COLUMNISTAS JUVENTUD Y LIDERAZGO

El irreversible hijo-tributo

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El acto de La Cámpora en Argentinos Juniors fue un gran éxito. Me refiero a la convocatoria: ninguna fuerza política puede mover hoy entre cuarenta y cincuenta mil personas para celebrar nada más que el sentido de pertenencia. Obviamente, es indisimulable el hecho de que La Cámpora es una agrupación política creada y financiada desde el poder. Pero así, no se moviliza semejante cantidad de gente sólo con contratados desde el Estado. Negar eso es negar la política.
En La Cámpora hay varias clases de dirigentes. Por un lado, los cuadros técnicos que vienen del campo intelectual o académico y que, independientemente de que uno esté o no de acuerdo con lo que hacen o proponen, es innegable que tienen un compromiso y una convicción para llevar adelante sus ideas. Axel Kicillof es su mayor exponente.

Hay también dirigentes que vienen de una larga militancia y que, nos gusten o no, hacen política hoy en la Argentina y en el peronismo, con todo lo que ello implica. O sea, no difieren de otros del PJ, sean kirchneristas, sciolistas o massistas. El Cuervo Larroque y José Ottavis son, quizá, los mejores ejemplos.

Hay, finalmente, una zona de misterios insondables. Un grupo de jerarcas que están allí por su historia. Pero no por una historia militante que no tienen. Lo que tienen es una historia personal. Juan Cabandié, por ejemplo, que está ahí porque es un nieto recuperado, pero antes no había militado nunca. O el capo mayor, el jefe que salió de las sombras, la estrella indiscutida del acto de Argentinos Juniors: Máximo Kirchner.
Así como están los Danger Four o los Beats, los que hacen homenajes a Joaquín Sabina o a Ricardo Arjona, Máximo Kirchner es un político tributo. Un tipo que es el reflejo más fiel de la principal falencia de La Cámpora: la construcción de referentes electorales.

Ottavis o Larroque pueden manejar (bien o mal) territorialmente la agrupación. Pero no tienen votos. Kicillof tal vez sea el más potable, aunque su suerte está atada a la de una economía que no parece dar demasiadas señales de recomponerse. Cabandié es una sombra y Máximo es, entonces, la jugada más desesperada.

El éxito del acto de Argentinos Juniors es haber dado señales de que, nos guste o no, hay futuro en el kirchnerismo. O de que puede haberlo. Que esa zona gris (o esa entelequia) entre el PJ y el progresismo no está muerta. Y que puede ser un problema para el resto de los sectores de centroizquierda, sean o no hoy aliados del Gobierno.

Ahora bien, ¿quién representaría a esa corriente? ¿Esta versión local y devaluada de Kim Jong-un? Si es así, hay que destacar que Máximo llegó tarde. Que su momento fue en 2011. Que debería haber sido candidato entonces para aprovechar la ola de la muerte del padre y ocupar el lugar de hijo-tributo que el morbo nacional le hubiera ofrecido gustoso. Miren, si no, a otro ilustre hijo-tributo, Ricardito Alfonsín. Algo así como un Ziggy Marley de la política.

Máximo se dejó estar. Dejó que otros hablaran por él, que corriera el rumor sobre su adicción a la PlayStation, su alergia al trabajo, su vocación administrativa de los negocios familiares más que del capital político familiar…  
 
Hoy el hijo-tributo decidió ponerse al frente de una juventud que no lo contiene a sus 40 años, pero que le aplaude cada uno de los intentos. Como si el hijo de Enzo Francescoli debutara con 40 años en la primera de River y, sólo porque les devuelve un par de pases a sus compañeros, un grupo de hinchas se entusiasmara pensando que es un crack.

Insisto, el acto de Argentinos Juniors fue un éxito. Por la convocatoria y porque demostró que, más allá de cualquier bronca coyuntural, el kirchnerismo puede quedar muy bien plantado en la historia política argentina. Y que es esa perspectiva histórica la que le puede dar futuro.
El problema es el liderazgo del hijo-tributo. O el problema es si el hijo-tributo puede expresar algún tipo de liderazgo. Si la respuesta llegara a ser sí, bien podemos imaginar que la historia argentina hubiera cambiado absolutamente si Marta Holgado aparecía en 1974 a decir sus verdades. Porque mucho más irreversible que el hijo-tributo de Néstor es la hija-tributo del General.

*Periodista.


pmarchetti


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