COLUMNISTAS

La victoria de una precaria racionalidad

Por Daniel Bilotta | El resultado de las primeras PASO en la Ciudad replica la armoniosa convivencia de las principales fuerzas.

Larreta aseguró que el futuro de Michetti se deberá charlar con ella y Macri.
| Dyn
El resultado de las primeras PASO en la Ciudad replica  la armoniosa convivencia de las principales fuerzas con representación en la Legislatura. Inestimable tributo a la consigna en la que insiste el PRO sin otra evidencia que la visibilidad de esa relación frente a las cámaras: la existencia de  otra forma de hacer política.

Activo  simbólico sometido a riesgo por la reñida sucesión en el Gobierno porteño. Mauricio Macri debió apelar a la vulgar práctica del “apriete” para mantener viva la promesa de un debate civilizado entre Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta, convertido finalmente en una caricatura de competencia sobre estilos de casual day.

El happy end de la unidad sin fisuras en un gabinete diezmado por una feroz pelea intestina, completó la espectacularidad de una puesta en escena cuya extrema exposición terminó de presentarla  como utopía literalmente increíble. Moraleja para los responsables de la idolatría del marketing iniciado hace 20 años desde el club Boca Juniors.

No le fue mejor  a Martín Lousteau con Graciela Ocaña, seguro binomio de la alianza ECO en un simulacro que tal vez opaque un poco la interpretación de Voltaire que desarrolla con solvencia Elisa Carrió, mentora en la ciudad del economista y la voz más potente del Congreso contra el acuerdismo vacuo que suele atribuir sin gradualismos a la UCR

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Funcional al oficialismo por acción u omisión, el Frente para la Victoria eludió una instancia que limita su predilección por  la argumentación ad hóminem: privilegia el ataque a la persona que enuncia una idea a discutir su validez. O acaso porque la parodia no es el género que mejor le sienta a una fuerza verticalizada a quien ejerce el control de los recursos económicos para volver estúpido cualquier otro principio ordenador.

Si la era de las pantallas es definida como la del ensanchamiento del espacio de lo público, es preciso aclarar que es también el de la declinación de la soberanía política sobre ese territorio ampliado. El reemplazo de la discusión de propuestas por una estrategia destinada a no disgustar a una opinión pública desentendida de cualquier otra agenda que no sea la satisfacción urgente de deseos no siempre realizables en los tiempos del sistema democrático, parece confirmarlo.

Anuladas las vías de comunicación entre las orillas distantes desde las que se recelan con reciprocidad dirigencias y ciudadanos, más que una expresión útil, el escrutinio de los votos refleja una compulsa entre tendencias peligrosas. Quienes se auto proponen como un igual sin equivalencia real y los que traslucen una mayor gestualidad de preocupación y seriedad frente a un futuro cuyo alcance y dimensión no atinan a explicar.

La ajustada victoria de Rodríguez Larreta se inscribe dentro de esa precaria racionalidad.