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Gritarles a los problemas no los soluciona

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ROSTRO. Macri, el viernes, enojado en el recinto. | cedoc perfil

La única confrontación viable en Argentina hoy es con los problemas. Los que se vienen arrastrando en la gestión de Cambiemos y los que están por venir en 2019. Lejos de entender esto, Macri eligió confrontar con la realidad negando lo que genera las dificultades y ninguneando al Parlamento durante la apertura de sesiones. Más allá del componente electoral, estamos frente a un año clave para generar consensos políticos y económicos con visión de futuro. Y el discurso del Presidente fue en la dirección contraria.
El primer dato preocupante es que el Gobierno arranca 2019 con diagnóstico errado y sin agenda parlamentaria. Y en este mix complicado, Macri apela a una instancia cuya efectividad como herramienta de gestión es discutible: la fe. Recorriendo el discurso del presidente Macri puede encontrarse la apelación a este recurso como catalizador de las soluciones. Es decir, para Cambiemos la prosperidad del país está atada a una entelequia que no es ni una variable económica mensurable, ni una política de Estado ejecutable. Los argentinos nos jugamos el presente y el futuro con el tarot del Gobierno.
“Necesitamos más fábricas que produzcan, más pymes que contraten más empleados y se transformen en grandes empresas”, decía Mauricio Macri durante su discurso. A tres años de su gestión, Cambiemos desconoce desde la palabra el industricidio que viene cometiendo diariamente. Las cifras son algo más que elocuentes, demuestran cómo el Gobierno niega con la misma mano que sostiene el arma homicida su política económica: desde que asumió hasta hoy la industria cayó 15%. A la necesidad planteada en el discurso, Cambiemos le ofrece un contexto macroeconómico que destruye el aparato productivo a base de endeudamiento y primarización.
“Salario”, “consumo”, “reactivación” y “mercado interno” estuvieron ausentes en el discurso del Presidente. Puede aventurarse que no son omisiones azarosas, son la única cristalización que pueden tener en el discurso de Cambiemos. Pérdida del poder adquisitivo del salario, retracción del consumo y caída del mercado interno son parte del continuo que hacen de la reactivación una imposibilidad constante y sonante. Aquello que el Gobierno cree inexistente por haberlo silenciado en su discurso  hace emerger una realidad contundente: la economía argentina acumuló una caída de 2,6% durante 2018,
Como prólogo de 2019, el discurso en la Asamblea Legislativa preocupa y enciende más luces de alerta. Tanto por su forma –que confundió grito con firmeza– como por su contenido –su ausencia, para ser precisos. El enceguecimiento, el ánimo confrontativo y la ausencia de convocatoria al diálogo que lo sobrevolaron son obstáculos que el Gobierno se empecina en pronunciar. Y esto ha dejado de ser un problema para su gestión, lo es para el futuro de mediano y largo plazo. El nivel de endeudamiento al que Argentina fue sometida y la imposibilidad de generar dólares genuinos para pagarlo son problemas que requieren de la contribución de todos los espacios políticos. La ciudadanía y la oposición están diciéndoselo a un Gobierno ensimismado en su discurso que disfraza de virtud el defecto de la negación.