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COLUMNISTAS / democracia
domingo 20 mayo, 2018

Marx, capitalismo y modelo chino

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por Omar Argüello

Los 200 años del nacimiento de Marx son un buen momento para recordar los cambios que registra su obra a lo largo de su vida. Esenciales para comprender los verdaderos aportes de este pensador.
Marx comienza escribiendo estudios filosóficos bajo la influencia de Hegel, del cual se va liberando para construir las bases de su materialismo histórico. En 1847 (antes de sus 30 años), una organización obrera internacional (La liga de los comunistas) le pide “la redacción de un detallado programa teórico y práctico, que sirviese de programa del partido”. Así nace el Manifiesto comunista como una obra partidaria.
En dicho Manifiesto Marx predice la muerte del capitalismo como consecuencia de la lucha de la clase obrera contra la burguesía. Eso no ocurre: los obreros se incorporan al sistema y solo pelean por salarios y beneficios laborales. Además, la pauperización pronosticada cede su lugar a un bienestar progresivo; y la visión de dos clases sociales, únicas y antagónicas, deja cabida para una pujante clase media.
Pese a esos desaciertos, el contenido revolucionario y militante del Manifiesto sirvió de soporte ideológico para diversas aventuras políticas. Cualquier movimiento que se preciara de revolucionario debía condenar al capitalismo y fomentar la lucha de clases. Hasta pensadores progresistas no partidarios de la socialización de los medios de producción han incluido, sin fundamentarlo, la existencia del capitalismo como la causa de muchos problemas sociales; y la persecución al comunismo del primer peronismo se hizo “combatiendo al capital”.
El fracaso predictivo del Manifiesto llevó a sostener que la obra de Marx no era útil para comprender la realidad ni para predecir el derrotero de la historia. Sin embargo, obras posteriores entregan otros elementos: en los años 50 del siglo XIX Marx decide profundizar sus estudios sobre economía política y como resultado de esos estudios elabora, durante 1857 y 1858, los manuscritos conocidos como Grundrisse, que le sirvieron de base para escribir El Capital y Crítica de la economía política.
Los Grundrisse marcan un vuelco fundamental en la teoría de Marx: ya no existen solo dos clases sociales antagónicas: “el aumento de la plusvalía no solo modifica la relación entre la clase capitalista y la clase obrera, sino que crea también una clase completamente nueva entre ellas”, la clase media, que se define como “la clase del excedente” (M. Nicolaus: El Marx desconocido y Proletariado y clase media en Marx. Editorial Anagrama, Barcelona 1972). Más importante aún, en el Prefacio a Crítica de la economía política Marx deja en claro que el final del capitalismo será una consecuencia del desarrollo de “las fuerzas productivas materiales de la sociedad (que) chocan con las relaciones de producción existentes”. “Se abre entonces un período de revolución social”. En la caída del feudalismo ese choque se dio entre el desarrollo productivo burgués y la propiedad feudal. En cuanto al final del capitalismo, una de las contradicciones que contribuirán al cambio estará dada por una alta productividad tecnológica que prescinde de la fuerza de trabajo. Sin extracción de plusvalía no hay capitalismo. Y para que no queden dudas de que el fin del capitalismo será fruto del desarrollo de sus fuerzas productivas y no de la lucha de clases, Marx insiste en el prefacio: “Ninguna formación social desaparece antes de haber desarrollado todas las fuerzas productivas que caben en su seno”.
En esta línea, cuando el PC Chino transita su camino al socialismo recurriendo al capital para ponerlo al servicio del desarrollo de sus fuerzas productivas, parece seguir las enseñanzas del Marx maduro y científico. En ese camino se convierte en la segunda potencia económica mundial; saca de la pobreza a millones de personas y defiende el libre comercio internacional. Lo hace en forma no democrática; pero tampoco el capitalismo occidental en sus inicios fue democrático.

*Sociólogo.


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