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COLUMNISTAS / paso del tiempo
sábado 12 mayo, 2018

Menopausia no es vejez

¿Por qué nadie nos habla sobre la menopausia antes? ¿Por qué existe tanto silencio? Son miles de preguntas que nos hacemos las mujeres alrededor de este tema tratando de descubrir qué nos pasa.

Silvina Witis

Portal Perfil.com Foto: Perfil.com

¿Por qué nadie nos habla sobre la menopausia antes?

¿Por qué existe tanto silencio? Son miles de preguntas que nos hacemos las mujeres alrededor de este tema tratando de descubrir qué nos pasa.

Ha habido muchos cambios en las últimas décadas y, hoy en día, gracias a los medios de comunicación, todas estamos actualizadas y manejamos mucha más información. No obstante, no deja de asombrarme el desconocimiento que rodea la menopausia, ya que, aunque haya muchos libros sobre este tema, se multipliquen los sitios de internet y las notas en las revistas, parece que no lo registramos ni dimensionamos hasta que nos sucede.

Tenemos la experiencia de la adolescencia y sus cambios hormonales y ahí sí se hablaba, leíamos libros y hasta se festejaba. Nos íbamos preparando para cuando ocurriera, pero a pesar de la experiencia y todo lo aprendido no lo hacemos para el climaterio. Lo convertimos en un tema tabú, lo callamos o lo censuramos. Creo que uno de los equívocos alrededor de esto es creer que la menopausia es sinónimo de vejez; un pensamiento que debería también ser desterrado.

El paso del tiempo está ligado a la manera en que ese tiempo afecta nuestra biología, y es un proceso que no se detiene. A veces tomar conciencia de esta evolución nos asusta y queremos negarlo (o incluso frenarlo) y se convierte en algo de lo que no queremos hablar. Pero cumplir años, evolucionar, crecer y tener en el cuerpo el proceso del paso del tiempo es, ante todo, natural. Negar el tema no hace que desaparezca. La menopausia acompaña este proceso en las mujeres, y así como a cierta edad empiezan a aparecer algunas canas, al mismo tiempo dejan de parecernos fundamentales algunas cosas y pasan a ser otras las importantes. Son cambios que nos atraviesan de diferentes maneras. A partir de cierta edad hay que empezar a preguntar y hablar sobre el tema. No tenemos que esperar a que el primer síntoma nos lleve a pensar en esto, porque en ese caso ya estamos en proceso y nos perdemos la oportunidad de prepararnos, seleccionar las estrategias para una mejor calidad de vida y, sobre todo, no dejarnos ganar por los miedos que surgen más por el desconocimiento que por lo que sucede.

Vemos con frecuencia que la sociedad presiona a las mujeres de 50 reclamándoles que conserven su juventud; las abruma con modelos de mujeres de mediana edad que compiten en su aspecto físico y en la manera de vestirse con jóvenes veinteañeras; las inundan de propaganda sobre cosméticos, dietas, entrenamientos físicos, cirugía plástica (ya sea de zonas visibles como no), rellenos, bótox, etc. Todos estos temas se convierten en una conversación frecuente en las reuniones de mujeres y lo importante es saber que ninguno de ellos va a detener el paso del tiempo. La piel menos elástica, las canas y otros signos de maduración no hacen que dejemos de ser quienes somos, creciendo con las arrugas normales de la vida. El envejecimiento natural lo atravesamos todos, hombres y mujeres. Pero pensemos, ser joven es sobre todo una actitud.

Lo que me gustaría es que estemos atentas a discernir los cánones de belleza socialmente impuestos –irreales y frustrantes– ya que muchas veces nos generan temores y prejuicios que nos alejan de nuestra propia búsqueda. Tenemos que vivir esta etapa sin miedos ni prejuicios, sentirnos cómodas con nuestra edad, y hacer el esfuerzo de no caer en la trampa que nos impone la sociedad. Seamos conscientes de que podemos seguir adelante con nuevos proyectos, los propios, y no los modelos que nos tratan de imponer. Es el momento de pensar qué queremos hacer, cuál es nuestro deseo, y hacer lo posible por desarrollarlo.

Afortunadamente nos toca atravesar la menopausia en esta época donde ya no es sinónimo de descrédito, como a veces nos quisieron hacer creer, o al menos como ha sido tratada durante décadas, desarrollando creencias falsas que terminan inundando nuestro imaginario sin darnos cuenta.

Durante siglos las mujeres menopáusicas eran tratadas de manera displicente, como mujeres que ya tenían que “re- tirarse”, haciéndonos creer que se terminaba la etapa de los proyectos. Pero pensemos y miremos alrededor, ¿imaginaron alguna vez a Cindy Crawford, Halle Berry, Madonna, Sofía Loren y otras con sequedad vaginal y calores? Seguramente no. Y pensemos en mujeres que lograron concretar sus deseos después de los 45 años: Bette Davis ganó su primer Oscar a los 45 años; Golda Meir fue primera ministra de Israel a los 71; Jane Fonda se retiró del cine a los 54 y volvió a filmar a los 63 años (actualmente produce y actúa en su propia serie con 80 años); o Brigitte Macron, que ha cambiado el paradigma de ciertas relaciones afectivas más allá de la diferencia de edad; o Patti Smith, que luego de alejarse de la escena musical volvió a reinsertarse con más de 40 años; o Alice Munro que consolidó su carrera también después los 40 y ganó el Premio Nobel de Literatura a los 72 años. Estos son solo algunos de los casos de mujeres que no tuvieron miedo de empezar un nuevo camino en una etapa de la vida en que a veces otras personas consideran que ya está todo hecho.

La población mundial está creciendo aceleradamente, la expectativa de vida se ha prolongado y se calcula que la mujer vivirá hasta los 80 años en mejor estado físico que hace unas décadas. Este dato nos revela que pasaremos un cuarto de nuestra vida en menopausia. Pero una menopausia muy distinta a la que pasaron nuestras madres y abuelas, ya que tenemos muchas más herramientas que nos trae hoy la medicina. Hace un par de siglos la expectativa de vida de las mujeres era de 50 años y en ese caso se podía asociar menopausia con vejez. Pero hoy en día es asombroso que alguien piense en una mujer de 50 años como una anciana. Así que me parece importante discernir algunos conceptos que se arraigaron en otras épocas de la historia, pero es nuestra tarea empezar a desmantelarlos para quitarnos un fantasma que no puede, ni debe, asustarnos.

*Autora de Menopausia, autoria editorial.


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