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BLOOMBERG / Estados Unidos
viernes 7 septiembre, 2018

Melania salió a defender a Donald Trump tras la columna del Times

The New York Times publicó una columna de opinión en forma anónima que afirma que altos funcionarios del gobierno boicotean iniciativas presidenciales.

Timothy L O'Brien

Melania y Donald Trump. Foto: Bloomberg

Melania Trump salió en defensa de su marido el jueves, y resueltamente les hizo saber a los malvados de la Casa Blanca y The New York Times que fue inapropiado escribir y publicar una columna de opinión en que se describe al presidente como un egocéntrico y demente delincuente que podría llevar al país al abismo.

“Para el escritor del artículo de opinión: no estás protegiendo este país, lo estás saboteando con tus cobardes acciones", dijo en una declaración divulgada en CNN. "Las personas sin nombres están escribiendo la historia de nuestra nación. Las palabras son importantes, y las acusaciones pueden llevar a graves consecuencias", agregó. "Si una persona es lo suficientemente valiente como para acusar a personas de acciones negativas, tiene la responsabilidad de defender públicamente sus palabras y las personas tienen derecho a ser capaces de defenderse".

Estos son pensamientos justos y honestos. Como mi colega de Bloomberg Opinion, Francis Wilkinson señaló, "cualquiera que cree que escapa de la mancha moral y política de esta administración murmurando dudas anónimas sobre Trump es un tonto y un cobarde". Y los escritores, como destaca la primera dama, deben tener el coraje y el carácter de defender sus palabras (aunque el anonimato es una necesidad valiosa para las fuentes de los periodistas si se usan juiciosamente).

El problema con los contragolpes de Melania Trump es que el presidente Donald Trump es un hombre de 72 años que pasó la mayor parte de cinco décadas filtrando anónimamente rumores maliciosos y dañinos e información sobre amigos, enemigos, socios comerciales y sus propios familiares a páginas de chismes y periodistas. Así que tomemos en consideración el disgusto de la primera dama.

Trump solía susurrarme al oído, por ejemplo, sobre cómo un prominente CEO a menudo rompía en llantos en conversaciones con él. Quería que publicara la información, pero que la atribuyera a una fuente confidencial. (No lo hice). Basureó a sus dos exesposas de manera pública y también solicitando el anonimato. (No publiqué la información de origen anónimo). Se refirió en duros términos públicamente y en las sombras sobre el magnate de los casinos, Steve Wynn. (No escribí cosas anónimas). También dijo cosas malas – solicitando el anonimato- sobre una serie de políticos, celebridades y competidores en el negocio inmobiliario.

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Algo de esto lo aprendió sentado en las rodillas de su padre. Fred Trump usó un nombre falso -"Sr. Green"- para buscar propiedades para comprar y su hijo inventó una troika de alias -"John Baron", "John Barron" y "John Miller" - para generar historias favorables sobre él mismo en la prensa.

Como lo informó mi compañero biógrafo de Trump, el fallecido Wayne Barrett, Trump usó una identidad falsa en 1980 para contactar y engañar a los reporteros sobre cómo destruyó importantes obras de arte destinadas a ser preservadas de la fachada de una tienda por departamentos de la Quinta Avenida que estaba demoliendo. (Yo era asistente de investigación en el libro sobre Trump de Barrett).

Trump siguió haciéndolo. "Pete Hamill no quería publicar las historias de Trump en el [New York Daily News] en la década de 1990 porque dijo que demasiado a menudo era Trump tratando de servir como una fuente anónima sobre sí mismo", tuiteó recientemente la periodista Maggie Haberman del New York Times. “Y, para ser claros, a menudo intentó hacer afirmaciones sobre sí mismo con tenue base fáctica".

Trump mantiene esta tradición hoy, como observó Josh Dawsey, periodista del Washington Post:

Trump normalmente depende de fuentes anónimas, y posiblemente inexistentes, al tiempo que critica públicamente a las personas en Twitter. Y el presidente y su exabogado Michael Cohen idearon una identidad falsa para Trump -David Dennison- para ayudar a enmascarar los pagos que hizo Cohen a la estrella porno Stormy Daniels por su silencio. (Daniels dice que tuvo un encuentro sexual con Trump, que el presidente ha negado).

Filtrar de forma anónima es solo una parte del libro de jugadas que ha utilizado durante mucho tiempo Trump para manipular los medios y controlar la narrativa. Ahora está tan indignado que alguien más –y alguien de su propio gobierno- haya escrito anónimamente sobre él que ha recurrido a otro capítulo en su libro de jugadas con los medios: respondiendo con el lanzamiento de una cacería de infiltrados.

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La Casa Blanca está tratando de descubrir al desconocido columnista del New York Times. El jefe de gabinete de Trump, John Kelly, de acuerdo con el Times, redujo a 13 personas una la lista de posibles escritores del artículo de opinión. La Casa Blanca ha considerado obligar a los miembros de su equipo a tomar pruebas de polígrafo o a firmar declaraciones juradas como prueba de que no lo hicieron. (No lo llamaré una "cacería de brujas"). Trump también intentó encontrar al escritor exigiendo en Twitter que "¡el Times debe, por propósitos de Seguridad Nacional, entregarlo al gobierno de una vez!" Continuó insistiendo el jueves por la noche:

Es probable que Trump permanezca al acecho. Me demandó por difamación en 2006 por una biografía que escribí, "TrumpNation", alegando que el libro dañó su reputación al informar que tres fuentes anónimas, las cuales estaban familiarizadas con sus finanzas, creían que tenía un valor de cientos y de no miles de millones de dólares. (Perdió el caso en 2011.)

Los abogados de Trump me hicieron declarar por dos días durante el litigio y en un momento comenzaron a leer de una lista de conocidos y expertos de Trump y me preguntaron si me había entrevistado o conversado con cada uno de ellos. Una vez que me di cuenta de que estaban tras la identidad de mis fuentes anónimas, me negué a seguir respondiendo esa línea de preguntas. Los abogados de Trump me recordaron que estaba bajo juramento y que debía responderles. Aún así continué negándome, mis abogados intervinieron, y nunca volvimos al tema nuevamente.

Las fuentes anónimas, en las manos de sus críticos, claramente inquietan al presidente. El personal de la Casa Blanca y los funcionarios del gobierno pueden anticipar que la caza de infiltrados de Trump continuará. Pero eso no lo hace más creíble para que Melania Trump invoque principios que su esposo nunca adoptó y que ha pasado décadas alegremente destrozando.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.


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