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El Banco Central, otra diferencia entre Lula y los Kirchner

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| Cedoc

Si es necesario un ejemplo para ilustrar la distancia que separa el gobierno de los Kirchner con el del vecino Luiz Inácio Lula da Silva ahí está el caso del Banco Central: mientras Lula flirtea con el titular del BC brasileño, el ex banquero Henrique Meirelles, para que se convierta en el compañero de fórmula de su candidata presidencial, Dilma Rousseff, en la Argentina Cristina intentó echar por decreto a Martín Redrado por su reticencia a liberar reservas para pagar la deuda.

Varias causas explican el trato diferente. Por un lado, la política económica brasileña descansa en el Banco Central, en su esquema de rígidas metas de inflación y superávit fiscal primario que orienta la tasa de interés básica que periódicamente fijan Meirelles y sus muchachos. Podría decirse que es una política de Estado en la medida que el esquema fue heredado del último tramo del gobierno anterior, de Fernando Henrique Cardoso.

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Meirelles es el hombre fuerte de la política económica del gobierno lulista. Se trata del ex presidente a nivel mundial del BankBoston, un liberal u ortodoxo que volvió a su país en 2001 para dedicarse a la política; fue elegido diputado por su provincia natal, Goiás, por el partido de Cardoso, del cual emigró sin siquiera asumir su banca para aceptar el ofrecimiento de Lula de encabezar el Banco Central.

Lula quiere que sea el candidato a vice de su fuerza política, pero Meirelles apuesta a ser gobernador, de Goiás o de San Pablo. Es un hombre práctico, acostumbrado a ganar: la sucesión de Lula no está asegurada, ni mucho menos.

Hay también una cuestión de estilo político: Lula ejerce un liderazgo de consensos en el marco de un sistema con instituciones sólidas, como el Congreso o el Banco Central. Por eso, trata siempre de sumar aliados, un método que lo obliga a respetar cuotas de independencia o de autonomía. Es un juego delicado, para el cual se necesitan astucia y cintura, dos atributos que el ex sindicalista posee. Además de una cuota de carisma con la cual probablemente se nazca. Los Kirchner, en cambio, están acostumbrados a otro juego, más vertical, a tono con sus estilos y con una característica del sistema político criollo: la delegación de los flujos de poder en la Presidencia, una “democracia delegativa” que en estos momentos muestra signos de debilitamiento.

*Editor jefe del diario PERFIL.