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Brujería electoral

La asesora espiritual que le armonizó el peinado a De la Sota revela que Randazzo votará por Macri, y ve una interna encarnizada.

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Parece la sala de espera de un consultorio cualquiera. Bah, cualquiera no, más bien uno muy fino: paredes blancas, sillones amplios y blancos, una mesita de vidrio bastante grande. Minimalista, casi. Casi. Porque tiene algunos detalles barrocos. O exóticos. O al menos bastante particulares: en una vitrina hay colgadas cuatro escobas y un gorro en cono con imágenes de lunas, estrellas y planetas. Y sobre una de las paredes, un trofeo de caza: la cabeza embalsamada de un unicornio. Blanco, no azul. Estoy sentado muy cómodamente sobre uno de los confortables sillones, leyendo un ejemplar de la revista Magical Today (en la mesita de vidrio hay más revistas, además de libros de hechizos, alquimia y embrujos), cuando suena mi celular. Es Carla, mi asesora de imagen.
—Sí, Carla, ya estoy acá.
—¿Ya te atendió?
—No, todavía no. Espero que me dé buen material para mi columna política en PERFIL.
—Tranquilo, ella maneja buena data ­y te va a solucionar todo –me dice Carla­–. Pero más allá de eso, es importante que veas a esa bruja.
—¡No la llames así! –me enfurezco–. Mirá si te escucha. Mejor digamos que es… mi asesora espiritual.
—Como quieras –concede Carla–. Pero tené en cuenta que es fundamental porque el asunto ahora es furor, después de que Macri fuera a una… asesora espiritual.
—¿No es muy 90 todo esto de la asesora espiritual? –pregunto–. Me da muy menemista.
—Te recuerdo que tenemos que elegir entre Macri o Scioli. ¿Qué esperabas? ¿La reforma agraria?
—¿Por qué entre Macri y Scioli? ¿Vos creés en lo que dicen las encuestas? Mirá lo que pasó en el ballottage porteño.
—Sí, perdón, me equivoqué, las encuestas dicen cualquier cosa —reconoce Carla—. En una de ésas gana la fórmula Bodart-Ripoll. El spot de Héctor Bidonde haciendo del Tano Pasman puede hacerle dar el batacazo.
Se abre una puerta y aparece una mujer descalza con una túnica naranja (no termino de descifrar si parece una hare krishna o una futura decapitada de Estado Islámico) que me hace gestos con la mano para que pase.
—Después te llamo, Carla –digo, mirando a la mujer, que me clavó la mirada–. Me va a atender la bruj… la asesora espiritual.
La mujer me pide que me quite los zapatos y me hace pasar a un cuarto bastante amplio, que sólo está iluminado con velas, con un fuerte olor a sahumerio, música oriental, sin sillas, con una alfombra de colores y varios almohadones. Nos sentamos en el piso, frente a una mesita donde hay una bola de cristal. La mujer pone sus manos sobre la bola y la mira fijamente.
—Veo a tu hija más chica ganando la elección –me dice.
—¡Pero mi hija más chica acaba de cumplir 9 meses!
—¡No me contradigas! –me grita–. La estoy viendo en el Congreso.
—Sí, porque está con la madre.
—Y está chupando esta gran bola. Tal vez esté intentando ver el futuro…
—Más bien creo que la confundió con una de las tetas de la madre.
—¡Silencio! Veo también que alguien le grita “trola” a tu mujer.
—¿Otra vez? –el asunto empieza a aburrirme–. Mire, yo sé que mi mujer es candidata y que acaba de salir en todos lados porque le dio la teta a mi hija en el Congreso. Pero…
—¡Silencio! –me interrumpe la bruj… la asesora espiritual–. Veo que tu mujer va a tener un cambio notable: va a pasar de ser la dipusex a ser la dipu-MILF.
—Uf, ya estoy podrido de que le digan cosas…
—Ah, está celoso… –dice la mujer, que sigue acariciando la bola, pero esta vez sonríe con maldad.
—No, bueno, yo…
—¡Silencio! –me grita–. Estoy tratando de ver algunas cuestiones sobre su vida familiar.
—Preferiría que me dé algunos datos políticos para mi columna, si puede ser.
La mujer se concentra un rato, pasa sus manos sobre la bola de cristal y finalmente dice:
—Veo acá grandes peleas en una interna encarnizada.
—¡Ese es un muy buen dato! –me entusiasmo–. ¿En qué interna? ¿Macri-Sanz-Carrió? ¿Aníbal Fernández-Julián Domínguez? ¿Altamira-Del Caño?
—No, en la interna de la familia Maradona. La de Diego-Claudia viene muy jodida. Mucha plata en el medio. Lo mismo la de Diego-Mancuso. Y ni hablar la de Osvaldo-Giannina-Jimena Barón.
—Mire, no me está ayudando mucho con todo esto.
—¡Silencio! –me grita otra vez. Empiezo a sospechar que le encanta hacerme callar.
—Por favor, necesito algún dato fuerte, alguna buena primicia para mi columna.
—A ver…
La mujer pasa un rato acariciando la bola, entorna los ojos, medita, observa, hasta que grita:
—¡Macri!
—¡¿Cómo?! –pregunto a los gritos, totalmente incrédulo–. ¿Usted está segura? Mire que ésa es una gran primicia…
—¡Sí, completamente segura! ¡Macri!
—¿O sea que puedo publicar que va a ganar Macri?
—No, un momentito… yo no dije eso. Lo que digo es que Randazzo va a votar a Macri.
—Pero ese dato no me sirve –me siento defraudado–. Necesito algún resultado de verdad. ¿No podría decirme quién va a ganar las elecciones?
—Por favor, eso es poco serio –me dice–. Lo mío es científico. ¿Quién se cree que soy? ¿Un encuestador?
—No, está bien, disculpe –le digo, le pago y me levanto.
La mujer toma el dinero, se lo pone adentro de la túnica, donde suele ir el corpiño, y me pregunta:
—¿No quiere, antes de irse, que le haga una armonización? Una vez le hice una a De la Sota y mire qué lindo peinado que tiene ahora…
—No, está bien, gracias, yo no soy El Hombre –le contesto y me voy.
Apenas salgo a la calle la llamo a Carla.
—Un desastre –le digo antes de que me pregunte nada.
—Me habían dicho que tenía buena información –me dice–. Igual no importa: vos sos progre y podés estar tranquilo.
—¿Por qué?
—Pensá: Scioli viajó a La Habana y se reunió con Raúl Castro. Macri dijo que banca YPF, Aerolíneas, los planes sociales y sólo falta que pida la estatización de las compañías de teléfonos celulares.
—¿Y? –pregunto, sin entender mucho.
—¿Cómo “y”? ¿No te das cuenta? Después de la revolución nacional y popular, entramos en la etapa de la colectivización de los medios de producción, en una Argentina casi soviética. Al final, Mirtha Legrand tenía razón –concluye Carla–: en este país se viene el zurdaje.