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COLUMNISTAS / Crisis 2018
domingo 13 mayo, 2018

Esperando al Fondo

Es crucial que la institución se mueva rápido y que dé señales claras y fuertes, ya que el país está enfrentando problemas serios en menos de una semana.

por Guillermo Calvo

GRADUALISMO REALISTA. Se acude al organismo y se necesita una respuesta rápido, dice el autor. Foto: CEDOC PERFIL

El objetivo de llamar al Fondo Monetario Internacional (FMI) es evitar una crisis provocada por la vulnerabilidad financiera argentina y el empeoramiento del panorama para las economía emergentes. La experiencia indica que este tipo de crisis es evitable si el país tiene suficientes reservas internacionales (por ejemplo, dólares). No es que, literalmente, falten reservas en Argentina, dado que en el último par de años el Banco Central (o, más brevemente, BCRA) ha acumulado más de 55 mil millones de dólares de reservas brutas (es decir, reservas a las cuales no se les deduce la deuda a corto plazo del BCRA). Esto representa casi el 9% del PBI (producto bruto interno), una suma significativa. Sin embargo, el martes venidero (15/5) vencen Lebac en pesos cuyo valor en dólares a la tasa de cambio corriente es cercano a la mitad de esas reservas. Por lo tanto se corre el riesgo de que caigan fuertemente si una parte importante de las Lebac que vencen no se renuevan. Hay tres opciones que el Gobierno puede considerar, independientemente o combinadas, para enfrentar rápidamente el problema, a saber: a) una maxidevaluación que reduzca fuertemente el valor en dólares de las Lebac o, por ejemplo, impedir que los bancos se deshagan de Lebac; b) estar dispuesto a perder una cantidad significativas de reservas, y c) subir aun más la tasa de interés. Las primeras dos opciones pueden poner en jaque la credibilidad del Gobierno, dado que probablemente aceleren la inflación y/o aumenten la incertidumbre regulatoria. La suba de la tasa de interés tiene más chances de lograr que se renueven las Lebac sin provocar un descontrol de la tasa de cambio. Sin embargo, no es una solución durable –particularmente cuando la tasa de interés ya ha alcanzado niveles estratosféricos–. Si el aumento de la tasa fuese exitosa en contener la inflación, por ejemplo, se corre el riesgo de paralizar la actividad productiva (ya que elevaría la tasa de interés real a niveles muy altos). Y, si no, puede terminar generando una inflación galopante. ¿Estamos entre la espada y la pared? No es claro, pero tampoco queremos correr el riesgo de que ese sea el caso. Es aquí donde el FMI entra en escena.
El FMI fue creado luego de la Segunda Guerra Mundial para proveer reservas internacionales a los gobiernos en momentos de escasez y así facilitar el gradualismo. Repito, llamar al FMI es un intento de preservar el gradualismo, no optar por una solución estilo shock.
¿Qué se puede esperar? Si bien el FMI fue fundado sobre la idea del gradualismo, este debe ser un gradualismo realista. La señora Lagarde probablemente felicitó a la administración de Macri por un gradualismo que, en ese momento, se podría haber considerado realista. El banco central de EE.UU., la Fed, ya había dado señales claras de que iba a subir las tasas de interés, pero todavía no se veía para nada una fuerte salida de capitales de las economías emergentes. Lamentablemente, eso cambió de manera abrupta en los últimos días, lo que, combinado con la vulnerabilidad que podría causar una corrida contra las Lebac, hace necesario reforzar las defensas y pensar en otra forma de gradualismo. Si esto se hace con destreza, la Argentina puede obtener una fuerte bocanada de oxígeno y hasta lograr una reducción importante de las tasas de interés internacionales que enfrenta. Esto es claro cuando vemos que Brasil tiene un déficit fiscal y deuda pública más altos que Argentina, a lo que se le suma una situación política muy compleja y, sin embargo, la inflación brasileña no alcanza al 4% anual y su riesgo país es significativamente menor al argentino. Estas observaciones sugieren que la salud de la economía argentina podría mejorarse notablemente con un par de “stents”, sin necesidad de cirugía a cielo abierto. El FMI, en principio, los tiene.
Vale la pena notar que como todo médico que atiende pacientes con problemas, el FMI recomienda cambios de estilo de vida (“condicionalidades”, en la jerga) que normalmente no son bienvenidos por el paciente. Para que estos arreglos sean exitosos, también es necesario que se acuerden condicionalidades cumplibles. A veces el FMI se equivoca y requiere condicionalidades que no son sustentables políticamente y los programas se abandonan a destiempo. Esto es muy costoso. Es por eso que una responsabilidad central de los negociadores argentinos en este momento es explicarle al Fondo de forma razonada y convincente cuáles son las restricciones políticas que enfrenta el gobierno argentino. Esto es una cuesta arriba muy empinada porque las variables políticas no son fácilmente cuantificables y hay que convencer no solo a la directora gerente del FMI sino también al directorio de la institución.
Pero, además, hay una responsabilidad importante por parte del FMI y de la cúpula política y diplomática argentina. Es crucial que la institución se mueva rápido y que dé señales claras y fuertes, ya que el país está enfrentando problemas serios en menos de una semana. Esto no es fácil, dada la modalidad que se ha elegido para esta operación de crédito (standby arrangement) y va a requerir la participación activa del presidente Macri y la Cancillería, ya que va a ser necesario obtener un fuerte apoyo por parte de los países más poderosos del mundo.

*Profesor de Economía Universidad de Columbia, Nueva York.


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