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COLUMNISTAS / ALEMANIA
domingo 11 marzo, 2018

¿Se evitó lo peor o se aplazó el problema?

Los militantes socialdemócratas aprobaron la nueva coalición con los conservadores. Dominó el miedo a un triunfo de la extrema derecha si se llamaba a nuevas elecciones.

Franco Delle Donne**

Merkel. La canciller encabezará la tercera coalición con los socialdemócratas. Foto: AFP

Dos tercios de los afiliados socialdemócratas decidieron apoyar a su dirigencia y dar luz verde a la formación de otra gran coalición con Angela Merkel (CDU). Triunfó el miedo a nuevas elecciones, alimentado por los alarmantes números de intención de voto del partido socialdemócrata. Las consecuencias de esta decisión impactan en el corto, mediano y largo plazo, no solo sobre el partido socialdemócrata (SPD) sino sobre todo el sistema político alemán.
Los resultados de las elecciones de septiembre de 2017 fueron muy duros tanto para el SPD como para la CDU. En conjunto, perdieron 13 puntos respecto de 2013. El castigo electoral a la gran coalición fue leído por muchos como una señal para cambiar de rumbo, para darles un perfil más marcado a los partidos mayoritarios y para ofrecer alternativas. El fracaso de Jamaika los llevó a repensar la idea de una nueva gran coalición y, luego de muchas idas y vueltas, la concretaron.
Ahora bien, ¿y el mensaje de las urnas de septiembre pasado? ¿Cómo lograrán la CDU y el SPD recuperar la confianza? ¿Alcanzará con el paquete de medidas que se proponen en el contrato de coalición? ¿O será que el problema es de otra índole? ¿Tiene Alemania un problema de representación política? Las encuestas mencionadas previamente indican que, de haber nuevas elecciones, la gran coalición podría no llegar a obtener la mayoría. Es decir, a los dos partidos mayoritarios juntos les costaría obtener la mitad más uno de los escaños en el Bundestag. Increíble, pero real. A partir del próximo 14 de marzo, cuando se vote la conformación del próximo gobierno, la recuperación de la legitimidad será el mayor desafío de conservadores y socialdemócratas. Mucho mayor aún que el de gobernar Alemania.


La nueva gran coalición presenta una externalidad que en un principio se quiso evitar y que el devenir de los acontecimientos la ha vuelto inevitable: el partido ultraderechista Alternative für Deutschland (AfD) será el nuevo líder de la oposición. Esta situación es una oportunidad de oro para los ultraderechistas, que se beneficiarán desde múltiples puntos de vista. AfD se adueña de la voz oficial de la oposición. Sus líderes serán quienes se enfrenten discursivamente al gobierno y, en consecuencia, a ambos partidos mayoritarios. En el Parlamento ocuparán puestos claves en las comisiones y tendrán intervenciones que les permitirán generar el contrapunto necesario para consolidarse como un actor protagónico del debate político alemán.
En otras palabras, el trabajo de contralor del gobierno, que usualmente ejerce la oposición, quedará en manos de AfD. Y con ello evitará un peligro importante, al menos durante el tiempo que dure la gran coalición: convertirse en una oposición testimonial y así perder su capacidad de control e influencia de la agenda pública. Una tarea que han demostrado manejar como verdaderos expertos.
Los ultraderechistas, además del tema del liderazgo de la oposición desde la visión parlamentaria, se benefician ampliamente desde el punto de vista simbólico. En efecto, su discurso crítico con los partidos políticos tradicionales se ve legitimado tras el acuerdo entre SPD y CDU. AfD tiene la chance de decir que es la única voz del cambio. Esto naturalmente fortalece su estrategia de capitalizar el descontento, algo que sostenemos en nuestro libro Factor AfD, publicado a principios de septiembre de 2017.
Los mayoritarios, no obstante, han ganado algo de tiempo para intentar escapar de esta trampa. Ambos partidos se encuentran en un proceso de renovación. Una verdadera oportunidad para intentar reconstruir la confianza del electorado a partir de la aparición de nuevas caras y nuevas ideas. Un proceso que puede desembocar en la reconstrucción de los difusos perfiles de ambas formaciones.
Por un lado, la CDU comienza a transitar el fin de una era. Muy posiblemente, este gobierno sea el último con Angela Merkel al frente. La canciller ha recibido críticas internas tras las negociaciones con los socialdemócratas y su reacción fue rápida: incorporación de algunos díscolos al futuro gabinete y nombramiento de la nueva secretaria del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer. Ambas acciones dan cuenta del interés de Merkel por ordenar el partido y empezar a delinear el futuro a mediano plazo. En la CDU ha comenzado la sucesión.


Por otra parte, el SPD está practicamente obligado a ofrecer un nuevo discurso a la población. El efecto Schulz, en lugar de llevar a la socialdemocracia a la Cancillería, la llevó al 16% de intención de voto. El problema de credibilidad que deja esta etapa es brutal. En este contexto, los nuevos (viejos) dirigentes del partido tienen la tarea de pensar, organizar y ejecutar una verdadera transformación. Hasta ahora, solo se ha escuchado hablar de una profunda renovación organizativa y programática. Sin embargo, cuesta imaginar que sea posible si no se discute también una renovación personal y discursiva.
En conclusión, la nueva gran coalición, la cuarta de la historia y la tercera entre Merkel y los socialdemócratas, presenta desafíos inmediatos, peligros importantes y oportunidades a futuro. El nuevo gabinete que asumirá el próximo 14 de marzo deberá demostrar que la misma receta puede dar resultados distintos, algo que para un sector importante de la población alemana ha dejado de ser creíble. La fórmula de la gran coalición como garante de la estabilidad alemana puede haber funcionado; sin embargo, estabilidad no es lo mismo que confianza. Socialdemócratas y conservadores estarán obligados a gobernar en conjunto y, al mismo tiempo, a intentar diferenciarse entre sí para poder eliminar cualquier vestigio de crisis de respresentación en Alemania.
Los interrogantes que surgen de este complejo escenario ponen el foco en la dirigencia de ambos partidos: ¿Serán capaces de estar a la altura de aquel desafío? ¿Lograrán calmar el malestar interno? ¿Están dispuestos a sacrificar sus anhelos personales y políticos en pos de habilitar la necesaria renovación partidaria? Muchas preguntas que el nuevo gobierno irá respondiendo a lo largo de los meses. Siempre y cuando le quede algo de tiempo luego de gobernar Alemania, liderar el proceso de reforma en Europa y enfrentar los imponderables problemas de la coyuntura.

*Licenciado en Comunicación por la Universidad Nacional de La Matanza y doctor por la Freie Universität Berlin, reside en Alemania desde hace más de siete años. Es coautor del libro El retorno de la ultraderecha a Alemania.


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