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COLUMNISTAS / historica eleccion
sábado 30 junio, 2018

México a las urnas

Ante la profunda crisis del sistema político mexicano, es posible que un presidente sin contaminación con el pasado le haga bien al país.

por Jaime Duran Barba

Candidatos. Andrés Manuel López Obrador, el gran favorito; Ricardo Anaya, que se excedió en la agresividad, y José Antonio Meade, en nombre de un PRI en crisis. Foto: afp

Según la encuesta publicada por Parametría, una de las encuestadoras más serias de México el último miércoles, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) obtiene un 45% de intención de voto, seguido de lejos por Ricardo Anaya del PAN con 19% y José Meade del PRI con 15% de los votos. Las cifras coinciden con todas las empresas serias de estudios.

Hay una actitud pesimista de la gente en todos los países de la región, que es más fuerte en México. Cuando los mexicanos comparan la situación de su país respecto del año pasado, un 7% cree que está mejor, un 33% que está igual y un 60% que está peor. Cuando hablan del futuro son un poco más optimistas: un 16% espera que el país estará mejor dentro de un año, un 35% cree que estará igual y un 46% que estará todavía peor.

Los partidos en México. Al igual que los demás partidos en los países latinoamericanos, los mexicanos atraviesan una profunda crisis de desconfianza. Tenemos en nuestro archivo decenas de estudios realizados desde el año 2002 y nunca la crisis fue tan aguda. Uno de los indicadores que hemos medido ha sido el grado de lejanía que la gente siente con las formaciones políticas.

Un 5% de los mexicanos se dice muy cercano al PRI, un 17% cercano, poco cercano el 21%; y distante el 56%. En estudios aplicados a lo largo de 15 años, la suma de cercano, y muy cercano del PRI nunca bajó del 50%. Hoy aparece con 22%. El PAN no está mejor: un 5% se dice muy cercano al PAN, un 17% cercano, poco cercano el 28%, distante el 49%. El PAN tuvo siempre un problema de distancia  con la gente. De todas maneras las cifras de esta encuesta son las más pobres de los últimos 15 años.

En cuanto a Morena un 10% de electores se dice muy cercano, un 19% cercano, poco cercano el 22%, distante el 49%. En resumen solo el 29% manifiesta alguna cercanía. Claramente las elecciones las gana López Obrador y no su partido. Pero los mexicanos son un pueblo reacio a que los gobiernen personas sin experiencias. El 26% de los encuestados quiere que el futuro presidente no pertenezca a ningún partido mientras el ¡63%! quiere que sea alguien con experiencia.

La crisis del sistema político afecta a todos los partidos políticos. Cuando preguntamos sobre cuál partido es culpable de la crisis que vive el país, el 30% dice que es el PRI y el 61% cree que lo son todos los partidos mexicanos. El interés de los mexicanos por la política es un poco mayor que el de los habitantes de los demás países de la región: un 5% dice que se interesa mucho en la política, el 26% que le interesa algo, el 46% que le interesa poco y el 23% que no le interesa para nada.  En suma el 69% tiene poco o ningún interés en la política. Estas cifras, que son más dramáticas en otros países latinoamericanos son desconocidas por los dirigentes, que creen que toda la gente sigue sus peleas.

Hay insatisfacción con lo que ocurre actualmente en México: el 64% de los mexicanos quiere que se realice un cambio radical, un 31% que haya algún cambio y solamente un 3% quiere que el país siga por la senda en que se encuentra. El 81% de ciudadanos cree que el país marcha por una dirección equivocada y un 12% que marcha por buen camino. Hay un clamor por un cambio. Como siempre, el “cambio” no tiene un mismo sentido.

Unos creen que hay que ir en una dirección, otros en otra, pero nadie quiere seguir como está.
La seguridad ha sido el eje de la campaña de AMLO, reflejando una necesidad sentida de la población. El 9% dice que la seguridad mejoró en este año, mientras el 64% dice que empeoró. Un 43% dice que algún miembro de su familia fue víctima de un hecho delictivo en el último año y el 54% que no.

Los candidatos.  
José Antonio Meade es el candidato oficialista de la coalición de centroderecha ‘Todos por México’, compuesta por el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (Panal). Es una persona con gran trayectoria académica, técnicamente es el más sólido de los candidatos. Es el primer candidato independiente que ha sido auspiciado por el PRI en la historia. El PRI vive una crisis descomunal que lo arrastra para abajo y la estrategia de su campaña, dedicada a atacar los otros candidatos lo llevó a perder el cómodo segundo lugar con que
inició la campaña, hasta un modesto tercer lugar.

Ricardo Anaya, que aparece segundo en las últimas encuestas, es el candidato de la coalición de centro ‘Por México al Frente’, formada por los partidos de la Revolución Democrática (PRD), Movimiento Ciudadano (MC) y el PAN. Con 40 años, Anaya cuenta con una extensa trayectoria política como diputado y presidente del Partido Acción Nacional. Nuevamente su estrategia agresiva, hizo que a pesar de ser tan joven sea visto como otros de los viejos políticos que se dedican a pelear.  Si hacía una campaña con una estrategia con base a investigaciones pudo posicionarse bien para el futuro.

Muchos analistas que se ubican en la derecha dicen que Andrés Manuel López Obrador es un populista semejante a Maduro. El uso del concepto populista se ha vuelto liviano y sirve para englobar a todo dirigente que se sale de la taxonomía de algún cientista político. Resulta ahora que si un dirigente no calza en la definición de izquierda o de derecha, de autoritario o de democrático termina ubicado en la caja negra de populista. Algo semejante pasa con el concepto de izquierda que pretende englobar lo mismo al kirchnerismo argentino, último descendiente de la falange española, a la dictadura militar venezolana, a Rafael Correa, y a otros autoritarios, que a Lenin Moreno o el Frente Amplio  Uruguayo que son de izquierda, pero respetan la democracia y la institucionalidad. AMLO es un político profesional de la democracia presidencialista más antigua del mundo después de Estados Unidos. No existe en América hispana ningún otro país con tanto respeto a las instituciones como México, que ha sido gobernado por un Partido Revolucionario Institucional.

En los últimos procesos electorales en Paraguay, Colombia, y México han triunfado candidatos a la presidencia que teniendo muchas diferencias entre sí, tienen algo en común: son políticos formados en la política, que tienen todas las ventajas y desventajas que eso supone. Tanto Mario Abdo en Paraguay, como Elías Duque en Colombia, nacieron en familias políticas y vivieron toda su vida vinculados al poder. Ambos se han preparado y vinculado al mundo global, pero la actividad política ha sido central  en su vida desde que nacieron.

En el año 2000 AMLO fue elegido jefe de gobierno del Distrito Federal mexicano donde realizó una obra bien evaluada por la población, que continuó su ministro Marcelo Ebrard quien fue declarado incluso el mejor alcalde del mundo por las Naciones Unidas. Los 12 años de buen gobierno de la ciudad se interrumpieron cuando fue elegido Miguel Angel Mancera del mismo partido, que tuvo menos éxito en la administración de la ciudad. En el 2006 AMLO fue candidato a la presidencia de la República por el PRD y los cómputos oficiales dijeron que perdió por un 0,4% de la votación Frente a Felipe Calderón del PAN. El resultado fue cuestionado por López Obrador que se proclamó presidente legítimo de México y no reconoció la legitimidad del gobierno de Calderón. Sin embargo, México es un país institucional y el gobierno de Calderón empezó y terminó como estaba previsto. En 1912 fue nuevamente candidato presidencial por el PRB, ocasión en que perdió frente a Enrique Peña Nieto del PRI. En esta campaña surgieron divisiones y Andrés Manuel salió del PRB para formar el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que curiosamente terminó aglutinando a casi todos los dirigentes del antiguo partido, con la excepción del jefe de gobierno Mancera que había perdido toda popularidad. En la práctica, Morena fue un instrumento útil que logró que prácticamente se uniera toda la dirigencia del PRD, pero con un nuevo nombre, lo que le permitió presentarse como algo nuevo en un momento en que todos los partidos mexicanos atraviesan una crisis de imagen brutal. Si López Obrador gana los comicios, se convertiría en el primer presidente mexicano de izquierda de la historia y también en el primero que no viene ni del PRI ni del PAN en un siglo.

Cuando revisamos encuestas aplicadas hace seis años, es curioso constatar que la imagen de AMLO casi no se ha movido mucho, especialmente las positivas son casi las mismas del día de la anterior elección, cuando tuvo 52% de positivos y 44% de negativas. En las elecciones del 2006, especialmente por la campaña de la derecha que planteó “AMLO, un peligro para México”, los negativos llegaron a ser más altos. La gran diferencia de esta elección es que tras tantos años de campaña, los números son semejantes, pero han perdido intensidad. El 57% de positivas se descompone en 6% que tiene una imagen muy buena de AMLO y un 51% que dice que es “buena”. Las negativas en 28% de mala imagen y 10% de muy mala. A diferencia de los otros candidatos, sus cifras son duras. Este es un dato estratégico central: AMLO tuvo a lo largo de la campaña un piso alto y duro, y un techo igualmente duro. No era posible tratar de virar a sus seguidores, cualquier campaña negativa era perfectamente inútil.

Sin embargo, en México la política tradicional tiene mucha vigencia. La campaña de Meade trató de aniquilar a Anaya, la de Anaya a Meade, ambas campañas trataron de afectar a AMLO. Si cualquiera de ellos ponía más atención en las necesidades de la gente que en sus peleas personales, habría tenido mejor resultado.

Es seguro que el triunfador será AMLO. Los demás candidatos están en ruinas. Su principal oferta ha sido combatir la corrupción y es comprensible que eso haya sido así, para quienes hemos tenido el gusto de visitarlo en su departamento.

No he conocido ningún dirigente político importante en ningún país latinoamericano que viva de manera tan modesta. Los prejuicios con que la prensa lo trata no son objetivos. Es un líder político formado, con experiencia, que fue un gran jefe de gobierno de una ciudad tan complicada como México. Expresa la crisis del sistema político mexicano y es posible que un presidente sin contaminación con el pasado le haga bien al país.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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