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COLUMNISTAS / opinion
domingo 8 julio, 2018

Qué es Macri

Qué es Macri significa qué es en sentido político y económico. Saberlo ayudaría a entender mejor hacia dónde nos puede llevar.

por Gustavo González

DESPREJUICIO ideológico para comprar recetas heterodoxas. ¿Servirá para hallar un camino mejor? Foto: TEMES

Esa es la pregunta que está antes. Antes de otras como cuánto valdrá el dólar a fin de año, cómo sigue la relación con el Papa o por qué el futuro estratégico del país está en manos de economistas.
Qué es Macri significa qué es en sentido político y económico. Saberlo ayudaría a entender mejor hacia dónde nos puede llevar.

Ser para los demás. Si Menem pasó el estatismo de Perón por el filtro liberal de Alsogaray. Si Néstor Kirchner fue la síntesis entre ese Menem y la recuperación de un nacionalismo discursivo. Si Cristina era una mezcla de lo anterior con relato setentista. ¿Qué es Macri? ¿Un mix entre el liberalismo peronista de Menem y el frondizismo de la racionalidad económica y el impulso desarrollista? ¿O simplemente un empresario que aplica la lógica privada a la administración pública con la esperanza de que un nuevo CFO (chief financial officer) logre rentabilizar al país?

En cierto establishment y entre los economistas más ortodoxos lo empezaron a llamar un “kirchnerista con buenos modales”. Esperaban que fuera Menem más Alsogaray y ahora dicen que ni siquiera es Menem. Son los que pedían un ajuste duro y se encontraron con un gradualismo tibio.

Los kirchneristas creen que Macri es el típico liberal salvaje cuya política económica es la misma que llevaban adelante las dictaduras del pasado. Tarifazos, represión e insensibilidad. “Un gobierno de ricos y para ricos”.

Los peronistas no K confiesan que Macri lleva adelante políticas que ellos asumirían, como bajar la inflación y el déficit fiscal, pero cuestionan sus herramientas monetaristas y su incomprensión de una matriz productiva de país tan vinculada al consumo.

Los herederos de Frondizi y Frigerio, con quienes a veces Macri se compara, afirman que si los fundadores del desarrollismo resucitaran se deprimirían: “Retrasar el tipo de cambio durante dos años, subir las tasas de interés y estrangular la economía para bajar la inflación no genera desarrollo, al contrario”.

Ser para Macri. Así como las definiciones de los demás están llenas de prejuicios u oportunismo, las del macrismo están contaminadas de marketing y conveniencia electoralista.Todos tienen una forma de definir a Macri. Macri no.

En el manual del buen macrista no se acepta responder a la pregunta de cuál es su magma ideológico. Que el PRO se defina como “el partido de la gente” indica de por sí su ruptura con las categorías clásicas de la política. El verdadero Macri es un poco de todo lo que le achacan ser, pero no se ajusta a ninguna calificación cerrada. Es inasible tanto para los demás como para él mismo. Porque es un presidente líquido como su tiempo y los sectores que representa. Definirlo es un esfuerzo de los analistas, no un imperativo de Macri.

Reconstruyendo diálogos en off the record, declaraciones oficiales y hechos de gestión, se podría poner en su boca lo siguiente: “Una buena gestión también puede ser una ideología, si se entiende ideología como las ideas para mejorar la calidad de vida de la mayoría. Los argentinos perdimos mucha energía y dinero en armar relatos que servían para alimentar grandes debates, pero no para resolver los problemas concretos de la gente”.

Solo habría que agregarle un par de conceptos: lo que ingresa debe ser mayor que el dinero que se gasta y la Argentina tiene que abrirse al mundo para que lleguen inversiones. Lo que para la política tradicional suena simplista, para Macri es “gestionar y dejar de vender humo”.

La licuadora ideológica. El Presidente es ese minimalismo discursivo, con el pragmatismo de época necesario para comprar recetas de distintas fuentes económicas. Su vacío ideológico es cubierto por la creencia de que para manejar un país se necesitan buenos administradores privados. Y lo primero que un buen administrador intenta es cerrar el déficit.

Luego vendrán inversores que premien cuentas en orden, bajará la inflación y sobrevendrá el crecimiento.
Macri no tiene deudas con ancestros políticos, religiosos ni con los símbolos partidarios, por eso en su licuadora ideológica suma práctica política peronista, perfil desarrollista con la obra pública y cierta institucionalidad radical. Además del liberalismo económico que viene en su ADN empresarial y el liberalismo cultural de la posmodernidad que lo aleja tanto del Papa como de los sectores más conservadores de la sociedad.

Los Macri detrás de Macri.Entender qué es Macri es, también, entender a quién y a cuántos Macri representa.Es el primer presidente no peronista que logró gobernabilidad. Pero sin ejecutividad, poco más le será posible. Gobernar no solo es mostrar un plan de gestión. Es tener el poder para ejecutarlo. No hay plan económico exitoso sin el respaldo y la confianza de una mayoría relativamente estable.

Tanto en las PASO 2015 como 2017, el votante macrista representó alrededor de un tercio del electorado. Alcanzó para ganar. Para ejecutar políticas de gobierno es poco.

El macrismo es una alianza política inédita que atraviesa a todas las clases sociales. Pero ese policlasismo que lo vuelve único puede ser una complicación a la hora de gobernar porque en su interior conviven sectores que tienen intereses en común, pero muchos otros en contra.

Para alcanzar la gobernabilidad con ejecutividad, el macrismo aún tiene pendiente  la misión de crecer más allá de aquel tercio de adherentes. Crecer hacia todos los sectores de la pirámide, pero especialmente hacia la base de esa pirámide, históricamente inclinada al peronismo. Sin captar la confianza mayoritaria de ese sector, la gobernabilidad pierde capacidad ejecutiva. Los sectores del trabajo en su alianza con diferentes núcleos de la alta burguesía fueron los que blindaron de gobernabilidad y ejecutividad al peronismo (más allá de lo bueno o lo malo que haya hecho luego el peronismo con esa base de sustentación).
Es lógico que sea esa alianza la que genere un respaldo más sólido: son los directamente vinculados a los medios de producción y conforman los mayores grupos de interés y de presión (cámaras empresariales, sindicatos, Iglesia).
Es cierto que la posmodernidad debilitó la representatividad de las estructuras tradicionales de la política y que las redes sociales hicieron lo propio con la forma en que esos sectores se comunican y relacionan.

Pero negar toda influencia de esas estructuras implicaría la ceguera de no aceptar lo que no conviene ver.
Además, más allá de las estructuras están las personas que integran ese mundo del trabajo al que el macrismo no termina de convencer.

En manos de un CFO. En la intimidad de estos años de gestión, los máximos dirigentes del oficialismo (en especial los formados en el peronismo) se reconocen conscientes de esa necesidad. La obra pública fue una forma eficiente de llegar a ellos, pero no es suficiente. El desafío es complejo. El Gobierno debe ampliar su base de sustentación, pero para hacerlo necesita derramar más beneficios concretos hacia esos sectores a seducir.

Un verdadero dilema: sin mayor respaldo social le será más difícil conseguir el poder suficiente para lograr mejores resultados. Y sin mejores resultados le será difícil conseguir más respaldos. Dujovne acaba de proyectar un crecimiento del PBI del 1% para este año y del 2% para el que viene, con una inflación que en 2018 rondaría el 30% y que para el próximo espera no supere el 17%.

Si el CFO de Macri cumple la promesa, en cuatro años de gestión habría una reducción en términos reales del PBI per cápita, con una inflación y un nivel de pobreza promedio similar a los del kirchnerismo. Y más de US$ 100 mil millones de nueva deuda pública.

Así va a ser difícil ampliar su base social. Pero Macri quizá está a tiempo de que su falta de prejuicios ideológicos lo lleve a descubrir un camino mejor.


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