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sábado 10 febrero, 2018

Polvo de estrellas

“Dejate de joder”, le dije a Cate la última vez que chateamos. “Lo que hacés en Thor Ragnarok es penoso”.

por Daniel Link

Portal Perfil.com Foto: Perfil.com

“Dejate de joder”, le dije a Cate la última vez que chateamos. “Lo que hacés en Thor Ragnarok es penoso”. No porque esté mal, ojo, sino porque nos obliga a ver una película trivial y bastante horrible en sus presupuestos que, sin su presencia, no habríamos visto. O sea: “Ponés tu talento al servicio del peor cine”.

Como me cortó (no sé si bloqueó mi contacto, no estoy dispuesto a averiguarlo), me obligo a reemplazar sus performances y la para mí necesaria cuota de placer que de ellas obtenía por otras.

Todo el mundo sabe que, así como soy de intransigente con los atentados a mi ética personal, que desdeña el cualquierismo, para mí la buena performance y el afecto deben darse la mano. De otro modo, me dejan frío.

Por fortuna, siempre hay un viejo amor que vuelve. Dos días después de haber terminado con Cate (ya volverá a darme placer, no me caben dudas), me pregunté: ¿qué habrá sido de Dakota?

La respuesta me llegó de la mano de dos películas y una serie: Pastoral americana (2016), Please Stand By (2017) y The Alienist (2018). A Dakota había dejado de hablarle (o ella había dejado de hablarme a mí, para ser más precisos) cuando comprometió su extraordinario talento actoral en la saga Crepúsculo. “¡Ay, no, mi amor! Ni por dinero podés caer tan bajo”. Ella, de inmediato, cambió de representante. William Morris Endeavor empezó a diseñarle la carrera que ella merecía, mientras su hermanita Elle Fanning parecía ocupar su puesto. Naturalmente, pronto se notó que Elle, más allá de su belleza juvenil, no tiene nada que ofrecer al mundo de la actuación.

En Pastoral americana, Dakota representa a una joven tartamuda, completamente enfrentada a sus padres-modelo (Ewan McGregor y Jennifer Connelly). Su personaje adhiere a las ideas más radicales y comienza a poner bombas con el secreto objetivo de minar la sociedad norteamericana de los años 60 y su sistema de valores. Vive en la clandestinidad y, después de un episodio que le cambia la vida, adhiere a un credo oriental que le impide prácticamente comer y, desde luego, bañarse, para respetar a ultranza toda forma de vida.

Please Stand By es menos amarga. Allí Dakota da cuerpo a una joven autista obsesionada por escribir un guión para Startrek y presentarlo a concurso en Universal Studio, lo que la obliga a escaparse (¡sola!) a Los Angeles.

Las dos actuaciones rescatan lo mejor de Dakota, que puede combinar con naturalidad una restricción (el asma, el tartamudeo, el autismo) con una obsesión intelectual o afectiva y convencernos de que ese límite puede ser vivido, o mejor: que merece ser vivido.

Le escribo a Dakota un “¡Bravo!”. Ella se alegra y me contesta que espera que me guste la versión de La campana de cristal (la novela de Sylvia Plath) en la que actúa bajo la dirección de Kirsten Dunst. “La espero impaciente”.


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