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COLUMNISTAS / relajar metas
domingo 31 diciembre, 2017

Ayer nomás...

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por Luis Secco

… qué extraño es todo hoy! Y, ayer, las cosas eran como de costumbre. Me pregunto si todo ha sido cambiado por la noche”. (Lewis Carrol, Alicia en el País de las Maravillas).

La Argentina, y especialmente su economía, nos tiene acostumbrados a los cambios bruscos e inesperados. Y sobre todo en el verano. Y si bien el anuncio del jueves no significa un cambio radical del programa económico, sí es un cambio inesperado que va en la dirección contraria de lo que hasta acá había sido el principal objetivo del Gobierno: la lucha contra la inflación.
En la conferencia de prensa del jueves se usaron dos verbos que no pasaron inadvertidos. El primero fue “recalibrar” para las metas de inflación. El segundo fue “relajar” para el cambio de metas y la política monetaria.

La noción de recalibrar, o recalcular, no solo es relevante desde el punto de vista de las metas inflacionarias. Lo es también para todas las variables nominales (precios, salarios, tipo de cambio) incluyendo las expectativas que tenemos sobre esas variables. Es probable que luego del anuncio todas hayan pegado un salto hacia arriba. Y para que las variables nominales no sigan recalculándose hacia niveles más elevados, el Banco Central debería dar señales muy concretas y contundentes de que detrás del sinceramiento en materia de metas inflacionarias y del reconocimiento de que la inflación será más elevada por un período más largo de tiempo, no se esconde un menor compromiso con la desinflación. Pero ahí entra el otro verbo trágico conjugado el jueves: relajar.

Según la Real Academia Española, relajar significa aflojar, laxar o ablandar; esparcir o distraer el ánimo con descanso; hacer menos rigurosa la observancia de las leyes, reglas, etc. Relajar la política porque se relajaron las metas podría tener sentido si, previamente, no existía ninguna duda sobre el cumplimiento de las previamente fijadas. Pero ese no era el caso. Si relajar la política monetaria se traduce en una reducción de las tasas de interés del BCRA, podría producirse algún “alivio” en los que creen que la economía no crece más “por culpa” de tasas de interés positivas y altas en términos reales. Pero en la Argentina de hoy, pensar así es un error. Jugar con la idea de que un poco más de inflación no tiene costos y pensar que puede traer algún beneficio duradero en actividad económica o de solvencia fiscal ha sido uno de los errores más recurrentes y costosos de la historia política y económica del país.

Ayer nomás, el presidente del BCRA era el hombre fuerte del equipo económico. Y la política monetaria, más allá de sus detractores, era el bastión sobre el que se sustentaba todo el esfuerzo estabilizador. La puesta en escena de un equipo económico coordinado por el jefe de Gabinete puede lucir como un progreso ante quienes pedían una mayor coordinación. Pero lo que se anunció, y tal como se anunció, despierta muchos interrogantes sobre la verdadera vocación antiinflacionaria del Gobierno y sobre la necesaria independencia de la autoridad monetaria.

En un contexto donde todo parece indicar que la política volvió a tener la última palabra, cabe preguntarse qué podría suceder si la nueva meta de 15% de inflación para 2018 no se cumple. ¿Se relajarán de nuevo las metas para 2019 y 2020? ¿Se postergará la meta de 5% de inflación para 2021? Metas que no se alcanzan sistemáticamente no cumplen con su rol de metas. Metas que se modifican frente a la expectativa de un incumplimiento y que no se alcanzan ni modificadas pueden cumplirse todavía menos.

*Director de Perspectiv@s Económicas.

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