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COLUMNISTAS / MACRI, DE CAMBIO
viernes 30 diciembre, 2016

Mi(ni)sterios

Hay clima de final de una etapa, pero no se descarta que haya otros Prat-Gay.

por Carlos De Angelis

MULETA, Mauricio Macri. Foto: temes

La salida de Prat-Gay marca el fin de la primera etapa de gobierno. En la conferencia de prensa, el jefe de Gabinete Marcos Peña se preocupó por resaltar que el Presidente le había pedido la renuncia, pero la explicación de que se trató “de una discusión del diseño organizacional del Gobierno, y respecto al proceso de toma de decisiones” resultó a todas luces de difícil entendimiento. Las fotos posteriores del ahora ex ministro visitando al presidente Mauricio Macri en sus vacaciones de Villa La Angostura generaron perplejidad, sumadas a la conferencia de prensa posterior de Prat-Gay, cosa inusual para un funcionario “expulsado”. Globalmente considerado, el acto en cuestión es decodificado por el ciudadano común: “Las cosas no andan bien”.  

En efecto, más allá de las cuestiones de estilos, egos, y equipos la tesis principal de Prat-Gay, en aquellos días altivos de la salida del cepo cambiario, era que la devaluación no se iba a trasladar a los precios, porque suponía que la economía ya había descontado el valor del dólar blue de los últimos días del gobierno anterior. Con esta expectativa planteó el “target” de inflación del 20%, sobre cuyo perfil se acomodaron los salarios. La tesis falló y, a diferencia de la megadevaluación de 2002, esta vez los precios siguieron al valor del dólar aunque con cierto retardo. Se conoce el resultado: la aguda pérdida de poder adquisitivo de los salarios, y la recesión actual que muestra todos los números de la economía en baja en el año que se cierra.

El Estado de las cosas. El desdoblamiento del ya desdibujado Ministerio de Hacienda y Finanzas en dos también resulta de difícil comprensión en cuanto a su utilidad. Con el gobierno de Cambiemos los ministerios pasaron de 16 a 20, más Jefatura de Gabinete, Secretaría General, Legal y Técnica y Sedronar que ya existían en el período anterior. Los nuevos ministerios se explican por la creación de Energía y Minería; Comunicaciones; Transporte; Ambiente y Desarrollo Sustentable y Modernización. La cuenta cierra con la eliminación del de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. Ahora se suma uno más con la comentada separación. Cada ministerio con sus estructuras, y lógicas son una maquinaria de difícil puesta en funcionamiento. Esto genera el interrogante sobre si el Poder Ejecutivo precisa semejante aparato burocrático, toda vez que el discurso dominante pasa por la simplificación de la vida de la gente. Toda esta parafernalia es explicada desde adentro del macrismo por la aversión por parte del Presidente a que algún funcionario adquiera poder propio, como tuviera en sus días Domingo Cavallo.

Pero la salida de Prat-Gay no detuvo los rumores sobre nuevos cambios en el equipo de gobierno. Luego de la renuncia de Isela Costantini en Aerolíneas Argentinas ahora es el turno de Daniel Chaín, secretario de Obras Públicas, estructura que en el afán de disolver la cartera que manejara Julio De Vido, pasó a Interior, bajo la batuta de Rogelio Frigerio. En su momento resultó extraño que una cartera política tuviera a su cargo funciones eminentemente técnicas, pero se entendió que la obra pública iba a ser una herramienta permanente de negociación con los gobernadores a fin de lograr apoyos legislativos. Sin embargo, allí tampoco la cosa anda bien, y el cambio procura relanzar las fundamentales obras de infraestructura que el país y la economía requieren. Es un misterio por qué luego del ya famoso retiro del Gobierno en Chapadmalal no se anunciaron las modificaciones todas juntas, puesto que cada cambio aislado genera nuevas incertidumbres adentro y afuera de las estructuras estatales y el mensaje que se trasunta es la falta de una hoja de ruta a seguir.

Hachazos en la noche. En este marco general, la decisión de reducir en más de 500 los ingresantes a la carrera de investigador en el Conicet para 2017 resultó una salida desconcertante, por el alto costo político que le trajo al Gobierno para la escala presupuestaria que se discutía. La metodología aplicada de restringir el ingreso a quienes ya habían sido seleccionados, y que respondía a un plan previo, pergeñado por el mismo Lino Barañao en su etapa anterior, resultó más un hachazo mal dado que un nuevo proyecto científico-tecnológico. Luego, el ataque malintencionado hacia cierto tipo de investigaciones y de investigadores (especialmente en Ciencias Sociales) en las redes sociales le puso mayor dramatismo al asunto. Sumado a esto, cierta modalidad de defensa de algunos investigadores expresando que en el Conicet “sí funciona la meritocracia, no como en el resto del Estado y universidades públicas” desnudó un inquietante elitismo.

Es claro que la estrategia de la política científica de Argentina no es una decisión de los investigadores en forma individualizada, sino de toda la sociedad, donde en todo caso el Estado debe ser instrumentador. Cada investigador tiene la total libertad de estudiar el tema que le plazca, pero para su financiamiento público se deben priorizar temáticas de alta contribución social. Cuestiones como pobreza, desigualdad social, vivienda, condiciones de vida, contribución del sistema político a la democracia, consumos culturales, cuestiones de género, por nombrar sólo algunas, tienen una relevancia social a la par de la ciencia básica. También se debe considerar que investigar requiere de importantes inversiones más allá del pago de becas y salarios. Pero un país donde existe un profundo desacuerdo sobre qué modelo es el deseable mal puede priorizar áreas relevantes del conocimiento.

Misiones. Finalmente, en el orden de enumerar misterios, el nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tiene una tarea parecida a las que soportaba Ethan Hunt en Misión imposible. Reactivar la economía mejorando el poder de compra de los ingresos familiares, manteniendo a raya la inflación y el déficit fiscal, parecen objetivos de difícil compatibilización, especialmente en el contexto electoral. Quizás una estrategia posible sea incentivar las inversiones locales, más que esperar las grandes inversiones extranjeras. Una gran reforma fiscal que simplifique el entreverado sistema impositivo puede ser una herramienta positiva si es debatido de cara a la sociedad, ya que será sin duda blanco de infinitos lobbies.

Finalmente, siguiendo los artículos del nuevo ministro, es esperable que el auxilio financiero esta vez se vuelva a solicitar a ese viejo y controvertido conocido argentino: el Fondo Monetario Internacional.


*Sociólogo, analista político (@cfdeangelis).


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