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COLUMNISTAS / opinion
domingo 16 septiembre, 2018

Amor por la grieta

En estos tiempos complejos se comienza a divulgar la amenaza de intención destituyente. Estarían "los buenos" y a favor de la institucionalidad, y los "saqueadores" y destructores.

por Luis Costa

Tentado. Macri hace una búsqueda en el uso del sentido común. Foto: presidencia

No todo el mundo está de acuerdo, y en realidad es algo que suele suceder ya que operativamente es imposible lo contrario. Una de las razones de por qué nos interesa la opinión pública es porque nos atrae el cúmulo de ideas, sean estas ciertas o solo ilusorias, que se agregan para crear la esperanza de que algo es cierto o falso. Su objeto de estudio son las ilusiones expresadas con certeza de verdad, y no la verdad en sí misma, aunque podríamos decir que nos interesa que lo que se cree es verdad, lo cual convierte a eso en una forma de verdad alternativa.

La gente estuvo convencida de que el grupo de rock Kiss pisaba pollitos, que Xuxa amaba al diablo o que Macri no era de derecha, y es justamente la confección de ese entramado con forma de realidad lo que debe atenderse. Nadie como el gobierno de Cambiemos ha hecho de esto un arte casi perfecto para su utilización y hoy, empujado por el contexto, se nota más que nunca.

La tentación de Macri por usar el sentido común es muy marcada. No ofrece a los ciudadanos un rol de mediador entre las pasiones de pensamiento y la necesidad del equilibrio, sino que incentiva la primera reflexión que aparece en la mente. Dijo que los supermercados chinos no pagaban impuestos, recibió a Chocobar en la Casa Rosada como un héroe e insiste con la idea de que las universidades son solo para estudiar. En cada una de estas intervenciones Macri traza una distinción, una grieta nueva, que refuerza otras que ya existen. Macri trabaja para impulsar el conflicto sobre la difusión de supuestas verdades.

La ministra Bullrich no aborda el tema del carnicero en términos jurídicos formales, sino desde un rol populista, término que adoran para adornar a sus enemigos.

Uno de los diferenciales anunciados por el Presidente y su gabinete tenía que ver con la integración y la posibilidad de una mirada finalmente a largo plazo, con políticas de Estado sostenibles y producto del acuerdo. Sin embargo, la insistencia en describir la realidad argentina trazando distinciones tiene sus consecuencias. El sistema político tiene un formato operativo siempre en tensión, ya que es gobierno y oposición, los cuales combaten entre sí, pero el modo en que Macri despliega su visión del mundo necesita de un otro que represente todo lo que sería malo, dañino e impuro. Ese otro quedaría excluido del mundo futuro y por lo tanto disponible para ser olvidado, desatendido y arrasado. El aplauso al caso del carnicero, la felicitación a Chocobar y el uso en aumento de las fuerzas de seguridad en las protestas sociales marcan esta concepción con consecuencias sobre los cuerpos, no solo en ideas de verdad.

El derecho como disciplina es realmente complejo. Su capacidad reflexiva, es decir de pensarse a sí mismo, es asombrosa, y se pueden consultar debates sobre cuestiones de género, la relación entre las cortes supremas y los oficialismos y hasta la legitimidad o no del derecho positivo. Esta dirección de complejidad conceptual implica que existe un saber experto y otro para el resto, al que solo le quedaría la bocanada feroz del turismo “opinador” toda vez que un tema se expone en los medios. La ministra Bullrich no aborda el tema del carnicero en términos jurídicos formales, sino desde un rol populista, término que adoran para adornar a sus enemigos. Eleva un tuit hablando de que esto se trató de un fallo histórico, avalando el uso personal de la fuerza de un cuidadano, cuando en realidad es ella la que controla ese mismo uso por parte del Estado. Evidentemente le parece bueno cada tanto compartirlo y gritarlo desde la tribuna al pueblo sediento de venganza. Que ardan las calles.

En estos tiempos complejos se comienza a divulgar la amenaza de intención destituyente. En esa conformación conceptual se vuelve otra vez al esquema divisor. Estarían los buenos y a favor de la institucionalidad, y los saqueadores y destructores. El Estado se visualiza de nuevo como “nosotros” contra “ellos”, en una figura comentada cada vez más a medida que el dólar asciende. El Gobierno reconoce en esas tensiones su mejor combustible porque nace de la grieta y a la grieta se debe. Nadie debe esperar, a mayor crisis, un proceso de reducción de la tensión por parte de Macri y Peña, sino su aumento. Por lo que debería la sociedad preocuparse, no es solo por el valor del dólar y la inflación, sino por el aumento provocado del conflicto como consecuencia de la crisis. La verdad que nos encanta el populismo.

*Sociólogo.


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