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COLUMNISTAS / econOMISTA DE LA SEMANA
viernes 28 julio, 2017

El déficit comercial más grande desde la convertibilidad

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Paula Español / Directora de Radar Consultora

Una de las grandes promesas de campaña de Cambiemos era reinsertarnos en el mundo, y así, la “normalización” de las relaciones con las potencias globales apuntalaría nuestro intercambio de bienes y servicios. Sin embargo, tras un 2016 marcado por la recuperación del superávit comercial, este año reaparecieron las señales de deterioro: importaciones récord junto con exportaciones que no logran despegar, redundan en un rojo comercial creciente.

Dado que la demanda doméstica sólo muestra una tenue recuperación y el mundo no logra suplir las carencias locales, la producción y el empleo están sufriendo el incremento de la competencia externa. De hecho, las últimas estadísticas publicadas por el Ministerio de Trabajo confirman que la industria mantiene una constante sangría de puestos de trabajo registrado: desde noviembre de 2015 a mayo de 2017 se han perdido casi 56.000 empleos.

Así, en junio el balance comercial continuó en terreno negativo: el rojo rozó los US$ 750 millones, revirtiendo el superávit de US$ 175 millones registrado en igual mes de 2016 y marcando el peor junio desde la Convertibilidad. El deterioro en relación al año anterior obedeció tanto a una caída de las exportaciones (-2,6% i.a., llegando a US$ 5.150 millones y marcando un mínimo para los últimos diez años) como a un crecimiento de las importaciones (+15,4% i.a., rozando los US$ 6.000 millones).

Al analizar el acumulado anual, el magro desempeño se profundiza: mientras que en la primera mitad de 2016 se había registrado un saldo comercial positivo de casi US$ 700 millones, el mismo se esfumó en 2017, arrojando un déficit mayor a US$ 2.600 millones (lo que implica el peor resultado para la primera mitad del año desde 1994). Esta dinámica responde al crecimiento
de las compras externas (+13% en lo que va de 2017), ya que los envíos al exterior alcanzaron un magro avance de 1% en el primer semestre del corriente año.

Cabe destacar que un salto importador, o un deterioro del saldo comercial, no necesariamente representan datos negativos: pueden ser la consecuencia del crecimiento de la inversión o del repunte de la actividad. Sin embargo, al revisar los datos del INDEC, corroboramos que no son las cuentas vinculadas a los gastos reproductivos las que están liderando el incremento de las compras externas. Por un lado, el crecimiento de las importaciones de bienes finales no se detiene, aún con un consumo interno que no termina de arrancar. En efecto, este tipo de bienes trepó 12% en el primer semestre (medido en cantidades), con un destacado dinamismo de los más diversos productos: de calzado e indumentaria a alimentos y bebidas, pasando por productos de perfumería y limpieza, entre otros.

De la misma manera, la importación de vehículos livianos, muestra un incremento semestral del 39% i.a. La consecuencia directa de este fenómeno se observa en una mayor participación de autos importados en el total de patentamientos durante 2017 (17 p.p. de suba en el market share a lo largo de los últimos dos años, llegando al 70%) y una contracción de la producción automotriz nacional (mayor al 15% al comparar la primera parte de 2015 con la de 2017).

Por otro lado, el avance de 10% i.a. en bienes de capital fue impulsado fundamentalmente por la compra de camiones, vagones y maquinaria vial, lo que no impacta directamente en la inversión. Las importaciones de bienes de capital crecieron 17% en valores (un salto de casi US$ 950 M) y 10% en cantidades en la primera mitad del año. Sin embargo, contrario a lo que se podría leer a primera vista,
esto no implicó un fortalecimiento de la capacidad productiva. De acuerdo a la clasificación del INDEC, el 50% de la suba obedece a los equipos de transporte de carretera (crecieron +45,2% i.a.) y poco menos del 20% a la compra de vagones y locomotoras (las importaciones ascendieron a US$ 160 M y no se habían registrado ingresos en el primer semestre del año pasado). Así, podemos destacar los siguientes casos particulares:
Camiones: explican gran parte del crecimiento de Equipamiento de Transporte Industrial. Las importaciones más que se duplicaron, al saltar de US$ 320 M a US$ 660 M. Cabe señalar que
estos productos no suelen estar relacionados con una mejora en los niveles de productividad ya que sus usos pueden no estar vinculados a actividades productivas. Más del 90% de estos ingresos provino de Brasil.

Maquinaria Agrícola: las compras pasaron de US$ 200 M a US$ 310 M (+53%) como consecuencia de una mayor demanda del sector agrícola. Las compras al exterior de maquinaria agrícola se dispararon durante los últimos meses por encima de las de origen nacional, sobre todo en cosechadoras y tractores, generando reclamos de los productores locales.

Maquinaria Vial:  impulsadas por la obra pública, más que se duplicaron en la primera mitad del año, trepando 111% i.a., superando los US$ 270 M en el primer semestre de este año.

En contraposición, en los ingresos Maquinarias para Aplicaciones Industriales se registra un leve retroceso de US$ 620 M a US$ 610 M en la primera parte del año.
Esto se condice con el bajo nivel de utilización de capacidad instalada de la industria (65% al mes de mayo), como consecuencia de la persistente caída del nivel de actividad manufacturera.
Por ende, el avance en las importaciones de bienes de capital no es la manifestación de un proceso generalizado de aumento de la inversión, sino que, por el
contrario, se limita a un número reducido de productos, que no necesariamente implican una ampliación de la capacidad productiva del conjunto de la economía.

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