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COLUMNISTAS / opinion
sábado 9 junio, 2018

Sentimiento del mercado

Ver que el Presupuesto aprobado hace seis meses previó una realidad económica tan distinta a la que termina siendo, muestra que el verdadero disparate es la pretendida capacidad de prever de los economistas.

por Jorge Fontevecchia

RELATOR: Dujovne explica lo inexplicable. Foto: NA

—George Parr, ¿tú eres un agente de inversiones?
—Lo soy, sí.
—Y como tal, tienes tu dedo sobre el pulso del mercado financiero.
—Sí, en gran medida, sí.
—Y durante este verano ha habido mucha turbulencia financiera y...
—Volatilidad en el mercado, sí. Tremendo.
—¿Qué ha causado eso?
—Tienes que entender dos cosas sobre el mercado. Una es que está compuesto de gente lo más aguda y sofisticada. Las mayores cabezas del mundo. Y la otra es que está dirigido por sentimientos.
—¿Y eso qué significa?
—¿Qué significa? Bueno, todo está yendo bien normalmente y, de repente, una de esas personas agudas o sofisticadas va y dice:  “¡Dios mío, lo hemos perdido todo! ¿Qué hacemos? Dios mío, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer?
—¿Tirarse por la ventana?
—Sí, tirarme por la ventana. Saltemos todos.
—¿Vender?
—Sí, ¡vender! ¡Vender todo!
(pausa).
—Y algunos días después, la misma persona aguda y sofisticada dice: “Creo que todo va bien. Sí, estamos ricos. ¡Estamos ricos!
—¿Estamos ricos?
—Sí, compremos, compremos.
—¿Compremos?
—Sí, y a eso lo llamamos el sentimiento del mercado.
—Estamos exagerando un poco, ¿no?
—No lo creo, hace unos meses, cuando la Bolsa cayó, una firma con mucha reputación sacó una nota que ponía, y la cito: “Los agentes del mercado no saben si comprar por el rumor y vender con la noticia, hacer lo opuesto, hacer ambas cosas o no hacer ninguna, según la dirección del viento”.
—¿Y esa es la clase de análisis rigurosos por los cuales se pagan enormes sueldos?
—Exactamente. Y algunos días después, con la mejora de la situación, un alto cargo de otra prestigiosa firma dijo, y lo cito: “Volvemos a los días felices”.
—No hay dinero que pague esa sabiduría madura.
—Sí, esa gente recibe millones en bonus.
(Diálogo entre dos comediantes del programa de la televisión inglesa The Last Laugh. Vale ver sus expresiones).

* * *
Ver que el Presupuesto aprobado hace seis meses previó una realidad económica tan distinta a la que termina siendo y que en su momento ni el FMI, ni las comisiones de presupuesto del Congreso, ni los estudios de economistas privados, salieron a decir que se trataba de un disparate, muestra que el verdadero disparate es la pretendida capacidad de prever de los economistas.

En diciembre, antes de aprobar el Presupuesto, ya había comenzado la sequía en el campo

No se puede culpar a la sequía y posterior inundación de este cambio de contexto económico generalizado. Fenómenos climáticos suceden con cierta regularidad y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) tiene estadísticas detalladas de estas modificaciones cíclicas. En diciembre ya se advertía que altas temperaturas y falta de lluvias, típicas del fenómeno climático conocido como La Niña, eran comparables con la de la cosecha 2008/2009 cuando se produjo otra importante sequía, superior para muchos a la de este año. Paralelamente, para el Estado parte de las pérdidas por cosechas menores se compensó por mayores precios y finalmente la producción de granos estuvo dentro del promedio y solo alejada de las expectativas de récord que se pudiera tener pero que no debieran ser parte de ningún presupuesto.

Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación en Recursos Naturales del INTA, afirmaba por entonces: “Estamos ante una alta probabilidad de ocurrencia de eventos de alto impacto como lluvias, olas de frío o calor, de condiciones meteorológicas que se modifican muy rápidamente, con las que conviven las producciones agropecuarias y ante las que debemos estar cada vez más preparados”. En Rusia, donde las exportaciones de energía son como para nosotros la soja, el presupuesto nacional se hace siempre cubriéndose de eventuales bajas del petróleo. Lo mismo en Chile con el precio del cobre, que es su mayor fuente de ingreso por exportaciones.

Cuando un periodista no especializado consulta a los climatólogos de las bolsas de comercio dedicados a pronosticar cosechas, puede tener la misma sensación que transmite la parodia del inversor financiero del programa The Last Laugh: escuchará teorías sobre 50 años húmedos (1960-2008) y 50 secos. Otras de 5 años secos por 5 húmedos. En síntesis, una ruleta de la que solo se puede salir airoso a largo plazo, siendo conservador.

Tampoco se puede atribuir al aumento de la tasa de interés de los Estados Unidos que en 2018 tengamos el doble de la inflación prevista en el Presupuesto aprobado por el Congreso hace seis meses, porque en diciembre la economista Janet Yellen, jefa saliente de la Reserva Federal, Fed, ya había producido tres aumentos de la tasa de interés en Estados Unidos y se había anunciado que el nuevo jefe de la Fed, el jurista Jerome Powell, continuaría con los aumentos de tasa de interés durante 2018 al mismo ritmo de tres aumentos por año de 0,25% cada uno. Nadie puede decir que no sabía a fin de diciembre pasado que esto iba a suceder. El propio Gobierno elogió al ministro de Finanzas Luis Caputo porque, adelantándose a la falta de financiamiento que se produciría, emitió deuda anticipadamente la primera semana del año, por 9 mil millones de dólares. Eso fue el 4 de enero, solo seis días hábiles después de que fuera aprobado el Presupuesto, el 22 de diciembre.

El aumento del 50% del dólar, de los 17,35 pesos de comienzos de diciembre antes de que fuera aprobado el Presupuesto, a los 26 pesos de hoy, tiene claramente un componente especulativo que no se puede explicar por la sequía y el aumento de la tasa de interés en Estados Unidos o, menos aún, a causa de las críticas de Carrió y Cornejo al aumento de la tarifas.

En 2017 en EE.UU. la Reserva Federal había aumentado tres veces los intereses, igual que en 2018

El “¡Venda! ¡Venda! ¡Venda! ¡Compre! ¡Compre! ¡Compre!” de la parodia de The Last Laugh refleja el paso de la euforia al pánico y viceversa que retroalimenta las tendencias de los mercados, el llamado componente “sentimental” al que irónicamente hace referencia la parodia de la televisión inglesa. Y que esa irracionalidad a posteriori se revista de asertivas explicaciones es el verdadero escándalo.


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