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COLUMNISTAS / UN PAIS EN SERIO
domingo 13 mayo, 2018

En el Fondo hay lugar

Los pedidos de Dujovne a la directora feminista del nuevo FMI. De Strauss-Kahn a nuestro Cohen Sabban.

por Pablo Marchetti

Christine Lagarde con Nicolás Dujovne. Foto: Cedoc

 —¡Zafamos! –grita Carla que entra a mi oficina dando un portazo.
Estoy escribiendo mi columna política y me desconcentro un poco. Algo que no me viene del todo mal, porque no se me estaba ocurriendo absolutamente nada.
—¿De qué zafamos? –pregunto.
—Zafamos porque la coyuntura internacional es favorable. ¡Zafamos porque el mundo nos sonríe!
 —¿Vos decís que el préstamo del Fondo Monetario Internacional va a solucionar la crisis económica?
 —No, digo que zafamos porque Messi llega diez puntos al Mundial.
 —Necesito escribir mi columna política, dejá de hablarme de Messi –me quejo.
 —OK, pero vos dejá de hablarme del FMI.
 —¿Cómo hago? Si de lo único que se habla en estos días es del acuerdo con el FMI, del préstamo del FMI, de las reuniones con el FMI.
—“¿Qué es robar un banco al lado de fundar un banco?”, decía Bertolt Brecht –cita Carla–. Y el FMI es como la nave madre de los bancos, el banco de bancos, el primus interpares. Así que imaginate…
 —Pero mirá que el ministro Nicolás Dujovne dice que este FMI no es el mismo que el de hace veinte años…
—En eso tiene razón –responde Carla–. Hace veinte años, el FMI no tenía cuenta de Twitter. Y, en cambio, tenía fax. Era muy distinto.
—No seas mala, hay otras diferencias –me enojo.
—Por supuesto –reconoce Carla–. ¿Qué fue lo primero que le dijo Christine Lagarde a Dujovne apenas se vieron en Washington?
 —Estás corto de mujeres –respondo, citando las palabras de Lagarde.
 —Exacto –asiente Carla–. Porque éste es un FMI feminista, con perspectiva de género. Tené en cuenta que veníamos de un violador y prostituyente como Dominique Strauss-Kahn.
 —Es cierto, me había olvidado de Strauss-Kahn. Que era algo así como el Cohen Sabban del Fondo Monetario.
 —Ponele –reconoce Carla–. La diferencia está en que Strauss-Kahn violaba mucamas de hotel. En cambio Cohen Sabban apenas acosa a negacionistas del Holocausto.
 —¿Vos decís que lo hacía como una forma de Justicia en nombre de su pueblo?
 —No sé si tanto –reconoce Carla–. Pero siempre está el riesgo de que, si te ensañás mucho con él, te acusen de antisemita. ¡Si hasta Beraja les dijo antisemitas a los que lo acusaron de corrupto!
—¿Y los baboseos que comentaron Ursula Vargues y mi mujer?
—Son daños colaterales. Cuando estás persiguiendo Justicia pasan esas cosas.
—Me parece que nos fuimos a cualquier parte –digo, tratando de retomar la charla–. Estábamos hablando del nuevo FMI feminista y de su directora.
—Cierto –admite Carla–. Te decía que Lagarde, a diferencia del viejo FMI machista, hace referencia al cupo femenino en el gobierno argentino. No te extrañe que cuando apruebe el crédito aparezca con un pañuelo verde en el cuello.
—¿Vos decís que va a aprobar el crédito? –pregunto.
—Y, si después de todo esto, el FMI no aprueba el crédito, deberíamos ir todos a los botes y abandonar rápidamente este país.
—Estás siendo un poco alarmista, ¿no te parece? –pregunto.  
—Tenés razón, la gente es muy prejuiciosa. Acá en este país se dispara el dólar, el Gobierno le ruega un acuerdo al FMI y todo el mundo empieza a hablar de crisis.
—Sí, es un poco discriminatorio todo esto –agrego.
—Muy discriminatorio –agrega Carla–. ¿Por qué llamarla “crisis”? Deberíamos hablar de “situación financiera con capacidades de crédito diferentes”.
—Sí, a ver si además del FMI también se enoja el Inadi. Eso sí sería jodido en serio.
—Además, tampoco es que es mucha guita…
—Apenas 30 mil millones de dólares, una ganga –digo.
—Bueno, hay que ver qué pasa con eso, porque hay una interna grande en el Gobierno. Dujovne dice que son 30 mil. Pero Darío Lopérfido insiste en que son 8 mil.
—Habría que mandarlo a él para que negocie –opino–. Por ahí nos consigue una quita importante en los intereses.
—O a Esmeralda Mitre –dice Carla–. Total, ahora que el FMI está en modo #NiUnaMenos no va a tener ningún problema.  
—O a Elisa Carrió –digo–. Quién te dice, en una de ésas pide “matar a Christine Lagarde”, igual que pidió “matar a Duran Barba”.
—Depende. Porque también es capaz de pedirle “un gesto patriótico” al FMI, como le pidió “un gesto patriótico” al campo.
—Cierto, les exigió que liquiden la cosecha.
—Y eso porque el verde se fue a las nubes –dice Carla.
—Claro, el dólar, de eso estábamos hablando.
—No, yo me refería al verde. La ensalada verde. La lechuga. Que provocó el enojo de Marcelo Tinelli con Dolores Mitre.
—¿Otra vez Mitre? –pregunto–. Primero Esmeralda, ahora Dolores…
—Así es este país. A Bartolomé se lo comió la devaluación y su billete dejó de circular. Pero siempre terminamos hablando de algún Mitre. Lo siento –concluye Carla–. Es eso o seguir creyendo que la inflación de este año va a ser del 15%.


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