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COLUMNISTAS / opinion publica
sábado 23 junio, 2018

Las encuestas y la imagen

La huelga de mañana solo fortalecerá al Gobierno. No hay ninguna razón para que la acción de algunos sindicatos, dirigidos por personas cuestionadas, atacando a la gente que quiere ir a su trabajo, sea popular.

por Jaime Duran Barba

. Foto: Temes

El análisis político contemporáneo usa herramientas que vinculan las teorías que mantenemos con la realidad en que vivimos. Los políticos antiguos se inspiraban, caminaban, a veces leían algo, y con eso se les ocurrían unas ideas para iluminar al pueblo ignorante. Esas ideas tenían que ver con mitos, convicciones e ideologías.

Aparecieron después las estadísticas, que permitieron ordenar la percepción de la realidad con números, y las propuestas políticas tuvieron más sentido. La estadística fue la primera disciplina académica que se enfrentó al mito.

En 1930 nacieron las encuestas realizadas con base técnica gracias a los trabajos de George Gallup, que cuantificaron las actitudes de los distintos grupos de una sociedad frente a las variables políticas. En 1960 Joseph Napolitan usó el resultado de las investigaciones acerca de la opinión pública para realizar análisis estratégicos y nació una nueva forma de analizar la política, tanto para los procesos electorales como para la comunicación de gobierno.

Sofisticación. Durante décadas estos conceptos se fueron sofisticando, los estudios cuantitativos se complementaron con investigaciones cualitativas para hacer un análisis rico, que permite ver los procesos políticos desde los ojos de la gente.

A veces estos estudios se resumieron en las cifras de una variable: la imagen positiva o negativa tanto de los personajes como de las instituciones. Si bien estas cifras son importantes, a veces dan una información muy parcial. El tema de la imagen no tiene que ver solo con el conocimiento del personaje sino que depende de muchas otras variables que no se mencionan. Qué preguntas se hacen y cómo se las usa es parte del arte de cada consultor.

Estos números enriquecen el análisis cuando están en series en las que podemos interpretar su evolución a lo largo del tiempo. Algunos dirán que es difícil hacerlo, pero no lo es. Los profesionales organizamos archivos con los estudios que aplicamos, pero también se logra mucho manteniendo un archivo en el que consten los datos que aparecen en la prensa: todo el tiempo se publican estadísticas o circulan encuestas de todo tipo.

Nosotros tratamos de aplicar encuestas e investigaciones cualitativas en cuanto país nos es posible hacerlo y archivamos no solo los datos sino todos los cruces de variables que nos parecen útiles para entender cada fenómeno político.
También registramos toda encuesta que aparece, incluso las más mentirosas, para saber qué credibilidad damos a sus datos en cada coyuntura. Tenemos buenas relaciones con investigadores que nos permiten acceder a sus trabajos, asistimos permanentemente a seminarios internacionales en los que se discuten estos temas y en los que conseguimos investigaciones y materiales útiles.

Actualmente tenemos un archivo con más de 3 mil investigaciones realizadas en América Latina en los últimos cuarenta años, probablemente el más grande que existe.

Argentina. Los informes de focus group de nuestro archivo tienen más de 5 mil páginas de análisis, de las cuales 3 mil son sobre Argentina. Con esos materiales podemos comparar datos sobre distintos personajes, vivan o no en el mismo país; hayan vivido en el mismo tiempo o no. Esto enriquece nuestro trabajo porque los análisis comparados permiten esbozar y analizar hipótesis que pretenden una validez más general. También comparamos los datos del mismo personaje, en el mismo país a lo largo del tiempo, para elaborar hipótesis sobre su comportamiento y el eventual éxito de sus acciones.

Si analizamos los datos acerca de la confianza en las instituciones más importantes como el Congreso, la Justicia, la Iglesia Católica, los medios de comunicación, los sindicatos, las Fuerzas Armadas y otras, tenemos material concreto para elaborar hipótesis acerca de la crisis de representatividad que agobia a nuestras sociedades.

Para pensar el tema a veces comparamos la información de varios países a lo largo del tiempo, en otras ocasiones solamente los números de un país en un período determinado, o solamente los datos de varios países en un mismo año para saber qué está pasando en una coyuntura dada. Son distintas perspectivas del análisis que, combinadas, proporcionan una información integral.
Comparar lo que ocurre con un mismo personaje a lo largo del tiempo es apasionante. En el caso argentino tenemos cientos de encuestas desde 2004, que nos permiten conocer la evolución de la imagen de Cristina Fernández, Mauricio Macri y de otros personajes importantes en una coyuntura o que se han mantenido vigentes a lo largo del tiempo.

Los números de Nestor Kirchner fueron muy buenos. Los de Cristina Fernández, en promedio, fueron más débiles de los que tiene Mauricio Macri en medio de esta crisis. Cuando se produce un triunfo electoral normalmente suben unos diez puntos los números de imagen del vencedor, pero esta subida es efímera, desaparece cuando pasa la euforia del éxito.

Cuando Mauricio ganó en dos ocasiones las elecciones como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires perdió unos 18 puntos al cumplir dos años de gestión. Algunos periodistas que no tienen un entrenamiento profesional en estos menesteres anunciaron que se terminaba la carrera de Mauricio, pero el muerto del que hablaban goza de buena salud.

El término “imagen” no expresa la complejidad de las variables que usamos en nuestros estudios. Una de las preguntas tiene que ver con el grado de conocimiento, buena imagen o mala imagen del personaje, pero exploramos también el nivel de confianza, de eficiencia, de verosimilitud que la gente atribuye al personaje en cada momento. Estos datos tienen distintos niveles de profundidad que exploran los focus para comprender las cifras en su verdadera dimensión.

Tampoco pueden comprenderse si se usan los números de manera aislada, todo está interconectado con todo. En un seminario organizado por la revista Noticias y la UADE hace pocas semanas se me preguntó cuántos puntos había perdido Mauricio Macri por el veto a la ley que congelaba las tarifas de los servicios. Mi respuesta negativa se basó no solo en los números que arrojaban las encuestas sobre este tema específico, sino en otras preguntas que se usan para el análisis.

La inmensa mayoría de los argentinos consideraba que el Congreso había aprobado la ley solo por politiquería, no porque se preocupaba de los problemas de la gente. Era poco probable que el Gobierno quedara afectado por algo que era visto como una farsa.

El Congreso es una de las instituciones más desprestigiadas y casi ningún legislador ha mejorado en nada la imagen que tenía cuando llegó a la cámara. Los que perdieron imagen cuando impulsaron leyes demagógicas, fueron el Congreso y algunos de sus integrantes, como pasó con la ley de Ganancias, que destruyó la imagen de Sergio Massa.

En algún país el Congreso concedió al presidente un mes para que solucionara el problema de la pobreza, so pena de ser destituido. La ley fortaleció al mandatario y la gente por poco disuelve el Congreso a patadas. La gente no es tonta, y si un Congreso se dedica a aprobar insensateces para que el presidente se vea obligado a vetarlas, actuará en contra de sí mismo.

Calles y huelgas. Las calles y las huelgas generales eran más importantes en la antigua sociedad, en la que la gente se conformaba con ser atropellada por patotas.

La imagen de Hugo Moyano y otros líderes sindicales ha sido medida muchas veces estos 15 años. Es desastrosa. En las elecciones su apoyo solo quita votos. No es un tema personal, los datos sobre personajes semejantes en los demás países es semejante, también el desprestigio de las organizaciones sindicales.

La huelga de mañana fortalecerá al Gobierno. No hay ninguna razón para que la acción de algunos sindicatos, dirigidos por personas cuestionadas, atacando a la gente que quiere ir a su trabajo, sea popular.

Pocos grupos ayudaron tanto a la campaña de Macri como Quebracho. Cada vez que los electores veían en las pantallas a jóvenes enmascarados, con garrotes, interrumpiendo la 9 de Julio, querían votar por alguien totalmente distinto.

Justa o injustamente, las encuestas dicen que la gente cree que Moyano es alguien que busca defender sus negocios personales y su situación judicial. ¿En cuánto afectará la popularidad de Mauricio la presencia de elementos con esa imagen cometiendo tropelías en las calles? ¿En cuánto ayudará a la imagen de otras instituciones que apoyan la medida cuando están a la baja?

En todos los sectores políticos, peronistas, radicales, macristas, trotskistas, hay personas que empiezan a entender que existe un nuevo mundo que está más allá de los entusiasmos ideológicos.

En nuestro país hay todavía quienes creen que hay que resucitar la ley de comunicaciones del kirchnerismo para que se puedan hacer barbaridades como intentar ahogar económicamente a PERFIL porque no fue servil con el totalitarismo o participar de los festivales de Santa Hebe, que celebraba la libertad de prensa haciendo que cientos de niños escupieran los retratos de periodistas respetables. Parecía también patriótico que patotas de delincuentes atacaran a los ciudadanos para que se plegaran al paro a patadas.

La revolución de las comunicaciones es implacable, hace que todos veamos esas cosas que indignan, cuando Occidente se dirige a un tipo de sociedad menos salvaje, con más presencia de las mujeres, en la que se respeten las libertades individuales. Cuando hacemos los estudios comparados a veces nos admiramos; constatamos que Argentina, tan vanguardista en muchos aspectos, alberga todavía a un falangismo que se dice de izquierda y atrasa.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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