COLUMNISTAS

Cuándo (parte 2)

Ayer se abrieron los sobres de ofertas para la licitación de las represas de Cóndor Cliff y La Barrancosa en la provincia de Santa Cruz (ver página 18). El lunes pasado, el diario Clarín le dedicó al tema su principal título de tapa denunciando que Lázaro Báez compró a sabiendas tierras que serían inundadas por las represas para beneficiarse con indemnizaciones muy superiores a su valor de compra.

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ALBERTO FERNANDEZ, en el lanzamiento de su agrupación Argentina Futura en Lanús. Y lo publicado por PERFIL en 2008 sobre las represas de Santa Cruz.

Ayer se abrieron los sobres de ofertas para la licitación de las represas de Cóndor Cliff y La Barrancosa en la provincia de Santa Cruz (ver página 18). El lunes pasado, el diario Clarín le dedicó al tema su principal título de tapa denunciando que Lázaro Báez compró a sabiendas tierras que serían inundadas por las represas para beneficiarse con indemnizaciones muy superiores a su valor de compra. El hecho ya había sido publicado en el año 2008 por PERFIL y Lázaro Báez ha venido siendo protagonista de las páginas de este diario desde hace cinco años, cuando los medios no mencionaban su nombre (salvando las enormes distancias, y sin que pretenda ser un paralelo para Báez, lo mismo sucedió con Yabrán hasta el asesinato de Cabezas).
También el domingo pasado, el presidente de la Unión Cívica Radical, Ernesto Sanz –y a partir del procesamiento del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime– dijo en el reportaje extenso de PERFIL que la Argentina cambiará el día que los jueces juzguen a los funcionarios en el momento de fortaleza del gobierno al que pertenecen y no cuando ellos caen en desgracia o ese gobierno pierde el apoyo del público. Y agregó que lo mismo que les reclama a los jueces le pide también al periodismo, para que denuncie los actos de corrupción cuando los gobiernos están en su fase de fortaleza y no sólo en la del ocaso.
La mejora de la democracia no sería completa si esa exigencia fuera sólo para los jueces y los periodistas; además, debería ser extensiva a los políticos del partido gobernante que no estén de acuerdo con sus conductores.

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Es necesario que cada partido tenga su propio disenso democrático expresado en diferentes líneas que permitan alternativas para que, cuando el sector mayoritario pierda el apoyo de la ciudadanía, no sea todo el partido el que pase al ostracismo. No puede haber un partido que se defina como “el partido del poder” donde todos se alinean con el que manda, como ha venido sucediendo con el peronismo, para que luego las mismas personas que estuvieron con Menem, con Duhalde y con Kirchner a pesar de que cada una de ellas consideró a su predecesor un ser execrable, y sus políticas responsables de la destrucción de la Argentina, se reciclen entre sí sin sentirse partícipes de los errores que pasan a criticar.
El ejemplo actual más emblemático es el de Alberto Fernández, quien después de haber sido el principal ejecutor de las políticas de Néstor Kirchner, en sus peores años, cuando su poder era omnímodo y las vejaciones a las que sometía a sus oponentes eran las máximas, y además haber sido el principal funcionario de su gobierno, hoy pretende reciclarse como si lo sucedido entre 2003 y 2008 le fuera ajeno.
En alguna medida, esta crítica le cabe a Julio Cobos, quien a pesar de poder apelar a la excusa de haber creído la promesa de Cristina Kirchner de diferenciar su presidencia de la de su marido en el sentido de mayor institucionalidad, ortodoxia y regreso a formas más civilizadas, mínimamente es responsable de ingenuidad. En una excelente columna de ayer en el diario La Nación, Beatriz Sarlo le marca estas críticas al vicepresidente y se pueden leer en www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1234728. Pero no es lo mismo haberse dejado engañar motivado por la conveniencia (Cobos) que haber sido partícipe del mal también por conveniencia (Alberto Fernández).

La lista es mucho más amplia, con célebres integrantes del peso de Scioli o Reutemann. Como se ve, la Justicia, el periodismo y la política están atravesados por el mismo tiempo subjetivo (para Freud los procesos anímicos son atemporales), la misma desmemoria funcional (para Kant nos autopercibimos bajo la forma del tiempo) y temporalidad transfigurada. Nuestro problema es más el “cuándo” que el qué.
Crono, el dios del tiempo, se comía a sus hijos porque Urano le había vaticinado que uno de ellos lo derrocaría. Así fue (uno de sus hijos, Zeus, se salvó y encarceló al padre). Así sigue siendo hoy la política (y el periodismo y la Justicia).