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Por un Pacto de la Moncloa

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 Existe la posibilidad de que una enmienda constitucional establezca una elección directa, tan inmediata como posible. Pero, aun cuando se apruebe esa enmienda, la elección se hará con un sistema político podrido hasta la médula, lo que siempre abre espacio para el surgimiento de aventureros.

Junto con las elecciones directas, y no en lugar de, lo ideal sería que las dirigencias brasileñas hicieran lo que se hizo en España en la transición del franquismo a la democracia: el Pacto de la Moncloa, por el cual las principales fuerzas políticas españolas establecieron reglas básicas de funcionamiento de las instituciones y del gobierno que nació de las elecciones de 1977, las primeras libres en prácticamente cuarenta años.

Hoy, en Brasil, es tal el grado de crispación que una propuesta de este tipo parece imposible de aplicar. Pero debemos recordar que el pacto en España se dio entre fuerzas que se habían matado unas a otras en la Guerra Civil de 1936 a 1939. En Brasil, el tiroteo es verbal.

Se puede alegar contra el pacto que las dirigencias políticas no merecen fe. Es verdad, pero son las que tenemos, ya que no es posible importar políticos suecos o dinamarqueses. Y, además, todos fueron debidamente elegidos. Sus culpas, por lo tanto, contaminan también a los electores.

Un gran acuerdo decente permitiría elegir a un o una presidente de transición, que aplicaría un programa igualmente acordado, en líneas generales, hasta que las verdaderas elecciones directas se convocaran normalmente, en 2018.
Admito que es una propuesta tal vez ingenua, pero ¿cuál es la alternativa? ¿Permitir el naufragio definitivo que tal vez acabe arrastrando también a las elecciones de 2018?

*Periodista. Columnista del diario Folha de São Paulo.