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Rafael Correa y la desmesura

El ex presidente ecuatoriano recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de La Plata, y tiene más que Stephen Hawking, pese a que su fuerte no es la academia, sino la violencia contra quienes no piensan como él.

Correa, cuando recibió otro premio de la Universidad de La Plata en 2012.
Correa, cuando recibió otro premio de la Universidad de La Plata en 2012. | Télam

En 2014 varias diputadas correístas presentaron un proyecto de ley para despenalizar el aborto cuando la mujer ha sido violada. Rafael Correa anunció que si se aprobaba esa ley, renunciaría a la presidencia de la República, exigió que retiren el proyecto, dijo que pediría su descalificación como diputadas y su expulsión del partido. En este tema ningún político conservador ha tenido posiciones tan radicales. Correa en realidad nunca fue de izquierda o de derecha, sino que vivió en la extrema impostura. Un presidente democrático no amenaza ni chantajea, propicia la libre discusión de las ideas.

El síndrome de Hubris le llevó a protagonizar escenas que serían cómicas si no fuese por el dolor que causaron a miles de personas. Todo autoritario tiene como blanco a los periodistas. Durante una rueda de prensa una comunicadora preguntó algo que no le gustó y respondió: “Yo a usted no le respondo porque es una gordita horrorosa”. A otro periodista de baja estatura no le respondía porque era un “Tarzán de bonsai”, a otros porque parecían pitufos. Cuando en un programa de televisión o de radio alguien lo criticaba, el gobierno interrumpía la programación para insultar y calumniar a quien estaba hablando. Durante su gobierno se cerraron periódicos y revistas, y se amenazó tanto a la prensa que quedaron pocos medios independientes que se atrevían a hablar de política, mientras los medios gobiernistas se dedicaban al culto a la personalidad de Correa y a denostar a sus opositores.

En todos lados la gente odia los piquetes y si un gobierno los reprime con brutalidad, puede sacar réditos. Correa comprendió la fórmula. El año 2010 Pepe Acacho, líder de los indígenas shuaras, participó de un piquete. Fue acusado de “terrorismo” y condenado a 12 años de prisión. Los shuar son la mayor etnia de la Amazonía, tradicionales por su firmeza, los blancos racistas los llamaron “jíbaros” (perros salvajes) como lo hace también alguna reconocida escritora de nuestro país. El enfrentamiento de Correa con los indígenas subió de tono. (https://www.youtube.com/watch?v=MtpUJXmR7iU).

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Cuando llegó al poder habló unas frases en quechua y empezó a vestir con camisas bordadas con flores. El y los turistas creían que esa era la indumentaria típica de los indígenas. Quienes hemos tenido contacto con culturas andinas desde la infancia sabemos cuando alguien habla quechua y cuando emite sonidos memorizados. Correa ignoraba que las camisas floreadas son vestimenta exclusiva de las mujeres y sus camisas, una farsa.

Arremetió contra las organizaciones ecologistas a las que descalificó y dictó un decreto que le permitía clausurarlas a su voluntad. Disolvió la Fundación Pachamama y cuando intentó acabar con Acción Ecológica tuvo que retroceder por el masivo repudio internacional y la condena de la ONU. Inteligentemente arremetió en contra de los sindicatos y los partidos de izquierda tradicionales, dejándolos en una profunda crisis. Pero también peleó con los abogados, los médicos y todo grupo que se le cruzó en el camino.  Al final de su gobierno acumuló el rechazo radical de las organizaciones sindicales, indígenas, ecologistas, de lucha por los derechos de las mujeres, de periodistas, empresariales, profesionales.

La represión en contra de los estudiantes fue brutal. Los “diez de Luluncoto”, nueve estudiantes y un profesor, fueron apresados en una manifestación, condenados como terroristas por jueces obsecuentes. Pasó lo mismo con cientos de jóvenes a los que además humilló obligando a sus madres a pedirle perdón de rodillas. Hubo casos en los que las palizas que propinó a los adolescentes fueron tan brutales que tuvieron que ocultarlos más de una semana para que no aparezcan desfigurados ante las cámaras.  

A Correa le gustaba reprimir personalmente a la gente, abusando de su autoridad y de su físico atlético. El 1° de mayo de 2014 la caravana presidencial pasaba por un barrio de Quito cuando un adolescente hizo un gesto de desaprobación con sus manos. Los vehículos se detuvieron, bajaron decenas de policías, guardaespaldas y el propio Correa para atacar al niño. Según su testimonio, “entre la confusión apareció Rafael Correa. Viene y me golpea el pecho y me dice ‘aprende a respetar, muchachito, yo soy tu presidente, muchachito malcriado’. Al presidente le temblaban las manos y se le iban las lágrimas de la ira” (http://www.prensalibre.com/internacional/presidente-rafael-correa-se-muestra-intolerable-con-un-joven-que-lo-insulto). No fue un hecho aislado. Decenas de veces detuvo el vehículo presidencial para atacar físicamente a ciudadanos comunes, amedrentarlos, y perseguirlos.

El peor incidente tuvo lugar el 30 de septiembre de 2010, cuando 800 policías hicieron huelga protestando porque habían suprimido una canasta de víveres y juguetes que tradicionalmente les entregaban en las Navidades. Correa quiso resolver el problema a trompadas. Fue al cuartel de policía y dijo: “¡Si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana, mátenlo si tienen poder, mátenlo si tienen valor en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos!”. Se armó una enorme trifulca. Los gases lacrimógenos inundaron el lugar y Correa se lastimó una pierna que se había operado en esos días. Su escolta lo llevó al hospital del cuartel para que lo curaran. El incidente duró nueve horas en las que se mantuvo en control de la situación, dirigiendo a sus ministros a través de teléfonos que nunca le fueron incautados. El director del hospital, Coronel César Carrion, y otros médicos le pidieron que se fuera, pero un ser excepcional como él no podía salir humillado con una venda en la rodilla. Dijo que se consideraba secuestrado y ordenó al ejército que bombardeara el hospital. Murieron un civil, dos soldados, dos policías y se produjeron 200 heridos. El periódico El Universo publicó un artículo sobre lo ocurrido. Correa enjuició al autor y a los directivos del periódico por calumnias. Sus jueces los condenaron a tres años de prisión y una indemnización de 42 millones de dólares. Podríamos mencionar cien casos más de abuso de poder en los que Correa trató de comportarse como un líder sobrenatural y solo hizo el ridículo.

Todo esto sirvió para que la Universidad de La Plata le otorgue un doctorado honoris causa por su lucha por la libertad de expresión. Fue su decimoquinto doctorado honoris causa, que le puso por encima de Stephen Hawking, un intelectual que solo obtuvo doce títulos, un flojo que nunca resolvió los problemas a trompadas. A despecho de tanto doctorado el fuerte de Correa no es la academia. Fue fugazmente profesor de una universidad privada de la que lo echaron. Publicó un libro promovido en el continente con el aparato del Estado ecuatoriano. En Buenos Aires tuvo un boom tan importante como el de Germán Garmendia, como lo puede atestiguar cualquier librero.

Como bastantes otros políticos, Correa es un entusiasta lector de solapas pero no llega a los textos de los libros. En la campaña electoral de 2014 y en su reciente gira por Argentina citó con frecuencia frases de El arte de ganar, aunque no se acordaba ni el nombre de nuestro libro y las citas eran falsas o sacadas de contexto. Siempre vive en la impostura: memorizó frases de un libro cuyo nombre no se acuerda. Si lo estudiaba hace cuatro años, habría podido entender por qué perdió 18 de las 20 alcaldías que se disputaron aunque en algunos casos tenía excelentes candidatos. No fueron derrotados  los candidatos, sino la egolatría desatada de Correa. También habría entendido una de las razones de su derrota con el 32% de votos frente al 68% que obtuvo Lenin Moreno hace pocos meses. Ciertamente habría aprendido que hay que respetar a la gente, no habría tumbado la puerta de la casa de una familia para golpear a sus integrantes porque supuestamente le habían lanzado un huevo (https://www.youtube.com/watch?v=a33ghop9-3g), ni habría ingresado a la ciudad de La Maná insultando a los electores con un megáfono y lanzándoles piedras. Vale la pena ver estos videos para reírnos del Hubris en este domingo de Pascua. (https://www.youtube.com/watch?v=RZ8HSQy20TU).

*Profesor de la GWU.Miembro del Club Político Argentino.