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Otro año peronista

Llegó la hora del republicanismo por decreto, mezclado con algo de represión y planes sociales. Y clase media con buen consumo.

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default Foto:Cedoc

Entro a la productora y no veo a nadie. Están todas las luces apagadas y hace un calor infernal porque nadie prendió el aire acondicionado. Desde la oficina de Carla, mi asesora de imagen, se ve luz y se escucha música. Entro. Carla está metiendo en una caja varias botellas de champán, turrón, garrapiñada, peladillas… por suerte ahí sí el aire acondicionado está prendido.

—¿Qué pasa? –pregunto–. ¿Por qué no hay nadie?
—Macri mandó un DNU y nos interviene la productora, como a la Afsca –me contesta, mientras guarda un pan dulce y unos paquetes de pasas de uva bañadas en chocolate.
—¡¿Qué?! –me alarmo–. ¡No puede ser!
—Claro que no puede ser, boludo –agrega Carla, que ahora cierra la caja–. Ya se fueron todos. Vacaciones, ¿te suena?
—¿Y el brindis?
—¿Qué brindis?
—El brindis de fin de año –digo–. Todos los años nos juntamos todos para brindar. Y creo que este año amerita un brindis especial.
—¿Por qué?
—¿Cómo por qué? Hubo un cambio de gobierno, se abren nuevas expectativas…
—Mmm… sé… –Carla sigue concentrada en su canasta navideña.
—¿O sea que no brindamos?
—Uff, dale, si querés brindamos –me dice, algo molesta–. Acá me quedó una botella de ananá fizz fuera de la caja que pensaba dejarle a la señora de la limpieza. Lo demás lo tengo todo guardado, no me vas a hacer desarmar todo...
—¿Pero cómo? ¿Te estás llevando vos sola todos los regalos que nos mandaron?
—Es que no había nadie y pensé que no venías –se excusa Carla–. Y como no sé si los precios van a aumentar...Mirá, acá me quedó fuera de la caja un budín inglés con fruta abrillantada, ¿lo querés?
—No, está bien –digo algo decepcionado, mientras agarro dos vasos de plástico–. Mejor brindemos y ya.
Abro el ananá fizz, que está caliente, y lo sirvo.
—¡Brindo por un 2016 lleno de felicidad y de prosperidad económica! –digo mientras alzo mi vaso.
—Eso es imposible –me interrumpe Carla–. La prosperidad económica no alcanza para todos. Lo único que alcanza para todos es la inundación.
—Che, tampoco le vas a echar la culpa a este gobierno por las inundaciones en el Litoral…
—No, claro que no –admite Carla–. Aunque tienen a un experto en la materia, como el Lole Reutemann…
—Las inundaciones son terribles. Creo que me voy a ofrecer para jugar en el partido que está organizando Bou.
—¿Quién? –pregunta Carla.
—Bou, el delantero de Racing. El tipo es de Concordia, se fue a su ciudad a colaborar con los inundados y ahora va a organizar un partido a beneficio. Yo podría proponerme para jugar.
—Creo que la idea es colaborar con los inundados, no hundirlos más con un cetáceo parado en mitad de cancha –dice Carla.
—No jodas, que lo de los inundados es un garrón para todos.
—Sí, pero sobre todo para Macri –dice Carla.
—Y sí, arrancar la presidencia así…
—No, digo que es un garrón porque va a tener que suspender las vacaciones. ¡Pobre Macri!
—No arrancó bien, Macri –continúo–. Primero, la represión con balas de goma a los laburantes de Cresta Roja…
—Eso para mí fue un avance –me interrumpe Carla–. Pensá que en el Borda y la Sala Alberdi habían reprimido con balas de plomo. Lo de las balas de goma es un paso republicano muy importante.
—¿Te parece?
—¡Claro! –insiste Carla–. Además, Macri había prometido que iba a mantener lo mejor del kirchnerismo. Y cumplió: el método Berni de desalojo de rutas sigue intacto.
—Brindemos por eso, entonces –digo mientras alzo mi vasito de plástico–. Y porque podamos seguir comprando dólares.
—Sí –se enoja Carla–, pero brindemos también por que se levante el tope populista, estatista, estalinista, fascista, castrista, chavista y norcoreano de los dos millones de dólares.
—¿Y a vos eso en qué te jode? –pregunto.
—Tenés razón, todavía no pude juntar tanto. Y menos laburando con vos.
—¡Bueno, andá a laburar con Novaresio o con Majul, si querés tener más prosperidad!
—Tranquilo, no te enojes. Además, el tope de los dos millones es un claro homenaje a Néstor, que declaró que tenía esa cantidad de plata, ¿te acordás? Deberían ponerle “tope para comprar dólares Néstor Kirchner”.
—¿Vos decís que este gobierno se atrevería?
—Por supuesto –responde Carla—. Pero sólo por decreto de necesidad y urgencia. El Gobierno será muy republicano pero no es nada parlamento friendly.
—¿Lo decís por lo de la Ley de Medios?
—¿Qué Ley de Medios? –pregunta Carla–. ¿Vos te referís al DNU de Medios? Yo estaba pensando en los nombramientos de los nuevos miembros de la Corte Suprema.
—Pero en eso fueron para atrás…
—Sí, hay que reconocer que en eso son mejores que el kirchnerismo –admite Carla–. Pero también hay que decir que buscando nietos son bastante peores.
—¡Pará, no jodas con lo de Clara Anahí, la nieta de Chicha Mariani! ¡Pobre Chicha! Una mujer tan valiente, tan luchadora… es un garrón lo que le pasó.
—Sí, claro, no lo niego –sigue Carla–. Pero el kirchnerismo te encontraba los nietos y con eso te tapaba cualquier ajuste, devaluación, inflación o represión. Unos capos. Aunque también la pifiaron feo un par de veces con los análisis de ADN…
—¿Te referís al Banco Nacional de Datos Genéticos?
—No, estaba pensando en los análisis de ADN de las supuestas hijas de Perón y de Sandro. Dos decepciones enormes. ¡Eran iguales!
—Bueno, ¿entonces brindamos o no brindamos? –pregunto alzando mi vaso de plástico lleno de ananá fizz, que ahora no sólo está caliente sino que ya casi no tiene gas.
—Brindemos –acepta Carla–. Brindemos por el peronismo, que es el movimiento que sigue gobernando la Argentina.
—¿Qué decís? El peronismo ya fue. Se vino el cambio, entramos en la era republicana…
—Un republicanismo por decreto, con un poco de represión, pero también con un poco de planes sociales y bono navideño, con altos niveles de consumo en una clase media pipona y con ganas de empezar a quejarse… ¿Sabés cómo se llama esa clase de republicanismo?
—¿Cómo?
—¡Peronismo! –grita Carla.
—Pero eso sería tener un discurso en la teoría y en la práctica hacer otra cosa…
—O sea… ¡peronismo!
—Brindemos, entonces –me entusiasmo–. Con ananá fizz caliente y sin gas, en vasos de plástico, mientras vos te guardás el champán.
—No puede haber un brindis más peronista que eso –responde Carla.
—¡Feliz 2016!
—¡Y viva Perón!


pmarchetti


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