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domingo 3 junio, 2018

Liderazgos iliberales

Argentina debe mantenerse alejada, en la medida en que su ubicación geográfica lo permita, de los conflictos en desarrollo entre Estados Unidos, China y Rusia.

por Patricio Carmody

poder. Por estilo o los regímenes que lideran, amenazan la hegemonía liberal de la posguerra. Foto: Cedoc Perfil

Tres liderazgos de talla global –los de EE.UU., China y Rusia– van adquiriendo o profundizando características de tipo iliberal, ya sea por la personalidad de sus líderes, por la naturaleza del Estado que comandan o por el tipo de régimen que implementan. Estas características pueden llevar a causar serios conflictos entre estas tres naciones. En este contexto inestable, la Argentina debe estar preparada para enfrentar sus consecuencias.
En el caso de los EE.UU., las características iliberales se expresan a través de la personalidad del presidente Trump, y se notan en el campo internacional en la tendencia a abandonar el rol de hegemón liberal para convertirse en lo que Barry Posen –en la revista Foreign Affairs– ha llamado un “hegemón iliberal”.
La hegemonía liberal, concepto que gozaba de gran consenso en los EE.UU. durante la posguerra, consistía en ser el Estado más poderoso del mundo, sin discusión. Pero se procuraba convertir el sistema internacional en un orden basado en reglas, a ser regulado por instituciones multilaterales, y a transformar a otros Estados en democracias orientadas hacia el mercado, que intercambiarían productos y servicios entre sí. Con la llegada de Trump se mantuvo la vocación hegemónica, pero se salió de varios tratados multilaterales, se renunció a exportar valores democráticos y a defender derechos humanos. Así, en un sistema político donde el Congreso pone sus límites, los EE.UU. mantienen su naturaleza liberal a nivel interno, pero proyectan algunas características iliberales hacia el exterior.
Aunque Trump ha confirmado lo que predijo Robert Kagan: “Los Estados Unidos están, por el momento, fuera del negocio de crear un orden mundial”, no ha renunciado a la hegemonía militar. Si bien algunos consideraban que Trump podía ser aislacionista, él procura triunfar en la competencia geopolítica con otras potencias militares. También ha mantenido, con diferentes matices, las alianzas militares heredadas. Afortunadamente, y a pesar de haber denominado oficialmente a China y Rusia como “potencias revisionistas”, y haber provocado públicamente a Corea del Norte e Irán, no ha estallado todavía un conflicto grave. En este sentido, Eliot Cohen –en Foreign Affairs– ha afirmado que 2017 ha sido el “año de la suerte” de Trump, resaltando la prudencia y resistencia de importantes colaboradores para limitar sus acciones, a veces impulsivas.
En el caso de China, Xi Jinping preside un Estado iliberal que se beneficia del orden liberal global y pretende en este contexto reafirmar su liderazgo. En el orden interno Xi, después de solo cinco años, ha centralizado el poder político en su propias manos e intensificado el poder del Partido Comunista dentro de la sociedad china y su economía. En efecto, su nombre y su ideología: “El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era”, han sido incorporados a la constitución del Partido Comunista, un honor solo otorgado a Mao. A su vez, ha logrado que el gobierno elimine la provisión constitucional que limitaba a los presidentes a dos mandatos. A nivel internacional, Xi se ha posicionado, en palabras de Elizabeth Economy –en Foreign Affairs–, como el “globalizador en jefe”, por lo que China ha abandonado su tradicional bajo perfil y busca ahora aumentar su influencia en las instituciones multilaterales y sobre las normas globales. Sin embargo, Xi ha mantenido, e incluso aumentado, las muy estrictas regulaciones que limitan la influencia de las empresas, ideas y capitales extranjeros en China. A nivel militar, China se presenta como el rival estratégico de los EE.UU. en Asia, con un conflicto potencial por el control del Mar del Sur de China, aunque colaborando en el conflicto con Corea del Norte.
En el caso de Rusia, se observa un régimen iliberal con formas democráticas, al que el ex vicepresidente Joseph Biden ha denominado “democracia a lo Potemkin”. Vladimir Putin ve a Occidente como la principal amenaza a su poder e influencia, adoptando en consecuencia una ideología antioccidental y por ende iliberal. Putin parece haberse embarcado en una estrategia de desafiar sistemáticamente a Occidente, buscando a su vez debilitar los lazos entre los EE.UU. y Europa, y la solidaridad entre los miembros de la Organización del Atlántico Norte. Esto es importante para fortalecer su presencia en lo que el primer ministro Dmitry Medvedev ha llamado su “esfera de intereses privilegiados”, particularmente Ucrania –anexión de Crimea y tensiones fronterizas–, Georgia y Moldavia. Pero también para afirmarse como potencia regional en geografías que incluyen al Oriente Medio.
Ante este escenario inestable, la política exterior argentina debe contemplar el potencial impacto de estos liderazgos con características iliberales. Si bien, como decía Winston Churchill, “los velos del futuro se levantan uno a uno, y los mortales deben actuar de un día para al otro”, hay que estar preparados por si irrumpen conflictos militares o comerciales, sean estos por accidente o premeditados.
Por lo pronto, la Argentina debe evitar desarrollar “relacionamientos con dependencia”, como ha mantenido con EE.UU. en los años 90, o con China y Venezuela en la era Kirchner. En este sentido, el haber recurrido al FMI no es aconsejable, ya que el potencial veto de los EE.UU. en ese foro puede limitar nuestro accionar internacional.
A su vez, la Argentina debe mantenerse alejada, en la medida en que su ubicación geográfica meridional lo permita, de los conflictos entre estas potencias septentrionales. Pero debe seguir involucrada con Venezuela –escenario donde se identifican intereses norteamericanos, chinos y rusos–, por su impacto regional. Sin embargo, su defensa de valores democráticos y de los derechos humanos de los venezolanos no puede dar lugar a un apoyo formal o tácito a una intervención militar extranjera. n

*Autor de Buscando consensos al fin del mundo: hacia una política exterior argentina con consensos (2015-2027).


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