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COLUMNISTAS / opinión
sábado 24 febrero, 2018

Historias cruzadas

En el acto del miércoles, Moyano dijo: “Nunca me cagué y tengo pelotas para defenderme solo”. Quizá, como le pasó a Franco Macri, Moyano muera (simbólicamente) de éxito.

por Jorge Fontevecchia

MOYANO-MACRI: Hugo y Franco, padres de sus sagas. Foto: Cedoc Perfil

Cuando Moyano respondió que si le tocara ir preso pediría que su celda fuera la de al lado del padre de Macri, provocó colocándose como un par del Presidente, algo que ya había hecho con Cristina Kirchner cuando, además de exteriorizar su vocación presidencial (“un obrero tiene que llegar a ser presidente”), creó el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo en 2013.

Con sus 72 años, Moyano está en el medio generacional del Presidente, que cumplió 59 años, y su padre, de 87, y puede recordar perfectamente la época en la que Socma era el principal grupo económico de Argentina. Eso fue durante el apogeo de Franco Macri, en los años 80, al estilo de los grandes conglomerados coreanos (los chaebol), que están muy diversificados, integran verticalmente comercio y finanzas y pueden fabricar autos, tener empresas constructoras, de consumo masivo y hasta hoteles.

La apelación de Moyano al padre de Macri revela su deseo de querer ser un par

Cuando Socma no paraba de crecer, en los años 80, era perfectamente comparable a los chaebol coreanos, como podrían por entonces ser Samsung, Hyundai, LG, Lotte o SK, y el producto bruto de Argentina todavía era mayor que el de Corea del Sur. ¿Por qué Socma, de ser aquel conglomerado gigante de empresas, se insignificó en lo que terminó siendo a partir de 2003? Dado que varios de sus destacados ejecutivos están en posiciones de gobierno y el propio Mauricio Macri se formó en la cultura de Socma al ser su principal directivo después de su padre, ¿hay alguna clave en el devenir de Socma que permita entender mejor la escuela de gestión que guía al Presidente y proyectar cuáles podrían ser sus aciertos y talones de Aquiles?

Para tener una dimensión de aquellos años, vale recordar que solo en Sevel (Fiat+Peugeot) Socma llegó a tener cien mil empleados, acumuló alrededor de cincuenta empresas, entre ellas la principal constructora (con varias megaobras como Yacyretá), la de recolección de residuos (Manliba), la primera empresa de celulares (Movicom), la principal papelera (Celulosa Argentina), la principal autopista (Panamericana), la principal red de cobranzas (Pago Fácil), el Correo, el Ferrocarril Belgrano Cargas, Canale en alimentos, más empresas en Brasil, otros países limítrofes y un proyecto inmobiliario en Nueva York a escala de Donald Trump.

Cuando se les pregunta a quienes están en el Gobierno y vienen de Socma qué pasó, argumentan que a algunas malas decisiones durante los años 90 se sumó la crisis de 2002 con su default generalizado, un golpe de gracia cuando Franco Macri habría invertido 300 millones de dólares en el Correo privatizado en 1997, y ya en 2001 no pudo pagar los sueldos de sus 13 mil empleados. Pero esa respuesta no explica todo, porque varios grupos económicos argentinos sufrieron las consecuencias de la crisis de 2002, con su deuda multiplicada por cuatro en un día, más el default. Incluso en el ejemplo comparado de Corea, la crisis asiática de la deuda de 1997/98 (que fue parte de nuestra misma crisis en 2001) llevó a la quiebra a KIA Motors, después recuperada, al año siguiente a Daewoo, y en 2001 Hyundai pasó por un momento de cesación de pagos, y eso no impidió que los conglomerados coreanos superaran el golpe y hoy sean empresas aún más florecientes que entonces. Con similitudes latinoamericanas, porque el ex presidente de Hyundai, Chung Ju-yung, fue candidato presidencial en 1992, y al igual que con Odebrecht, el heredero de Samsung, Lee Jae-yong, fue condenado a cinco años de prisión por corrupción, y la presidenta del país, Park Geun-hye, fue destituida.

El fracaso de Socma y el triunfo de los conglomerados coreanos pueden también ser una metáfora del fracaso de la economía argentina y el triunfo de la coreana. Ambos, conglomerados y economía nacional, son una equis perfecta, ascendente en Corea y descendente en Argentina. A ese paralelismo apelan también como otra justificación quienes hoy están en el Gobierno y provienen de Socma, argumentando que Franco Macri construyó un grupo empresario para una Argentina que no llegó a ser, a escala italiana, que apostó a un país superior al que era Argentina en los 80 y terminó siendo inferior a aquel del pasado.

Pero por una explicación o por otra, lo que objetivamente se puede concluir es que Franco Macri no tenía aversión al riesgo, era un apostador serial, confiado en sus capacidades y en su fortuna, lo que lo llevó a que lo mismo que fue virtud en los momentos de crecimiento se convirtiera en defecto en el momento de crisis. Esa cultura de autoconfianza y pulsión por arriesgar no puede no haber influido de alguna manera en Mauricio Macri y no haberlo llevado a creer que “lloverían dólares” a poco de asumir a fines de 2015, o que en el segundo semestre de 2016 la economía despegaría, que a fines de 2017 la inflación ya iba a estar en condiciones de proyectarse al 10% anual o que ahora, en 2018, la inflación se detendrá después de abril, una vez que se haya absorbido la suba de tarifas y la devaluación frente al dólar.

Sin esa autoconfianza no se podría aspirar a gobernar un país con las dificultades de Argentina, pero también esa autoconfianza puede ser la causa de muchos errores de planificación. Socma incorporó más de lo que podía digerir; de hecho, varios de los conglomerados coreanos a partir de 2001 tuvieron que desinvertir y vender negocios para reducir su tamaño y evitar un colapso por excesiva diversificación.

Salvando las incomparables distancias, a Moyano también se le podría diagnosticar no haber tenido en cuenta que “la presión es inversamente proporcional al espacio”. Se expandió en exceso y fue más allá de sus fuerzas, hasta con cierto paralelismo con Macri, absorbiendo el mayor correo privado (OCA), presidiendo un club de fútbol importante (Independiente) y fundando su propio partido político (el citado Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo), después de haber sido presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, además de haber hecho crecer a Camioneros y fundado el sindicato de los empleados de los peajes.

Tanto Socma como el conglomerado de intereses que acumuló Moyano crecieron de más

En el acto del miércoles, Moyano dijo: “Nunca me cagué y tengo pelotas para defenderme solo”. Quizá, como le pasó a Franco Macri, Moyano muera (simbólicamente) de éxito. Dos historias cruzadas que muestran parte de lo que no hay que hacer.


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