COLUMNISTAS

No sabe, no contesta

En medio del furor provocado por el deprimente empeoramiento de las relaciones con los Estados Unidos, quedan ángulos inexplorados que gravitan mucho en la escena nacional. Sería razonable no perder de vista, por ejemplo, los similares rasgos de personalidad política en protagonistas diferentes.

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En medio del furor provocado por el deprimente empeoramiento de las relaciones con los Estados Unidos, quedan ángulos inexplorados que gravitan mucho en la escena nacional. Sería razonable no perder de vista, por ejemplo, los similares rasgos de personalidad política en protagonistas diferentes.

Son mujeres y comparten una displicencia esencialmente autoritaria. Emiten opiniones densas y fuertes, con esa naturalidad propia de quien no hizo otra cosa que mandar en su vida, como si fueran líderes por definición.

La Presidenta, una de estas mujeres, sigue desafiando el saludable prurito que aconseja a los jefes de Estado no comentar asuntos de otros países ni convertirse en un opinador profesional.

Es la primera mandataria del país y tiene vigente un contrato de cuatro años extendido por los argentinos para dirigir el país. Sin embargo, no parece querer, o tal vez no puede, contener sus afanes de comentarista.

Si hace pocas semanas anduvo diciendo que le encantaba Barack Obama y que el Banco de España debería dedicarse a mejorar la economía de los españoles, estos últimos días tuvo tiempo para proclamar su envidia por la burguesía brasileña y arremeter contra las evaluadoras de riesgo de los Estados Unidos, dándose el lujo de aludir sarcásticamente al salvataje de financieras norteamericanas.

El Gobierno, además, volvió a victimizarse con los Estados Unidos: para la Casa Rosada, la Casa Blanca está obsesionada con derrocar al gobierno Kirchner.

Pero la verdad es que el de Cristina no es un caso aislado.

Desde otra perspectiva, sobrecoge la contundencia con que Elisa Carrió sigue sin dar cuenta de sus movimientos, reflexiones y opciones políticas. Es una mujer que desde hace años habla de la necesidad de una nueva forma de hacer política, pero aun cuando se fue por su propia decisión del partido que ayudó a crear, este fin de semana presidió una convención de ese espacio, al que ahora vuelve. Pero también se había ido del Congreso y renunció a su banca hace menos de un año. Sin embargo, ahora dice que en 2009 una lista de diputados encabezada por ella misma y el especialista financiero Alfonso De Prat-Gay sería el equipo de sus sueños.

¿Por qué se fue Carrió de ARI y del Congreso y por qué ahora quiere regresar a ambos? Misterio en la noche. Tampoco se sabe con qué estómago digiere la Coalición Cívica un sistema de toma de decisiones donde nada escapa al departamento del 9º piso de Santa Fe y Paraná en el que vive Carrió, desde donde, cada día, se expresa por radio, o desde donde parte a los estudios de TV, que ha trajinado tanto.

Carrió ya se proclamó candidata a diputada por la Capital Federal en 2009 y eligió a De Prat-Gay para que la escolte en el segundo lugar, sin la mediación de congresos partidarios, ni internas, ni asambleas.

Así, Cristina y Lilita tienen en común el hábito de opinar, santificar, execrar, salvar y condenar, sin pudores ni continencias elementales. Sus voces parecen emanar de un poder eterno e inefable, incuestionado e imperturbable. Al interior de sus respectivos espacios, ¿alguien –acaso– pregunta, interroga, profundiza, inquiere, cuestiona?

Esa naturalidad en el ejercicio del poder se hizo rasgo proverbial de una Argentina funcionalmente adaptada a que las irregularidades sean lógicas y la excepcionalidad sea un dispositivo permanente.

Néstor Kirchner, por ejemplo, es el Primer Caballero en una residencia presidencial de Olivos convertida en unidad básica peronista. Aparentemente harto de las oficinas de Puerto Madero que habitó a comienzos de año, y alérgico a pisar la fantasmal sede del Partido Justicialista, el ex presidente despacha desde “la quinta” con legisladores, intendentes y dirigentes del peronismo, con los que arma proyectos políticos.

Son emprendimientos partidarios, desde luego, pero en la Argentina nadie parece escandalizarse de que lo haga en una residencia que no es suya, sino del Estado, habilitada para que allí viva, mientras dura su contrato, el empleado público de mayor rango, la Presidenta.

Con la misma frescura con que se usa la flotilla aérea presidencial para ir y venir de El Calafate desde 2003, Néstor K ha convertido Olivos, desde diciembre de 2007, en unidad básica de política partidaria pura y dura, sin que el país se fastidie demasiado.

Lo extraño es natural y lo inconveniente prevalece. ¿Con qué amenaza a los sindicalistas del proletariado docente el gobernador Daniel Scioli? Con efectividades conducentes: si me hacen huelga, les arruino diciembre y los hago trabajar, los intimó.

Los docentes hicieron un nuevo paro el pasado miércoles, formalmente en rechazo al aumento salarial del 12% ofrecido por Scioli. Dejaron sin clases a 4.500.000 alumnos. Con esa huelga, ya les hicieron perder una semana completa de clases de este ciclo lectivo 2008.

Pero si Scioli ordenó que (por ahora) no se pagaran los cinco días de paro acumulados, es mortificante recordar que cuando asumió, en diciembre, una de sus primeras medidas fue revertir una medida similar del ex gobernador Felipe Solá, que antes de terminar su mandato descontó días de huelga. Scioli les pagó esos días a los sindicalistas, de modo que durante este año hicieron huelgas seguros de que cobrarían como si hubieran trabajado.

En una sociedad patas para arriba, el mejor recurso para domar a los irascibles gremialistas de la educación es insinuar que tengan que dar clase, extravagancia nacional parecida a esa idea criolla y alucinante de trabajar “a reglamento”, para que nada funcione, de lo cual se deduce que el “reglamento” es carcajada, letra muerta, falta de respeto.

El Gobierno argentino tampoco explica la denuncia del fiscal Thomas Mulvihill en el juicio por la valija bolivariana con 800 mil dólares. El magistrado norteamericano ha divulgado grabaciones reveladoras de que la valija de Antonini Wilson llevaba dólares para la campaña de Cristina Kirchner.

Lo descomunalmente grave es que ese episodio de ilegalidad monumental involucra a funcionarios argentinos y venezolanos, que aterrizaron en Buenos Aires en una aeronave alquilada y fletada por el Estado argentino.

Es la misma filigrana pastosa y execrable respecto de las irregularidades en el Ejército relacionadas con el financiamiento de la campaña de Cristina Kirchner en 2007, que parecen explicar varios ascensos aprobados por el tan objetado y procesado comandante Roberto Bendini durante el período 2007/2008.

Ninguno de estos graves asuntos parece alterar la impavidez oficial, como si fuera cierto que lo que no se menciona no existe.

En casi todo lo que se dice y se hace, nadie asume nada de lo que le corresponde. En la Argentina nadie responde las preguntas verdaderas. Permanecen en la intemperie, sometidas a la penuria de una época desangelada.