la playa. Una fotógrafa turca, Nilüfer Demir, apunta y dispara. Y el problema, por supuesto, es la foto.

Podría empezar esta columna citando los varios debates que ocurrieron en los medios de todo el mundo sobre si era correcto publicar o no esa foto. Pero, ¿a quién le importa? Perfil.com eligió difundirla, con un recorte: así, solo se veía el cuerpo de Aylan si se elegía hacer click en la galería de imágenes. ¿Es ético? ¿Es lo correcto? No sé. Sospecho que la única sensibilidad que realmente puede salir herida por ver esa foto es la de la familia Kurdi. De los cuatro, solo uno puede verla, y su problema, en todo caso, es otro.

Podría seguir comparando a la fotógrafa turca con Kevin Carter, el fotorreportero sudafricano de National Geographic que retrató a un niño a punto de morir, junto a un buitre que esperaba. La foto, una supuesta alegoría sobre el hambre en Sudán y la indiferencia de la sociedad, ganó un Pulitzer en 1994. Ese mismo año, Carter se suicidó, en parte por las críticas que recibió por no haber salvado de la muerte al joven, en parte por los horrores que presenció cubriendo la guerra civil sudanesa. A Carter lo acusaban de no haber ayudado al chico, que en realidad estaba defecando, y no a punto de morir, cerca de un centro asistencial de la ONU. Pero el problema era la foto, claro.

Podría decir, como dijo el dibujante Ricardo Siri, más conocido como Liniers, que es culpa nuestra, que nosotros, como sociedad, dejamos morir a Aylan, como también dejamos morir al nene de Sudán. Pero eso es para Europa, no para La Matanza. ¿Qué responsabilidad tenemos 40 millones de personas, en un país apenas en vías de desarrollo en la otra punta del mundo, del terrorismo derivado del colonialismo? Somos un subproducto colonial, no la causa. En el primer mundo la foto sirve como descarga, como angustia que justifique la acción. Aylan le va a servir a Obama para poder seguir mandando drones a bombardear a ISIS en Siria (hasta que el Congreso le permita mandar tropas de a pie). Le va a servir a Europa para respaldar a Estados Unidos en los bombardeos y relajar un poco las restricciones inmigratorias antes de que el envejecimiento de su población sea irreversible y la mano de obra (relativamente) barata deje de existir. Pero acá no nos sirve de nada, ni para discutir si es culpa del Gobierno o de Clarín, así que discutamos si el problema era, claro, la foto.

Podría terminar citando a McLuhan y a la teoría hipodérmica, hablar de que los medios construyen realidad, etcétera. Pero estaría mintiendo, o en todo caso chamuyando, porque no leí nada de eso. Y porque parte de McLuhan sigue vigente, pero otra parte ya no sirve para pensar a los medios. El rol de los medios del siglo XX (apuntar a una supuesta objetividad, que no existe, a una verdad que es imposible alcanzar, a una pretendida imparcialidad) ya no corre más. Con Internet y el cambio de milenio, el mainstream estalló en mil pedazos. Quedaron mil medios, que no construyen mil realidades distintas, sino que interpelan a la realidad que el consumidor ya se construyó para sí mismo. En la era del fin de la verdad y las burbujas de filtros (tener como amigo en Facebook a quienes piensan como yo), el lector del siglo XXI sólo busca que se confirmen sus prejuicios. Elige a quién creerle, para que crea lo mismo que sus creencias. En ese contexto, vio la foto quien quiso verla, y algunos que no quisieron verla también, lamentablemente. Pero nada de eso modifica la realidad. Nada hace menos terrible el drama de Aylan, ni la modifica, ni evita el terrorismo de ISIS, ni frena a los miles que quieren emigrar a Europa, ni previene la muerte. Publicarla o no publicarla, tampoco. El problema, claro, somos nosotros.

(*) Editor de Perfil.com. Twitter: @elfaco.



Facundo Falduto (*)