Despejado
Temperatura:
15º
Ciudad:
Buenos Aires
jueves 20 de septiembre de 2018 | Suscribite
COLUMNISTAS / Opinión
lunes 10 septiembre, 2018

Ser o No Ser: un debate existencial

La ruptura del pacto social hobbesiano encuentra destellos tanto en la esfera política como en la social.

por Gretel Ledo

Mauricio Macri, ante la UIA. Foto: Noticias Argentinas (archivo)

Ser o no ser. He aquí el interrogante. ¿Qué es lo más noble que soporte el ánimo? ¿La honda y las flechas de la suerte injusta, o armarse contra un mar de sobresaltos y hacerles frente hasta concluir con ellos?
(Hamlet, William Shakespeare)

El soliloquio de Hamlet abre las puertas a interrogantes existenciales que se libran en el fuero íntimo de una persona. Devastado por la muerte de su padre, el rey de Dinamarca, Hamlet se pregunta si es más noble aceptar el destino o dar fin a la vida y sus sufrimientos. La obra del dramaturgo inglés, William Shakespeare (1564-1616) introduce la lucha entre la vida y la muerte frente a un acontecimiento inesperado que deja pulverizada la conciencia.

Lo paradójico es el precio que se paga tanto frente a la decisión de actuar como de no actuar. Acción y omisión presentan resultados tangibles.
Hoy se habla de una Argentina exasperada. De una sociedad que traduce sus demandas en manifestaciones espontáneas. El escenario muchas veces se monta sobre el conflicto. Una de las acepciones que presenta la Real Academia Española para conflicto es la psicológica: “Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos”.

La línea conflictiva encuentra un enfrentamiento acérrimo donde el “poder del escucha” brilla por su ausencia. Como en todo circuito comunicacional, el diálogo presenta a un emisor y un receptor. El mensaje permea y luego es decodificado por el interlocutor. La capacidad de dialogar es una de las mayores virtudes que deben caracterizar a la construcción de un PACTO SOCIAL DE CONVIVENCIA. Intolerancia es sinónimo de violencia simbólica. Lo que opera en el plano simbólico muchas veces es más grave que lo material porque permea en las mentes. Horada las conciencias. Esclaviza los espíritus. Empobrece las almas.

En el estado de naturaleza hobbesiano descripto en El Leviatán de Thomas Hobbes, el hombre como “lobo del hombre” ejercita la violencia física en un estado de guerra permanente para la satisfacción de necesidades personales y la consecución de sus objetivos. Los límites no existen. Las reglas tampoco. Bajo una situación caótica emerge un Estado en tanto sumatoria de las voluntades individuales donde el ACUERDO se traduce en renuncia clara al ejercicio de la fuerza para depositarlo en la persona del Leviatán. El Estado es la composición de pactos mutuos. De manera voluntaria los hombres se han puesto de acuerdo en que tanto los que han votado en pro como los que han votado en contra, autorizan las acciones del Gobierno soberano con el objeto de vivir apaciblemente entre sí y ser protegidos de otros. La convivencia pacífica es un derecho que, para que no resulte conculcado requiere del desarrollo y la consecución de políticas de Estado activas.

La omisión también conlleva responsabilidad estatal. Un Gobierno que no actúa imprime una clara dirección hacia la desidia. La sociedad puede leerlo como ausencia de compromiso toda vez que permanece en estado latente la búsqueda de resultados claros, o al menos, la solución a demandas concretas.

Expectativa implica esperanza como posibilidad razonable de que algo suceda. Las puertas de la espera se entre abrieron desde diciembre de 2015 hasta mediados de 2016… El estado anímico de la sociedad roza la delgada línea de la incertidumbre y el desasosiego.

El Leviatán tiene por delante un desafío doble: intra-gobierno e intra-societario. Puertas adentro del Ejecutivo todavía se respira concentración de poder. Los “cambios en el Gabinete” nunca llegaron. Saltaron muchos resortes de las sillas pero aún siguen ocupadas por las mismas personas. Indudablemente una de las características claras del buen líder es la capacidad de delegar en el otro, de visualizar fortalezas y promover el traspaso de competencias que no encuentren siempre a las mismas personas al mando. La concentración de poder es sinónimo  de inseguridad. Los pactos de confianza son más que necesarios a la hora de construir. Puertas adentro del Gobierno se sabe muy bien que aún existen las “figuras decorativas” con poco peso decisorio.

A nivel sociedad se observa desintegración interna toda vez que la regla de funcionamiento se enmarca bajo la figura del caos. Las pretensiones cruzadas y la ausencia de apertura anímica para escuchar al otro en parte es producto de exasperaciones constantes cuando las promesas políticas se encuentran vacías de contenido. La inmediatez no existe pero la necesidad es un hecho.

La pérdida de legitimidad entendida como creencia de validez implica trabajar en la construcción de un nuevo voto de confianza donde dejen de surfear las olas de la coyuntura traidores y traiciones. Se traiciona la palabra cuando el pacta sunt servanda se mutila. Cuando la palabra ya no tiene peso. Cuando se le quita el saludo al otro porque piensa distinto. Cuando Nación omite promover estrategias y diseñar políticas productivas eficaces con las Provincias.

¿Estamos en emergencia económica? ¿La salida es tomar deuda? ¿O pensar un escenario combinado con un fuerte componente de exportación productivo nacional?

En vez de bloques compartimentados hay que aspirar a fronteras porosas que hablen de cierta permeabilidad en los niveles de la comunicación eficaz.

Comunicarse. Escuchar. Construir en medio de las diferencias. Sumar, no restar. Multiplicar, no dividir. Colaborar, no especular. La ruptura del pacto social hobbesiano encuentra destellos tanto en la esfera política como en la social. Clivajes y fisuras han polarizado una elección que hoy no encuentra una sucesión clara ni dentro del oficialismo ni de la oposición.

Se sale del estado de naturaleza por el timor mortis. Hoy el timor mortis está dentro del pacto.

Ser o no ser. Acciones u omisiones. Diálogos sórdidos. Dejemos los antónimos. Trabajemos en las diferencias.

GRETEL LEDO
Analista Política. Magister en Relaciones Internacionales Europa – América Latina (Università di Bologna). Abogada, Politóloga y Socióloga (UBA).
Twitter: @GretelLedo | www.gretel-ledo.com


Comentarios

Lo más visto

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 4393

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: Ursula Ures | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Diario Perfil S.A.