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COLUMNISTAS / UN PAIS EN SERIO
domingo 5 agosto, 2018

Destino de Gloria

Un cuaderno puede servir para muchas cosas, como anotar tareas escolares siempre que, dolorosamente, la escuela no explote.

por Pablo Marchetti

Que vaya presa Cristina sería la prueba de que el Poder Judicial sí es independiente. Es lo que menos le conviene al Gobierno en este momento. Foto: cedoc perfil

Estuve dos horas frente a la compu, en mi oficina, y no se me ocurrió nada. Entonces decidí volver a las fuentes: birome, cuaderno y a escribir a mano.  Las ideas siempre fluyeron mejor a pura tracción a sangre.
La cosa funciona. Escribo un buen rato con una letra desprolija cuando entra Carla, mi asesora de imagen. Carla retira la vista de su iPad, se acerca corriendo a donde estoy, me saca la birome de la mano y revolea el cuaderno por los aires.
—¿Vos estás loco? –me grita, enfurecida.
—¡Vos estás loca! –le respondo, sin comprender qué es lo que pasa–. ¿Cómo me vas a sacar así lo que estoy escribiendo? ¿No te das cuenta de que estoy inspirado?
—¡Estás demente, querrás decir! –sigue gritando–. ¿Cómo vas a anotar cosas en un cuaderno? ¿Qué vas a hacer después de eso? ¿Llevar bolsos con plata a un convento?
—¡No seas exagerada! –exclamo–. Además, la culpa no es del cuaderno sino de quien le da de comer. O de coimear, para ser más exactos.
—En eso tenés razón. Un cuaderno puede servir para anotar tareas escolares, para escribir poemas de amor, para transcribir una receta de cocina o para llevar un registro detallado de los millones que te choreás.
—Así como el mismo bisturí que te salva la vida en un quirófano te la puede quitar en un callejón oscuro…
—Sos un poeta. Deberías anotar esos versos en el cuaderno.
—Si me lo permitís…
—Dale nomás –accede Carla–. Después de todo, el cuaderno te permite hacer un mea culpa y ampararte en la ley del arrepentido.
—¿Qué pasaría si cada uno de los implicados en la cadena de pagos se presentara como arrepentido? –pregunto–. Porque supongo que siempre hay alguien más arriba como para echarle la culpa. ¿Quedarían todos libres, en ese caso?
—No, por supuesto que no –responde Carla–. Para la Justicia siempre va a haber un culpable.
—¿Y quién sería?
—Depende.
—¿Depende de qué?
—Depende de quién gobierne en ese momento –responde Carla—. Y de qué le convenga al Gobierno.
—Te noto un poco escéptica respecto de la independencia del Poder Judicial.
—¡Para nada! ¿Cómo voy a dudar de la independencia del Poder Judicial? Sería un absurdo. Como dudar de la transparencia del financiamiento de la política.
—¿Creés que con todo esto puede ir presa Cristina? –pregunto.
—Que vaya presa Cristina sería la prueba de que el Poder Judicial sí es independiente –responde Carla.
—No entiendo. ¿No podría ser esa una maniobra del Gobierno?
—¿Vos estás loco? –exclama Carla–. Lo que menos le conviene al Gobierno en este momento es que Cristina vaya presa. Porque lo que más le conviene es que sea candidata el año que viene.
—Pero, ¿y si gana?
—Las chances de que Cristina gane son pocas comparadas con las chances de que divida al peronismo y le allane el camino a Macri para la reelección. En cambio si no se presenta, el peronismo puede unirse y ahí el Gobierno la tendría más complicada.
—Pero hay gente que dice que puede ganar Cristina –opino.
—También hubo gente que dijo que había un 20% de posibilidades de que Santiago Maldonado estuviera en Chile. Puede que ahora digan que hay un 20% de posibilidades de que el documental sobre Santiago Maldonado se proyecte en Chile.
—¿Vos decís que Cristina no tiene chance de ganar? –pregunto.
—No, yo digo que en este país nunca se puede decir nunca –responde Carla–. Pero que al Gobierno le sirve, eso no hay dudas.
—¿Querés decir que hay gente que debería llamarse a silencio? –insisto.
—Puede ser –contesta Carla–. Pero estoy segura de que esa gente no debería ser la gobernadora María Eugenia Vidal, que dijo que prefería no hablar de la explosión de la escuela en Moreno, donde murieron dos personas, porque era un momento de mucho dolor.
—Hay que reconocer que sí es un momento de dolor…
—Obviamente. ¡Pero es la gobernadora! Imaginate si cada vez que dan cifras de pobreza, de desnutrición o de desempleo, los funcionarios dijeran: “No hablemos de eso, es un bajón”.
—Coincido con Vidal –digo–. Dejemos de ver todo lo negativo. Miremos el lado bueno de las cosas. Somos un país grande, un país rico. Tenemos un destino de gloria.
—Tenés razón, tenemos un destino de Gloria –concluye Carla—. Pero lamentablemente es un destino de cuaderno Gloria. 


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